3/5/12

El alma universal de 'Tío Vania'




Regresar al Círculo de Bellas Artes con Tío Vania doce años después de haber estrenado aquí Galileo, es algo “muy especial” para Santiago Sánchez, director de la compañía L’Om Imprebís, que próximamente cumplirá tres décadas. Para él, “no es casualidad, y menos en la coyuntura actual”, que cinco actores que estuvieron entonces en la sala Fernando de Rojas interpretando a Bertolt Brecht estén ahora dando vida al profesor Serebriakov (Vicente Cuesta), el Doctor Astrov (Carlos Montoliu), Vania (Sandro Cordero) Sonia (Xus Romero) y Marina (Paca Ojea).

“En estos años hemos montado juntos un Calígula, un Quijote, un Monty Python, un Galileo, puede decirse que hasta ahora hemos hecho más o menos lo que queríamos… vamos a ver hasta cuando”, bromea Sánchez antes del comienzo de las representaciones (a partir del 3 de mayo hasta el próximo 27, de jueves a domingo, con función doble los sábados) durante un encuentro con periodistas.

Al director de L’Om Imprebís no se le ha borrado la impresión de aquellas funciones del año 2000. “Creíamos que no iba a venir nadie, y todos los días colgamos el cartel de no hay localidades”, dice, todavía incrédulo. Hoy los miedos y el vértigo en vísperas del estreno son similares, más cuando llegan al Círculo sin “ninguna clase de subvención ni respaldo”, aunque le tranquiliza algo el éxito que ha cosechado la obra en los últimos meses, cuando se ha presentado en varias ciudades españolas.
Junto a los mencionados antes, completan el reparto de este Tío Vania la actriz Rosana Pastor (ganadora de un Premio Goya porTierra y Libertad, de Ken Loach, que hace el papel de Elena), Carles Castillo (Teleguin) y Carmen Arévalo (María Vassilevna), que presentaron en enero en los Teatros del Canalesta historia de frustraciones y aspiraciones sin cumplir, de amores y sueños derrotados por la rutina y la inercia.
Según Sánchez, una de las características de esta puesta en escena es que ha tratado huir de la “solemnidad” y “grandilocuencia” en la atmósfera y las interpretaciones, acercando el alma rusa al contexto actual y haciendo que la obra de Chéjov cobre vigencia. A su juicio, el montaje es fiel al “espíritu” de Chéjov y a la vez que respeta cada coma del texto, habla de contradicciones que están presentes en la vida cotidiana y “nos afectan a todos”.
¿Reaccionar o resignarse? ¿Afrontar la realidad o evadirse soñando con otra formas de vivir? El dilema de los personajes creados por Chéjov en aquella historia inmortal que transcurre en una casa de campo rusa a finales del siglo XIX, es en realidad -cree el director- el mismo al que nos enfrentamos hoy.
Fuente: Mauricio Vicent (www.elpais.com)

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