21/11/12

Mario Gas: "El IVA por las nubes es un atraco a mano armada"


Fuente: Javier López Rejas (elcultural.es)

Si hay alguien que haya sido inoculado con el veneno del teatro, ése es Mario Gas (Montevideo, 1947), que lo tiene incorporado a su genética. Ahora sube a los escenarios uno de los textos más sugerentes de Rodolf Sirera, Premio Nacional de Teatro 1997, para intentar desentrañar el tipo de materia con la que está amasado un oficio que se pregunta una y otra vez cómo se puede subir al escenario lo que nunca se ha experimentado, o sobre la identidad de una experiencia en la que se conjugan arte, técnica y realidad. Gas lleva El veneno del teatro a los Teatros del Canal, todavía con la resaca de su etapa al frente del Teatro Español de Madrid, de la mano de dos grandes de la interpretación: Miguel Ángel Solá y Daniel Freire. 

¿Qué se siente al estar alejado de la primera línea del teatro institucional?
En la vida hay etapas. El teatro es mi manera de respirar y manifestarme ante la vida. Y de comunicarme con los demás. A veces me rozo con las instituciones y a veces no. No se siente nada. Sigo con mi camino, en el que siempre he intentado satisfacer mi vocación y estar al servicio de los demás creyendo que el arte es algo comprometido con la realidad.

¿Por qué eligió El veneno del teatro?
Es una propuesta de Concha Busto y Jorge Culla. Ya conocía el texto y pienso que es una pequeña joya de la literatura dramática, española y contemporánea. Me pareció un proyecto adecuado tras una época muy compacta en el Teatro Español: gracias a él he podido encerrarme con dos actores de la talla de Miguel Ángel Solá y Daniel Freire. 

¿Ha buscado lanzar un mensaje concreto en torno al teatro?
Creo que cuando una obra tiene un único o último mensaje es que es débil. Las obras tienen que ser polimorfas, que se puedan leer de diversas maneras. Y un director tiene que estar atento para conducir una línea principal, pero sin que ésta tapone las distintas direcciones que hay en todo texto rico. Y El veneno del teatro, pese a su brevedad y a su aparente fragilidad, es muy interesante. Yo diría que está entre la dominación y la sumisión, entre el verdugo que busca a su víctima y la víctima que va tras su verdugo. Podría leerse como una especulación sobre la realidad o la ficción, o la posible verosimilitud de los sentimientos en el teatro. La obra está compuesta de muchas cosas, también del thriller.

¿Es la intriga un recurso necesario?
Bueno, no deja de ser una manera de abordar el texto. 

¿Qué diferencias existen entre este texto y el original?
Mínimas. Aquellas cosas que en los ensayos hemos pensado que había que cortar o que añadir. Esto que hacemos es muy, muy fiel al original. El texto siempre es una partitura emocional e intelectual, y la puesta en escena intenta resaltar aquellos aspectos que no entendemos para clarificarlos y lanzarlos al espectador.

¿Qué aportan Solá y Freire?
Son dos actores excelentes, de solvencia de sobra conocida por el público español y argentino. Y, qué duda cabe, El veneno del teatro es un texto en el que el epicentro está en todo aquello que se desprende de la relación de los dos intérpretes. Son dos piezas fundamentales. 

¿Considera la obra una reflexión nueva sobre la vida proyectada en el teatro?
Habría que decir que toda buena obra de teatro o de literatura es una vivencia o reflexión sobre la vida. Y en este caso, por qué no, también. Sobre el arte y el teatro, sobre las personas, las conductas, las clases sociales.

¿Cuál es en su opinión el auténtico veneno del teatro en nuestros días?
Todos aquellos que envenenan el arte son el veneno malo. El veneno bueno es aquél que tiene el público al que le gusta el teatro, y el actor o profesional que se dedica al teatro por vocación y lo entiende como un modo de vida. Como algo lógico, honesto y coherente, que sabe que es un trabajo colectivo y que está en perpetuo contacto con la vida y la sociedad. El veneno malo lo componen todos aquellos que especulan con él, que lo malversan, que lo hunden y que hablan mal de los cómicos comprometidos.

¿Cómo se puede seguir haciendo teatro con el IVA por las nubes?
Creo que el IVA por las nubes es un atraco a mano armada. No es nuevo. Lo llevo diciendo desde hace mucho tiempo. Y conmigo, o yo con ellos, todo el colectivo teatral. Algo habrá que hacer con esto. Como con tantas otras cosas. También estamos con unas reducciones de la educación, de la sanidad, con una eliminación de la clase media, con una reforma laboral que, por mucho que se obstine la derecha en decir que es un tópico, lo pagan los más desfavorecidos. Es la pura realidad. Cada vez élites más pequeñas mandan más y tienen más dinero. Y encima los empresarios dicen que ellos también padecen, pero no hacen huelga. Es como una comedia de Billy Wilder.

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