3/8/12

El Festival de Ópera de Munich, un clásico de hoy



Fuente: Alberto González Lafuente (www.abc.es)
Tiene el Festival de Ópera de Múnich habilidad para reunir mucho de lo mejor que por el mundo hay. Tras casi un mes de actividad hace ahora balance de la última edición diseñada a partir de la nueva producción de la Tetralogía wagneriana a cargo de Andreas Kriegenburg y dirigida por el director musical del teatro, Kent Nagano, que ya se ha bautizado como un "Ring para tiempos de austeridad".
Suena extraña la expresión en un lugar que no ajusta ni el fondo ni la forma. También se estrenaron Turandot y Los cuentos de Hoffmann con Richard Jones y La Fura dels Baus/Carlus Padrissa respectivamente, al lado de una relación de títulos e intérpretes que van desde "Wozzeck" a "La traviata", desde Angela Gheorghiu y Joseph Calleja, a Bryn Terfel y Anja Harteros. La conjunción de voces es formidable y convierte en incontestable a un festival que suma aciertos a la historia.

El «Rosenkavalier» de Kleiber

Es el caso de la veterana producción de la straussiana Der Rosenkavalier que Otto Schenck y Jürgen Rose prepararon para Carlos Kleiber hace exactamente cuarenta años: un ejemplo que ha vencido a la edad sin perder un ápice de inteligencia en el planteamiento. Se explica así que, siendo bien conocida, siga sorprendiendo a un público que la aplaude entusiasmado al levantarse el telón en el segundo acto, o que se emociona ante mil detalles narrados con tanta amabilidad como finura teatral, en la acción protagonista y en lo accesorio.
Tras varias representaciones, ha clausurado el festival apoyada en un reparto digno del objeto: Renée Fleming, Sophie Koch y Camila Tilling son herederas de Watson, Jones, Fassbaender, Von Otter, Popp o Booney. Grandes cantantes, estupendas actrices, humanas en el gesto... y falibles hasta el punto de que Koch quedó sin voz en el tercer acto y hubo de hacer el pez sobre el escenario mientras en un extremo del proscenio cantaba Heike Grötzinger, antes Annina La profesionalidad de ésta, unida a la fina caracterización que Franz Hawlata hace del Barón Ochs o la enjundia musical que imprime el maestro Constantin Trinks, fue suficiente para añadir otro éxito a una producción de récord.

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