3/1/13

Mr. Bean se pone serio sobre las tablas

Fuente: Patricia Tubella (elpais.com)

La imagen de un tipo muy parecido a Mr. Bean, cuyo dedo sigue adosado a la tecla del sintetizador cuando la orquesta ya ha dado por concluida su ejecución de Carros de fuego, fue uno de los momentos estelares de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Londres. La confirmación del genio de Rowan Atkinson como un prodigio capaz de levantar el ánimo de todo tipo de audiencias incluso durante una de esas largas veladas oficiales que acaban resultando soporíferas. El rostro más serio y desconocido del personaje, aquel que hace tres décadas ya interpretaba con éxito a Chejov, ha decidido tomarse un receso en su faceta humorística y regresar a las tablas en el West End londinense como la encarnación de un ser gris y anodino.
Muy lejos de la gestualidad hilarante de ese “niño atrapado en el cuerpo de una persona adulta”, tal como Atkins describe al Mr. Bean que ha labrado su popularidad y millones de libras en la cuenta personal, el personaje que va a interpretar a partir del 23 de enero en el Wyndham Theater exige al actor inglés una inusual contención. Quartermine´s terms, obra de Simon Gray y quintaesencia del drama inglés, tiene como protagonista al profesor de una escuela de Cambridge en los años sesenta, un profesional bastante incompetente que ha logrado retener su puesto a base de escuchar las historias de los demás, mientras contempla cómo la vida se le escapa de las manos. Pero el reemplazo del director del centro en el que imparte clases alterará el orden de las cosas.
Aunque la pieza, dirigida por una de las vacas sagradas del teatro británico, Richard Eyre, no supone el estreno de Atkinson en la escena, su inminente puesta en cartel ha sido recibida como todo un acontecimiento, porque el actor no se prodiga en el medio. Hace tres años, Atkinson accedió a ponerse en la piel del grotesco Fagin como parte del reparto del musical Oliver, inspirado en la novela de Charles Dickens. La obra se mantuvo durante nueve meses que despertaron en el actor el gusanillo teatral y la idea de que, a punto de los 58 años, quería explorar otros recursos más allá de las muecas que lo han convertido en el rey de la risa.

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