17/10/12

Reírse del hombre triste

Fuente: Sílvia Hernando (elpais.com)

Si alguna vez ha tenido la impresión, o la intuición, de que entre usted y la vida se levanta un muro de cristal que deforma la realidad y la separa de sus experiencias, probablemente esté en sintonía con la obra de Tom Sharpe. Si, además, es capaz de tomarse los errores del sistema con humor, aplicado por encima de todo y de todos a uno mismo, entonces Wilt, la novela que el británico publicó en 1976 y que desde aquel entonces ha vendido 10 millones de copias y se ha traducido a 22 idiomas —sobreviviendo a las décadas tan fresca como el primer día—, sea seguramente una obligada lectura. Tras haber cobrado vida también en el cine, Henry Wilt, prototipo del pobre hombre, paradigma del quiero y no puedo, y que en la gran pantalla adquirió presencia en el cuerpo de Griff Rhys Jones (la película es de 1989), se sube ahora a las tablas de la mano de Fernando Guillén Cuervo. La obra Wilt. El crimen de la muñeca hinchable, que arrancó en septiembre en Bilbao y ha pasado por Palma de Mallorca, Alicante y Sevilla, donde todo han sido éxitos, según cuentan los protagonistas, llega a Madrid este jueves 18, donde se mantendrá en cartel hasta el 6 de enero en el Teatro Bellas Artes.
Habitante de una dimensión paralela a la de Wilt, al menos en el plano mental y sentimental, su mujer, Eva, que interpreta Ana Milán, se encarga de cercenar con su lengua afilada todo amago de sueño que —quizá solo por casualidad— pudiera pasarle por la cabeza al muy falto de iniciativa profesor. “Aunque si estuvieras casada con Wilt verías que ella en realidad es estupenda”, dice en tono de risa la actriz. Atrapado en un trabajo sin salida como suplente de literatura en una escuela politécnica, el ciudadano gris se las ve de todos los colores para salir airoso de un monumental enredo que se forma tras un (probablemente) inocente ensayo de asesinato. “En la novela mi personaje es muy ácido, muy cáustico”, puntualiza Guillén Cuervo, que llevaba 17 años sin hacer teatro, y que asegura haber vuelto solo por el texto, “pero yo me lo he llevado a un terreno más entrañable”. Harto de su media naranja, acaba enterrando bajo 20 toneladas de hormigón una muñeca hinchable —que da su juego durante la función—, y que es confundida por un cuerpo real por el demasiado suspicaz (¿o demasiado inocente?) departamento de policía, liderado por el Inspector Flint, un personaje que representa Ángel de Andrés.
Condensado en “una hora y media de risas”, como señala Aitziber Garmendia, que junto a Koldo Losada completa el reparto, el montaje se caracteriza por un notable ritmo en el paso entre escenas y entre pasado y presente —se dan muchas e ingeniosas digresiones espaciales y temporales—, a las que ayudan unas pantallas que, permanentemente en cambio, hacen las veces de decorado. La adaptación del texto británico, llevada a cabo por José Antonio Vitoria y Garbi Losada, esta última la directora, también ha conllevado una traducción del ácido humor de las islas a otro de carácter más español. “La risa más honda es la que te da cuando te ríes de lo que conoces”, aduce Milán, en contradicción con un mordaz De Andrés, muy metido en su papel: “Nosotros somos actores muy británicos, así que no españolizamos nada”.
Esta versión, producida por Carlos Sobera, Jorge Sánchez Gallo y José Antonio Vitoria, ha sido la primera del mundo en contar con la aquiescencia de Sharpe, a quien el equipo de la obra visitó durante un día en su hogar gerundense. “Nos escribió una carta dándonos su beneplácito”, cuenta orgulloso el protagonista. Por detrás de la carcajada, emblema de la escritura del británico, la obra esconde una crítica de una sociedad que parece no haber aprendido demasiado desde que el texto original se publicara en los setenta. “La decadencia que Sharpe apuntaba sigue vigente: habla de temas como la necesidad de criminalizar, los chivos expiatorios, la obsesión por buscar culpables, los malos estudiantes… todas cuestiones que ahora mismo están en su cénit”, explica Guillén Cuervo, que compagina su regreso a los escenarios con la preparación del guion de una película. “Claro que está de actualidad”, zanja Milán, “y dentro de cincuenta años se hará Wilt y una periodista preguntará que si está de actualidad, y la respuesta seguirá siendo que sí”.

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