14/6/12

El cariño también se aprende en clase

La actual función en cartel en el madrileño teatro Amaya es, de acuerdo con sus protagonistas, una obra seriamente divertida. En todos los sentidos. “Es una comedia romántica desternillante y con muchísima ternura”, subraya Jesús Bonilla. Y por detrás de las risas, plantea un grave problema: el de la Educación en España. “Los sistemas educativos van cambiando sin alcanzar un consenso, a lo que se suma la imposibilidad de los padres de pasar tiempo con sus hijos, que se crían con una ausencia de límites”, añade Ana Ruiz. Ambos actores, los únicos que se suben al escenario en la hora y media que dura la representación, cocinan mano a mano, hasta el 12 de agosto, Historia de 2. “Un homenaje al profesorado anónimo que se deja la piel y que hoy en día no tiene ningún reconocimiento”, agrega Eduardo Galán, el autor.

Las tres patas que sostienen la representación se reúnen un par de días antes del estreno en un céntrico hotel madrileño para charlar, pletóricos, sobre la obra, que ya lleva varios meses girando por varias provincias españolas. “Yo no quiero hacer un vodevil, es por eso por lo que hago esta función”, señala Bonilla, que llevaba 19 años sin subirse a las tablas. “He recibido otras ofertas, pero he escogido hacer esta porque coincide con mi visión del teatro, que es que este es un revulsivo, un espejo de la sociedad”. Como garantía de que la obra aborda el tema de la Educación con conocimiento de causa, Galán, al autor, subraya que él fue profesor de instituto, aunque ahora ya no ejerce. “Pero la obra no es un ensayo”, matiza Bonilla, “sino que también trata sobre las relaciones humanas entre dos personas muy diferentes, una madre muy joven y de escasa cultura y un profesor viudo a punto de coger la jubilación anticipada, Lola y Ortiz. Primero surge la amistad, y después el amor”.

Enteramente desarrollada dentro de un aula, la obra abarca seis meses de tutorías durante los que los protagonistas intentan enmendar los fallos que han hecho caer al hijo adolescente de ella en el fracaso escolar. Y en ese tiempo, ambos viven una transformación interior por su mutua influencia. “Aunque solo somos dos actores sobre el escenario, tengo la sensación de que somos más”, dice Bonilla. “Hay algo mágico en este castin, es lo mejor de la función”, interviene Galán, a lo que siguen las ruborizadas negaciones por modestia de los actores. Dentro de la historia, para la madre, el tiempo que pasa junto al veterano docente también se multiplica en calidad, ayudándola a crecer interiormente. “Tiene algo del personaje de Pigmalión, que evoluciona a base de fuerza de voluntad”, dice el autor. “Hay amor, humor y paciencia”, resume Bonilla. “Hay una relación personal que es más importante que la relación institucional, y gracias a eso los personajes pueden solucionar sus problemas”.

De su vuelta al teatro después de un lapso de casi dos décadas dedicado al cine y la televisión –el año pasado rodó como actor, director y guionista el filme La daga de Rasputín, y antes había protagonizado series como Los Serrano o 7 vidas-, Bonilla se muestra entusiasmado de haber retomado el contacto cara a cara con el público. “Esta experiencia no se ve siempre: en esta obra la gente sale feliz, nos hacen salir a saludar hasta cuatro y cinco veces, y algunos incluso nos esperan en la puerta para pedirnos autógrafos”. Para Ruiz, más acostumbrada a los avatares de las giras –también ha hecho televisión, lo último Aída- el mayor trance es tener que poner orden entre la troupe, constantemente en la carretera. "Soy muy cabezón, tengo muy mal carácter, y ella me tiene que aguantar", dice el actor en tono de disculpa. “Viajamos cuatro, pero es como si fuéramos diez”, sentencia ella con una sonrisa.

Después de haber cosechado el éxito, según aseguran, en todas las ciudades y pueblos por los que han pasado desde que la pieza se estrenara el pasado enero en Albacete, actores y autor mantienen la expectativa también para Madrid, donde tienen que vérselas con una competencia más abultada. “El que viene, recomienda la función”, se jactan. Para atraer a estudiantes y profesores -las verdaderas estrellas del espectáculo-, todos los jueves les ofrecen las entradas bien al 50 por ciento o bien dos por una. "Ellos ven su mundo reflejado en Historia de 2", sostiene Galán.

Entre 2010 y 2011, la obra ya pasó por Portugal y Puerto Rico. “Donde más me ha emocionado la representación es aquí”, asevera el dramaturgo, que también produce la función. Ante todo, coinciden, eso es lo que buscan: provocar sentimientos con los que es fácil identificarse, y a la vez despertar conciencias sobre un problema a través de la particular magia del teatro. “Un país que no apuesta por la Educación y la Cultura tiende al fracaso. Vivimos un momento en el que parece que eso es lo menos importante, y nos distraen con otros cosas, como el fútbol o el tenis”, concluye Ruiz, a la que toma el relevo Bonilla: “Dicen que durante la Guerra Civil los teatros estaban llenos, porque la gente iba allí como un terapia. Ahora la gente se decanta por funciones que les transmiten algo, y creo que la crisis va a venir bien para que haya una criba”.

Fuente: Sílvia Hernando (www.elpais.com)

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