14/6/12

"El teatro está volviendo al ñaque"

Hacía tiempo que Chete Lera quería representar sobre un escenario El coloquio de los perros, una de los textos de Cervantes más llevados al teatro. Tanto quería, que él mismo forma parte de la producción del montaje que los días 15 y 16 de junio se presenta en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares como estreno absoluto. Será como si los pobres Berganza y Cipión volvieran a su patria chica, pero lo harán de forma insólita. Al comienzo de esta representación dirigida por Emilio del Valle, dos actores, interpretados por Lera y Chema de Miguel, aparecen en un camerino antes de interpretar El casamiento engañoso. De pronto, olisquean, se rascan... Se apaga la luz, se esfuma el camerino y ahí están los dos convertidos en perros, haciéndole un traje a la sociedad del momento que bien le valdría a la de ahora. "Mezclamos el lenguaje de Cervantes con el del siglo XXI, vamos y volvemos, entramos y salimos de los personajes y el resultado es un montaje muy divertido", promete el actor.

Nunca se había enfrentado al Coloquio de los perros. ¿Tenía ya ganas de ladrar?
Muchas, de hecho, formo parte de esta producción. Queríamos partir de un texto de Cervantes asequible para dos actores de determinada edad como somos Chema de Miguel y yo y que sirviera para sobrellevar este mal momento que vivimos todos los europeos y la cultura también. Representarlo en el pueblo en el que nació este gran hombre español que fue Cervantes es una maravilla. 

Es una novela que se ha llevado muchas veces al teatro pero su versión promete cambios inesperados.
Sí, hemos hecho una versión muy divertida porque entramos y salimos del personaje. En principio somos de teatro que vamos a representar otra obra y discutimos en los camerinos, pero de pronto algo sucede y nos encontramos en el escenario representando el coloquio de los perros. Mezclamos el lenguaje de Cervantes, que lo hemos respetado, con el del siglo XXI. 

¿Cómo han resuelto la transformación de actor a perro?
El casamiento es la excusa, los actores a los que interpretamos van a versionarla y empiezan a notar algo. No es que haya un ejercicio físico, no es que nos pongamos de pronto a cuatro patas ni nada, aunque de vez en cuando ladramos, nos enfadamos y gruñimos. De pronto uno dice cosas como "por qué se rasca usted tanto" y, en ese ínterin, llaman a la función y ahí resulta que están los perros, nosotros dos con unos gorros de perritos, muy divertido. 

En la novela Cipión hablaba y Berganza, que es su personaje, escuchaba. ¿Han cambiado esta dinámica?
Sí, lo hemos repartido para que ambos pudiéramos respirar, está contado con mucho ritmo y es un montaje sencillo que depende de los actores. Si lo hacemos bien, a la gente le gustará. Y eso espero. 

Los clásicos son clásicos porque tienen vigencia, pero este texto, con su estudio de la picaresca y la necesidad de supervivencia como máxima está sobrado de ella. 
Sí, tiene mucha actualidad, en esa época había recortes y crisis, todo el coloquio es una disculpa de Cervantes para elaborar una ácida crítica de su sociedad. En el texto hay de todo, mucha taimería putesca, que diría Cervantes. Francamente creo que tenemos una comedia un poco disparatada pero en el mejor sentido de la palabra disparate. Es una propuesta lúdica, cercana a la improvisación pero muy bien atada. Tenemos la certeza de que va a gustar bastante por lo que tengo de olfato y de experiencia.

¿No acudieron a versiones anteriores?
No, he procurado no verlas porque no quería que me influyeran ni a favor ni en contra. 

Recurrir a los clásicos es para el verano, aunque, de un tiempo a esta parte, es un recurso para cualquier época del año, ¿A qué lo atribuye? ¿Lo asocia al temor ante propuestas más arriesgadas?
Es cierto que en esta crisis estamos volviendo a aquel viejo ñaque, a la compañía de dos actores que te permite trabajar y ganar algo. Pero a mí hacer esta obra me apetecía desde hacía ya dos años y este me pareció el mejor momento. 

En 2009, cuando la crisis era pequeña, usted admitió que era el mejor momento para el teatro, que había público para todo tipo de propuestas. ¿Lo mantiene?
Hombre, se está notando. En 2009 no nos creíamos que la crisis iba a ser tan flagrante y hoy ya hay gente que no tiene para comer. Sin embargo, sigue habiendo mucha más afluencia de público en el teatro que en el cine, por la ventaja de que no se puede copiar. El teatro tiene esa cosa religiosa de asistir a una ceremonia en la que unos señores de carne y hueso te cuentan una historia. En ese sentido, soy optimista, aunque consciente de que la situación está delicadísima y de que hay recortes en todas partes. P.- Sí, en gobiernos regionales, ayuntamientos... hay recortes, deudas y compañías cabreadas porque nos les pagan lo suyo.
A mí también me deben bolos, pero hay que seguir. ¿Dónde me iba a reciclar yo? ¿Poniendo copas? ¿Escribiendo poemas? Lo que espero es que se vea que un país sin cultura es un país condenado al fracaso. 

No, no cambie de oficio, cuénteme dónde le veremos ejerciendo próximamente.
Con El coloquio vamos a estar en Cáceres, Almagro y trataremos de moverla por toda España y, aunque sea baratito, espero que generemos trabajo y podamos pagar a los trabajadores, porque los de este oficio tenemos que cobrar algo, tampoco vamos a hacerlo gratis. Tengo un par de cosas pendientes, a lo mejor me meto en una función de teatro contemporáneo pero prefiero 'no meneallo', ya sabes que los gallegos somos supersticiosos. Y ahí vamos, mientras haya trabajo... y si no lo hay, nos lo inventamos. 

Fuente: Marta Caballero (www.elcultural.es)

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