20/12/12

Cómo sobrevivir sin programar una y otra vez ‘La Bohème’



Fuente: Daniel Verdú (elpais.com)
Pese al amargo llanto, lo perdido en esta crisis ya no volverá. Como en otros sectores, los ingresos tradicionales que han abandonado a los teatros de ópera en Europa, y particularmente en España, tampoco regresarán. Los recortes alcanzan en algunos casos el 50%, y la subida del IVA del 8% al 21% ha sido la puntilla. Por eso, ayer en Madrid se reunieron los gerentes de los principales teatros españoles (Liceo, Teatro Real, La Maestranza, Campoamor de Oviedo...) que agrupa la asociación Ópera XXI para buscar soluciones. La conclusión, además de pedir al Gobierno una bajada del IVA hasta un 10% y una Ley de mecenazgo capaz de captar financiación privada, es que la proporción en la que se reparten sus ingresos debe modificarse con urgencia. La crisis también amenaza a modelos como el alemán, entregado a la subvención pública y a la excelencia artística. Entre tanto, todos miran ahora hacia EE UU, pero ¿es ese el espejo cultural en que quiere mirarse Europa?
En 2009 hubo en España 1.720 representaciones de zarzuela y ópera, con un total de 1.203.669 espectadores (el 50% entre Barcelona y Madrid). Pero eso no es suficiente, porque la taquilla representa alrededor del 30% de los ingresos, un porcentaje 10 puntos de media más elevado que en Europa en general y Alemania en particular. Los teatros no son rentables (difícilmente lo serán nunca), pero si no encuentran otras vías de financiación se volverán también inviables.
Para arrojar un poco de luz sobre la crudeza de estos datos, se presentó ayer el libro La gestión de la ópera (Planeta), de Philippe Agid y Jean-Claude Tarondeau, un análisis sobre el estado de los teatros de EE UU y Europa. Las conclusiones, de alguna manera, invitan a pensar que no es compatible la rentabilidad con una programación moderna, arriesgada y con producciones propias. Al final, programar no es lo mismo que vender ópera. Según Agid, el modelo alemán es el paradigma de ese acercamiento ruinoso a la gestión de los teatros. Pero sigue siendo el indiscutible faro de la calidad.
Por ejemplo, mientras la Staatsoper de Berlín estrenó 31 producciones entre 2006 2007, la Ópera de Los Ángeles, que dirige Plácido Domingo, subió a escena 10 títulos que rentabilizó a través de 75 funciones. A la Staatsoper le cuesta cada entrada 275 euros y la vende a una media de 52. Los Ángeles se gasta 202 euros en cada localidad, pero las coloca por 114. Al final, teniendo en cuenta que Berlín luce una ocupación del 81% y la ópera californiana del 94%, la autonomía financiera de una y otra es del 14% y del 38% respectivamente. Pese a todo: ¿Ese es el modelo —el de las traviatas, toscas y don giovannis (los tres títulos más representados en EE UU)— que quiere Europa?
“No creo que América sea la utopía ni que podamos cambiar toda la filosofía de impuestos hacia ese modelo. Lo que podemos hacer es aprender algunas de las cosas buenas: marketing, habilidad para recaudar, donaciones privadas… pero hay que aplicarlas a un modelo europeo de economía mixta”, señala Nicholas Payne, exdirector de Covent Garden y presidente de Opera Europa, la asociación que integran los grandes teatros europeos. Para Payne, debe cambiar la proporción de ingresos públicos y privados. “Eso inevitablemente tiene un efecto sobre la estructura operativa. Pero no creo que sea buena idea ir hacia un modelo en el que todo sean 12 títulos famosos. Puccini, Mozart… No es exactamente lo que hace el Met \[que ha representado 1.200 veces La Bohème desde su fundación en 1883\], pero sí muchos americanos. Nuestra obligación es buscar la mezcla entre el repertorio y lo contemporáneo”.
Paradójicamente, los teatros más grandes tienen mejores índices de ocupación y, lógicamente, rentabilizan más el coste de las producciones (que en EE UU suele ser más alto debido al mayor volumen de estrenos). Lo mismo sucede con aquellos que disponen de entradas más caras. Lo que ya sabíamos, y que también resalta el estudio, es que “contratar a artistas famosos aumenta la autonomía financiera de los teatros y la ocupación”.
Payne también es partidario de subir el precio de las entradas más caras y de bajar las baratas. “Es importante dejar una proporción de asientos, quizá un 20%, a un precio muy accesible. El teatro tiene que estar abierto a los jóvenes o a desempleados. Creo que si tienes un recinto con capacidad limitada como el Real, te puedes permitir subir las más caras porque los ricos, incluso en estos tiempos, pueden pagarlo”.
Eso, sin no fuera porque el patio de butacas también se ha vaciado en los últimos tiempos. ¿Otros ingresos? El Metropolitan de Nueva York, por empeño de su director Peter Gelb, ha basado parte de su crecimiento en la difusión de sus estrenos en salas de cine. Cada función puede verse en más de 60 países y 1.500 salas. Lo que se traduce en unos 10 millones de euros extra de ingresos. Mucho más de lo que necesitan hoy la mayoría de teatros europeos para salvarse de la quema.

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