24/9/12

Lyon en danza



Fuente: Julia Martín (elmundo.es)
La danza ya no cuenta cuentos ni litigios literarios, habla de lo que preocupa o es denunciable, o evade de la realidad.
Si Maguy Marín elige el teatro de imagen para contar su historia y lo hace desde un vacío y negro escenario que encierra y potencia las figuras, Rachid Ouramdane elige escenificar la inmensidad. La imagen pictórica y el texto se mezcla para mostrar circunstancias de los 'refugiados climáticos' o 'eco refugiados'. Los testimonios reales y el canto atragantado de una mujer que en principio sale girando como a merced de un huracán, son los elementos de mayor carga emocional de una pieza que quiere ser contemplada, inclinándose por el lado 'estético'. Su bellísima puesta en escena mantiene la atención todo el rato sobre el paisaje de nubarrones cambiantes y lluvia torrencial (gracias a un magnífico trabajo de luz), viéndose a los intérpretes como parte de ese paisaje sobrecogedor. Como objeción, que la crudeza del tema chocaba con esa búsqueda del efecto y se echó de menos la expectativa abierta en su principio por los turbulentos 'devoulés' de una chica arrastrada y vapuleada como un papel.
El israelí Yuval Pick, que sucede a Marin en el Centro Coreográfico de Rilieux La Pape después de 12 años instalada allí, entonó en 'Folks' un canto a las bondades del baile tradicional como factor de conexión del individuo y el grupo y sorprendió su simplicidad. En una escena limpia y con trajes de calle, la danza nace como en una plaza. Sus repeticiones de pasos y la forma natural del movimiento, creando juegos enlazados que provocan una felicidad compartida, parecen más un ejercicio de escuela que no un espectáculo de una hora, interminable mientras firman la obviedad del mensaje con una escena invadida de plantas.

Bajo los adoquines...

Eso sin dejar de mirar las actividades para atrapar al lyonés: la imponente plaza Terreaux, que fue testigo de tantas cabezas cortadas por la Revolución Francesa, mira ahora a medio centenar de jóvenes aprender hip hop, y los dos ríos que nutren la ciudad son cruzados por una oleada de música y de color en el institucional desfile en el que este año han participado 4.000 aficionados. Grupos de 'break dance' ensayan libremente sus giros sobre la cabeza compartiendo espacio con el público que entra a la Ópera.
Ese gran edificio barroco, rehabilitado como espacio contemporáneo, ha sido este año un protagonista como tal, gracias a la creación de Julie Desprairies, 'Ópera en la Ópera', un proyecto teatral montado sobre su arquitectura, su historia y sus trabajadores, en el que intervienen 190 personas entre bandas de músicos, coros, escuelas de música y danza, y personal del teatro, y que se resuelve en un viaje mágico gracias a su claridad formal y conceptual.
La presencia de Israel Galván con 'La curva' ha supuesto uno de los éxitos claros de esta XVª edición. El bailaor sevillano, adjetivado por la crítica como el 'Nijinsky del flamenco' y como "sublime (des)compositor", salió a saludar media docena de veces, todo un récord para este público habitualmente moderado.
Mientras que Lyon incita al acercamiento a la danza, por ejemplo con el concurso de fotos de saltos (para el que sólo hay que atreverse a ello y mandar la instantánea), o invitando a asistir a encuentros y sesiones de cine en el precioso edificio de la Bolsa, los teatros echan humo y atraen públicos de corbata y cava y también de barrios conflictivos. Por ejemplo en el teatro de Vénissieux más de dos centenares de niños vieron 'La confidencia de los pájaros', una pieza con años de bagaje en la que intervienen los bailarines se mueven en armonía total con cotorras, cuervos y otras especies que sobrevuelan la sala y se posan en los cuerpos en movimiento.
Se han visto espectáculos de coreógrafos reconocidos como Jean Fabre, Ushio Amagatsu y Philippe Découflé, junto a artistas de Bali y producciones francesas de creadores africanos y asiáticos en una bienal profundamente aglutinadora y deseosa de mostrar lo nuevo. Cerrará el día 30 de septiembre con 'Je me souviens (Oroteitzen naiz)', un trabajo desobre la identidad y la memoria colectiva del País Vasco, protagonizado por tres bailarines tradicionales, con más de 60 años.

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