15/11/12

La felicidad de los pirómanos


Fuente: Javier Vallejo (elpais.com)

En la azotea del Círculo de Bellas Artes soplan los cuatro vientos, pero dentro de la yurta que ha instalado allí la compañía finlandesa Quo Vadis hay calor humano y un ambiente acogedor. En Burning, burning, el espectáculo que se representa, Otso Kautto, su coautor y director, habla de la combustión como metáfora: el amor quema, la vida se consume, el fuego renueva. Una tormenta eléctrica sobre el cráter incandescente del Stromboli inspiró a Kautto, durante su viaje a la isla volcánica. La yurta mongola, construida por el poeta carpintero Markku Hoikkala, parece un volcán a escala, con su abertura circular central en lo alto; y el coro de actores, un magma del que los protagonistas salen para volver a fundirse en él.

En Quo Vadis confluyen el gusto por la palabra poética, la música pop en vivo, el acento físico de la interpretación, la voluntad plástica de la puesta en escena y la vocación itinerante, que hacen de esta tribu una bisnieta experimental y en formato de bolsillo del Théatre National Ambulantde Firmin Gémier y de los teatros de carpa del siglo pasado. DesdeHuellas, su magnífica función anterior, al elenco finlandés se ha sumado un grupo de jóvenes actores españoles. En Huellas, de cada personaje, interpretado por dos actores simultáneamente, recibíamos una visión plural y bilingüe: uno simbolizaba su voz; el otro, su discurso interior. Aquello fue un hallazgo sobre el que Kautto no ha querido volver, de momento: en la versión en español de Burning, burning, los actores fineses pasan a interpretar la música y los efectos sonoros en un discreto segundo plano.
En la yurta, excepcional micro teatro de ocho metros de diámetro, no hay fronteras entre la escena y las circenses graditas semicirculares, el intercambio energético entre público y actores jamás se interrumpe y se produce un efecto lupa. Todos estamos a la vista de todos, cuanto sucede nos atañe, nada nos distrae, no hay evasión posible: 13 intérpretes, 45 espectadores, un técnico de sonido y el director integramos durante cerca de dos horas un agradable ecosistema cerrado donde se cuecen a fuego lento reflexiones personales, relatos corales y diálogos poéticos.
En Burning, burning el amor es ora hogar encendido, ora fulminante fumarola. Su director traduce en imágenes, alguna de las cuales de gran capacidad de sugestión, el texto escrito por él mismo, por Hoikkala y por Marko Järvikallas. Especialmente afortunadas son la escena donde la madre enseña a su hija a prender la pasión con palabras pequeñas y ligeras, antes de añadir palabras mayores como “sentido de la vida” o “alteridad”; la evocación de la mujer que un día fue ballena herida por un arpón, el anhelante beso con boca de pez que Rebeca Vecino y Petri Salonen intentan darse sin conseguirlo y el ingenuoracconto del pirómano alegre, escenificado como sucesión de viñetas. La versión castellana del texto necesita un buen pulido.

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