16/4/12

"El teatro es una partitura a revisar cada noche"



Williem Dafoe (1955) llevaba años queriendo trabajar con Bob Wilson, director por el que siente una gran admiración. Ha sido ahora cuando se ha cumplido ese deseo, al confluir los astros —con la ayuda de Gerard Mortier— para que tenga lugar esta colaboración. El proyecto común no es otro que «Vida y muerte de Marina Abramovic», el estreno de la temporada para el coliseo madrileño, realizado en coproducción con el Festival de Manchester, que levantó el telón el pasado miércoles y que se podrá ver hasta el 22 de abril.
La presentación en Madrid ha sido recibida con división de opiniones, como suele suceder en los espectáculos que promueve el director belga, aunque el trabajo de Dafoe ha sido elogiado por unanimidad por público y crítica.
Con tres películas en la cartelera estadounidense, John Carter (la única que ha llegado a España)4:44. Último día en la tierra y The Hunter, y más de 70 en su haber, Dafoe no es nuevo en las tablas pues su bautismo interpretativo lo recibió en el teatro, a través de grupos experimentales como Theatre X, y algo más tarde Performance Group, en el que conoció a su primera mujer, Elizabeth LeCompte con la que fundó The Wooster Group.

Compartir el oxígeno

El actor estadounidense confiesa, en las notas al programa de Vida y muerte de Marina Abramovic, su atracción por «compartir el oxígeno con gente a la que admiro», algo que ha sucedido con este proyecto, en el que colabora con la performer Marina Abramovic y el cantante Antony, dos viejos conocidos.
En la obra, el protagonista de películas como Vivir y morir en Los Ángeles, Platoon, El paciente inglés, American Psycho y Anticristo, interpreta los papeles masculinos de la obra (el padre, las parejas sentimentales de la artista serbia, Ulay y Paolo Canevari...) y actúa también como una especie de maestro de ceremonias, con una caracterización que recuerda al Joker de la película «Batman», de Tim Burton. Un papel que Dafoe estuvo a punto de interpretar pero que finalmente le arrebató Jack Nicholson.
¿Cómo se sumó a Vida y muerte de Marina Abramovic?
Bob Wilson nunca me ha visto en una película pero sí en alguna obra de teatro, y al día siguiente de una actuación con el grupo Wooster me llamó para decirme que tenía algo para mí, porque yo le había dicho varias veces que quería trabajar con él.
Admirar a Wilson es una cosa, pero trabajar con él es otra. ¿Cómo ha sido la colaboración?
Me encanta trabajar con él, porque es muy preciso, desarrolla mucho su particular lenguaje teatral. Es un placer captar lo que él está viendo e intentar incorporarlo a la actuación.
Abramovic dice que es difícil. Que hay que tener mucha paciencia.
Ella es una performer y no está acostumbrada, pero un artista siempre necesita grandes dosis de paciencia (se ríe).
Usted narra algunos de los aspectos más dramáticos de la vida de Abramovic, ¿qué ha sentido al meterse tan directamente en la intimidad de la artista?
Conozco su trabajo bastante bien desde hace mucho tiempo y eso es algo que me animó a participar. Una de las cosas que la gente debería llevarse de este espectáculo es como Abramovic ha salido adelante con una mano de cartas que le ha dado la vida muy en desventaja. Ella ha logrado llegar a un punto muy elevado, y para lograrlo solo ha contado con ella misma y su trabajo.
Usted interpreta a varios personajes claves en la vida de la artista, ¿cómo ha resultado la experiencia?
Es difícil difinir lo que haces en un espectáculo artístico porque siempre está cambiando. No he pensado tanto sobre estos personajes. Yo creo que depende más del efecto que sobre cada persona del público pueden tener los diferentes aspectos de la obra, la música, la manera de representar cada momento y situación, la emoción...
¿Qué le ofrece el teatro que no le ofrece el cine?
He trabajado en el teatro durante treinta años, aunque mucha gente no lo sepa, pero gran parte de mi trayectoria la he pasado en él. El teatro me ofrece un mundo muy rico y la oportunidad de decidir libremente. Una gran parte del teatro es una partitura inanimada, que tu tienes que recrear noche tras noche de manera diferente. Algo que no puedes hacer en una película. En el cine, tu haces una escena un día y no tienes porque volver a verla nunca más. Sin embargo en el teatro vuelves una y otra vez sobre lo mismo. Es como la vida, que repites una y otra vez las cosas, y tu capacidad para mejorarla es la que al final te da la calidad de vida. La magia del teatro consiste en recrear y reanimar una historia, algo que como actor amo hacer.
¿Cuál es su relación con la ópera? ¿Es la primera vez que actúa en un teatro de estas características?
Sí, pero como actor, cuando actúo lo que me preocupa es mi trabajo ante el público y no pienso en el lugar donde lo hago. De todas maneras, el Teatro Real es un edificio muy bello.
El público de la ópera suele ser más conservador que el de otros teatros donde usted trabaja habitualmente...
Quizá. Deme una oportunidad para sorprenderme (bromea)
¿Cómo ha sido su trabajo con el cantante Antony?
Ya había trabajado con él. Juntos colaboramos en una pequeña película, Factory Animal (2000), que dirigió Steve Buscemi, y está basada en la novela The Animal Factory del escritor Edward Bunker. La historia se desarrolla en una presión. La primera vez que lo conocí quedé impresionado por su presencia y la calidad de su voz. Y empecé a seguirle. Me alegré cuando supe que iba a componer la música en este proyecto. Es una combinación maravillosa trabajar con Antony y Marina.
Vida y muerte de Marina Abramovic parece la reunión de un grupo de viejos amigos que hablan sobre la tragedia de la vida...
Un poco, un poco (se ríe). Todos nosotros tenemos trabajos muy diferentes y procedemos de lugares diferentes, pero en un momento dado todos confluimos en un punto determinado de la obra.
No sé si habitualmente canta, pero aquí interpreta una de las canciones. ¿Qué le perece la música?
Si a eso le llama cantar (se ríe). Son maravillosas. Amo la música de esta obra.
Fuente: Susana Gaviña (www.abc.es)

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