7/4/12

Veinte años siendo modernos



Su primera piedra ya fue premonitoria. En lugar de políticos metiendo el periódico del día en una urna, el comienzo de las obras del Teatro Central de Sevilla estuvo animado por un ballet de seis excavadoras comandadas por el actor Albert Vidal quien, en un buen golpe de efecto, llegó al solar de la isla de La Cartuja en helicóptero. Corría el año 1990, 20 de noviembre, y el proyecto del arquitecto Gerardo Ayala estaba destinado a convertirse en el "primer teatro total de nuevas tendencias de Europa", como lo define el estudio.
Tras dotarse de buenas vibraciones gracias a la intervención de Vidal en Canto telúrico a los cimientos del teatro, el espacio se inauguró el 18 de abril de 1992 con el estreno de La gallarda, un inédito poema dramático de Rafael Alberti. Veinte años después, el Central se prepara para celebrar que se ha mantenido fiel a sus principios y se ha convertido en referente de la escena más vanguardista nacional e internacional. El cumpleaños se alargará todo abril con una gran exposición sobre los 20 años del teatro y sus protagonistas y varios conciertos.
Manuel Llanes, al frente del proyecto desde su concepción, es el que ha hecho posible el milagro. Su trabajo ha colocado a Sevilla, que antes de la Exposición Universal de 1992 era puro barbecho en materia de cultura, en el mapa internacional de las artes escénicas.
Bob Wilson, Patrice Chéreau, Bill T. Jones, Steve Coleman, Hanna Schygulla, Diamanda Galás o Abbey Lincoln son algunos de los artistas que han pasado por este escenario ubicado al borde del río Guadalquivir y con un aforo de 450 personas. Las butacas pueden retirarse completamente cuando lo requiere la ocasión y entonces el aforo llega a 650 personas.
El Central se construyó gracias a un acuerdo entre la Sociedad EstatalExpo 92 y la Junta de Andalucía, según el cual seguiría funcionando después del evento. A pesar del convenio, la Consejería de Cultura no retomó el proyecto hasta 1995; mientras tanto el espacio sirvió de cajón de sastre: plató de televisión, lugar de ensayo de compañías…
Pasados los grandes fastos de la Expo, el Teatro Central, gestionado por la Consejería de Cultura, se reabrió el 11 de octubre de 1995 conEn la soledad de los campos de algodón, dirigida por Patrice Chéreau. En estos 17 años ha ofrecido 2.048 representaciones a las que han asistido 524.850 espectadores —cifras recogidas hasta febrero de 2012—. La media de espectadores por temporada ha sido de 32.000 y el índice de ocupación del 74%.
"El Central se planteó como un edificio para la nueva creación, algo que en esos momentos suponía hacer una política a largo plazo, sin complejos. Se trataba de ofrecer las últimas tendencias escénicas al público, crear un espectador mucho más informado y trabajar para aumentar su imaginario creativo", apunta el granadino Manuel Llanes, director artístico de los Espacios Escénicos de la Consejería de Cultura; lo que quiere decir que, además del Central, se encarga de los teatros Cánovas, en Málaga, y Alhambra, en Granada.
"El Teatro Central fue una ventana por la que entró aire fresco a Sevilla, un aire que enriqueció con nueva información el gran bagaje cultural de tradiciones que tiene la ciudad", añade el director quien, con una programación arriesgada de teatro, danza y música, ha conseguido fidelizar al público.
Compañías como La, La, La Human Steps (Canadá), Berliner Ensemble (Alemania), Needcompany (Bélgica), Handspring Puppet Company (Sudáfrica), Schaubühne (Alemania) o el famoso montaje Las lamentaciones de Jeremías, del director ruso Anatoli Vassiliev, han dejado huella no solamente en el público, sino también en los creadores andaluces. "El Central no es solo un punto de exhibición, sino que también se ha convertido en un punto de encuentro entre artistas y espectadores, como casi siempre ocurre de modo informal en el bar, y entre esos artistas y los creadores andaluces. Gracias a esos intercambios han crecido y se han lanzado a la escena nacional Guillermo Weickert, Juan Luis Matilla o Histrión Teatro", apunta Llanes.
La versatilidad de sus salas le ha permitido asumir desafíos únicos como la representación en un solo día de la trilogía de danza contemporánea de los belgas de Peeping TomEl jardín, El salón y El sótano. Las tres obras se exhibieron dividiendo la Sala A en dos espacios y montando la complicada escenografía del tercero en la Sala B. El público fue moviéndose por el teatro, boquiabierto ante la resistencia de los bailarines que, básicamente, eran los mismos en las tres piezas. Una proeza que Peeping Tom no ha vuelto a repetir.
El Central acogió también, con la misma fórmula, la trilogía del dramaturgo y director madrileño Alfredo SanzolRisas y destrucción, Si, pero no lo soy y Días estupendos. Otra de sus apuestas en exclusiva fue la de programar dos espectáculos de la compañía jerezana La ZarandaVinagre de Jerez y Cuando la vida eterna se acabe.
El reto al que se enfrenta ahora el Central, en el que trabajan 41 personas entre administración, técnicos y mantenimiento, es mantener el tipo con una caída del 49% de su presupuesto entre 2008 y 2012. Los teatros Central, Alhambra y Cánovas, que se gestionan de forma conjunta, han pasado de tener 3.264.000 euros en 2008 a 1.663.000 euros en 2012. Una cantidad que, según Manuel Llanes, es "el límite por debajo del cual sería difícil mantener la exigencia de calidad a la que hemos acostumbrado a nuestros espectadores".
Sin embargo, a pesar de las estrecheces económicas, el futuro de este espacio pasa, en opinión de Llanes, por "hacer coproducciones internacionales que catapulten definitivamente a nuestros creadores".
Fuente: Margot Molina (www.elpais.com)

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