11/2/13

"El tejido cultural se está desmembrando"



Fuente: Teresa Sesé / Justo Barranco (lavanguardia.com)

Los equipamientos culturales catalanes están sufriendo los efectos feroces de la crisis. Asfixiados por los recortes presupuestarios, se ven obligados a aplicar soluciones extremas, desde el cierre de salas a la presentación de expedientes de regulación de empleo o la renuncia de programaciones ampliamente respaldadas por el público. La Vanguardia ha reunido a seis señalados representantes del mundo cultural -el director del Teatre Lliure, Lluís Pasqual; el del festival Temporada Alta, Salvador Sunyer; el del MNAC, Pepe Serra; el del Mercat de les Flors, Francesc Casadesús; el presidente del patronato de la Fundació Tàpies, Xavier Antich, y el profesor de la Pompeu Fabra Antonio Monegal- para conocer cómo están viviendo la situación en primera persona, su diagnóstico y su visión de futuro. También para romper un clamoroso silencio -a diferencia de lo que sucede en sanidad o educación, aquí no hay acciones conjuntas de protesta y apenas se oyen voces de denuncia- ante una debacle en la que todos nos jugamos mucho. El encuentro, en el que también hubo espacio para la autocrítica, dio lugar a una apasionada -y necesaria- reivindicación coral de la cultura, con una conclusión a modo de declaración de intenciones: "Ni un paso atrás".

Silencio en el mundo cultural

Lluís Pasqual: Es verdad que están sucediendo cosas muy graves sobre las que hay un gran silencio, pero me parece que las peores no son en el ámbito cultural. Este área está desprotegida y está desmontándose, porque está sufriendo una serie de embestidas que parecen no tener fin. Hace mucho tiempo que estamos hablando de la corrupción, por poner un ejemplo banal, pero es que ahora ya no está en la página 1 de los diarios o en la 7, es que es la página 1, la 2, en la 3, la 4, la 5, la 6... Y es muy difícil hablar de una parte de la estructura cuando la estructura entera no se aguanta. Dicho lo cual, no he venido a hablar de política general, pero me resulta muy difícil hablar gremialmente cuando el entorno es tan bestia...

Antonio Monegal: Lo que dice Lluís me parece sintomático de un problema de fondo: la falta de un sustrato cultural sólido en esta sociedad en términos de modelos, de conducta, de valores y de una tradición incluso de pensamiento, de respeto a ciertas cosas que en otras sociedades se dan por supuestas y que aquí no eran más que una capa muy superficial que cuando hemos empezado a rascar, por un problema coyuntural como la crisis económica, ha puesto en evidencia un problema de fondo, que es la falta de reconocimiento y de respeto a la cultura como algo que da fundamento a una sociedad. Para los griegos el teatro era una escuela de ciudadanía. A través de la cultura comunicamos elementos fundamentales de la convivencia y del respeto y de la ética, y hacemos al mismo tiempo crítica de cosas que pasan. Desde el momento en que pones eso de lado y dices que es decorativo, una cosa que cuando éramos ricos nos podíamos permitir y ahora no, se pone como lateral lo que es central, una cuestión fundamental en una sociedad.

Salvador Sunyer: En momentos así es muy difícil no parecer insolidario. Ocurre que en este país la cultura ha importado históricamente muy poco, y eso se nota porque lo que importa a un país es lo que acaban defendiendo los políticos en una cosa que se llaman presupuestos. La cultura ha estado siempre muy por debajo de lo que le tocaría como país normalito. Tenemos una sanidad equiparable a la europea, pero en cultura estamos muy por debajo. En Grenoble, ciudad de 100.000 habitantes, su teatro, segunda división de los teatros públicos franceses, tiene un presupuesto de 14 millones de euros. Aquí en Barcelona, capital de un país y con millones de habitantes, mirad qué presupuesto tienen el Lliure y el Nacional sumados. Y en los museos pasa igual. Todas las estructuras del mundo de la cultura estaban en mínimos comparadas con los vecinos, y llega la crisis y se las trata como al resto. En el momento en el que comienza esta crisis no tenemos asumido el papel que tiene la cultura, que de hecho es el artículo principal de una sociedad, que hace que no nos desmembremos, y se baja todo linealmente y por tanto el sistema entre comillas cultural, cuyas estructuras estaban cogidas con alfileres, con costes que eran los mínimos para hacer actividad, se hunde. Y lo que es más grave, ¿por qué no hablamos? ¿por qué el silencio? Los que somos del ramo de la cultura hemos llegado a asumir que si han de cerrar un quirófano en la Vall d'Hebron, si se ha de eliminar una beca comedor, ¡cómo vamos a reivindicar la cultura! Lo hemos asumido y nos los comemos y callamos, y esta es para mí la esencia de la situación en que estamos. Y creo que o entendemos que en la sociedad del bienestar, que es del medioestar ahora, se deben mantener las patas del sistema equilibradas o...

Francesc Casadesús: Se utiliza mucho la idea de que la cultura está muy subvencionada, cuando no es tan así. Está cofinanciada. Por lo menos en los teatros y en los museos con el pago de las entradas hay una cofinanciación privada por parte de los espectadores. Ya hay una participación de la sociedad, y se le está cargando aún más con esa idea de "id a buscar los recursos vosotros".

Xavier Antich: En una situación como ésta de crisis allí donde se acaba notando más es en estructuras tan frágiles que todavía, y pese a los años que llevábamos, no se habían acabado de normalizar del todo. La embestida es brutal. Y también pasa en el mundo de la educación. Es obvio que el porcentaje del PIB que se dedicaba a cultura y educación era infinitamente inferior al de países a los que nos parecemos. Una realidad que va en contra de la que puede ser la opinión común de que todo está subvencionado y de que ya era hora de que se espabilaran por su cuenta. Continúan funcionando tópicos que han hecho mucho daño y que pueden estar detrás de ese silencio que nos hace pensar que lo nuestro no es tan importante como otras cosas. Y, en cambio, todos sabemos que un euro gastado en cultura no es gasto sino inversión, igual que pasa en educación. Pero se piensa que la cultura es un ornamento social y por tanto se puede prescindir sin que pase gran cosa.

Pepe Serra: Hay que insistir en la tripleta. ¿Qué es de primera necesidad? Sanidad, educación y cultura. Y ponerlo al mismo nivel. El otro día tenía una entrevista con la consellera de Educació y me decía que le faltaban no sé cuántos millones para unos niños que toman una sola comida caliente al día. Estuve a punto de decirle que cancelaba una exposición y le daba el dinero. Pero no se trata de eso. La cultura siempre se ha movido en tantos por cientos muy bajos. Y encima en el momento más crítico, en el que tendríamos que hacer un mayor esfuerzo por explicar que una sociedad libre es una sociedad con cultura, que nos emancipa y nos libera, que el espacio cultural es el espacio público de más calidad, de más libertad, la discusión es de supervivencia y cuesta mucho explicar que la aportación que hace la cultura a la sociedad tiene un retorno mayúsculo.

Una pata del estado de bienestar

A. M.: Para nosotros está claro que la cultura es una de las patas del estado del bienestar y eso es sobre lo que no hay un consenso social, lo que se cuestiona ahora. Además, aquí se ha impuesto la idea equivocada de que el modelo era muy costoso, idea que se impone a partir de la noción de que la cultura es algo superfluo.

LL.P: Cosa que no ha pasado con el deporte.

A.M.: Exactamente. Los políticos tienen elecciones difíciles de tomar, que además se complican en campos como este porque dependen de la percepción de su electorado, has de cuidar lo que tu electorado valora, y estamos en una sociedad donde, por un déficit educativo, la cultura no se considera imprescindible porque no se ve como una pata, sino como el mantel. Y el mantel puedes quitarlo de la mesa sin problema.

LL.P: Pero para que esta conversación no tenga el aire de la queja, sino de la legitimidad reivindicativa, yo podría decir a la clase política, que es la clase a la que le toca considerar y escoger, que en el Lliure hemos doblado los abonados en un año, es decir, hay una necesidad de tener un espacio poético, cada uno a su manera, y en libertad. Y cuando pones las condiciones económicas que se han de poner para que la gente venga, la gente viene. Y tú haces una promoción y en dos horas vendes 800 localidades.


El IVA y la argucia de Mascarell 


A.M.: O cambias el IVA.

LL.P.: Subir el IVA al 21% es la obra de un grosero, de un ignorante, que no es capaz de ver el momento de depresión social como el que hay en este país, porque sólo hay que ir a las farmacias y comprobar que no quedan tranquilizantes. ¿Cómo se puede tratar la cultura al mismo nivel que un bolso de Loewe?

F.C.: La propuesta de Mascarell de convertir las entradas en donaciones para eludir el IVA forma parte de un informe que hizo hace años Miquel Roca para la Fundación Barcelona Cultura para cambiar la ley del mecenazgo sin tener que hacerla nueva....

S.S.: Si no se cambia la ley, eso será defraudar, una trampa fiscal. No sirve. Yo creo que hemos de defender que cada cual pague sus impuestos comme il faut y que después se gasten de manera adecuada. Pero volviendo a lo que decía Lluís, recuerdo que hablaba con el conseller Tresserras de que lo que se invertía en Cultura era el coste para la Generalitat de los antidepresivos, 300 kilos exactamente. Y eso cuando se gastaba más en cultura, que ahora no habría ni para las lavativas. Por tanto es una magnitud que no es descabellada.

¿Qué hemos hecho mal?

S.S.: Hemos de aceptar cierta culpa, sí, no todo lo hemos hecho bien. Pero la culpa de nuestro mundo no ha sido tanto que se haya malgastado, sino no haber sabido hacer que lo que hacemos tenga suficiente importancia para el ciudadano. Es un aspecto que hemos de trabajar más a partir de ahora. Por ejemplo, por hacer un mea culpa personal, quizá como director de un festival de teatro debería haber dedicado más energías a pensar que en lugar de llegar a un 12% de la población debería estar llegando a un 25%.

P.S.: Estoy muy de acuerdo. Este país hizo hace unos años un esfuerzo enorme por ponerse a la altura en infraestructuras, en sistema, pero cuando nos giramos nos dimos cuenta de que detrás no venía todo el mundo. Es la hora del público. Tenemos que luchar por tener un retorno social más amplio, que no quiere decir banalizar, que nos legitime. Yo soy muy crítico con lo que han hecho algunos museos. Ha habido propuestas que eran un artículo, no una exposición de 300.000 euros... En cambio, estoy convencido de que hoy la salida, tanto social como económicamente, es la cultura. Las consultas están llenas de gente que no tiene esperanza, que lo ve todo perdido, eso se arregla en parte yendo al teatro, viendo una buena película o visitando una exposición… La capacidad de trascender lo real, lo inmediato, lo pobre, lo concreto que tiene lo nuestro, no tiene valor, es incalculable… Es lo que hace que una sociedad sea gris o esté viva. El mea culpa siempre ha de estar presente y por delante, pero tendríamos que intentar explicar muy bien que no es que pidamos para nosotros, que no es la queja, sino la reivindicación legitimada, como decía Pasqual.

X.A.: Que los públicos estén en el centro es una obviedad, lo han estado siempre. Siempre se ha pensado, pero nunca como ahora se ha creído que eso era una cosa sustantiva. Hablabas del retorno económico y social, y hace falta decir y recordar que el mundo de la cultura genera más ingresos globales en el PIB que los que recibe por subvención. Pero hay otro elemento que es el del retorno social, que es un intangible y un incuantificable: crea comunidad, crea barrio…

LL.P.: No es nuevo, pero sí, hay que recordarlo. Yo tengo un sentido de culpa mayor que el de Sunyer, pero pienso que el porcentaje de culpa es bastante más bajo por parte nuestra y bastante más alto por parte institucional. El respeto por el National Theatre se aprende en la escuela. Y que el Lliure, el Nacional, el MNAC, Temporada Alta y el Mercat son lugares importantes para formarse a través de la sensibilidad es una cosa que nuestros gobernantes, perdonadme, no han defendido como pienso que se ha de defender. La cultura pública les ha dado medio vergüenza porque somos un país de botiguers (y eso no lo digo yo, lo decía Maria Aurèlia Capmany y lo decía cada día del año), y al botiguer le parece que mejor la cosa privada o semiprivada. Tendríamos que recordarles: señores, ustedes tienen estas herramientas, siéntanse orgullosos de ellas, no hagamos ver que son de primera si son de tercera, aunque hay equipos de tercera que son buenísimos, y siéntanse orgullosos y utilícenlas para el ciudadano.

Hostilidad institucional

X.A.: Me resisto a pensar que no hay interés por la cultura. Tenemos muchas muestras de que cuando se hacen esfuerzos bien dirigidos la respuesta es abrumadora, porque efectivamente hay algo realmente sentido de este elemento emancipador, de que la cultura forma, y eso posiblemente no lo sabrán los políticos responsables de las grandes áreas, pero la gente que va al cine o al teatro o a un museo o a la danza lo sabe, obtiene una satisfacción íntima que tal vez las grandes políticas no recogen. Schiller decía que la belleza es la vía que conduce a los hombres a la libertad. No es para pasar el rato sino algo emancipador. El problema está en el ámbito institucional. Porque cuando hay iniciativas tan hostiles como la del 21% del IVA o paralizar la ley del Mecenazgo, que son vitales, ya no es que no se hagan las cosas que se tendrían que hacer, sino que se ponen palos a las ruedas.

LL.P.: Agresiones deliberadas.

X.A.: Hostiles. Pedro Alonso, que dirige todo el equipo del Clínic de la malaria, decía que los países avanzados han entendido que es necesario invertir en sanidad porque invirtiendo en sanidad después se mejoran todas las otras cosas. Creo que en el ámbito de la cultura y la educación pasa lo mismo: los países avanzados están convencidos de que invertir en estas cosas permiten el progreso, y no que sea necesario progresar y resolver la situación para después invertir.
P.S.: En un país donde por debajo de los 40 años todo el mundo está condenado a no tener casa propia, una bomba social, la vía de salida, de respiración, es un sistema cultural potente. Si no, esta gente de menos de 40 se acabará tirando por los balcones.

Pero, ¿hay un plan? 

F.C.: Siguiendo el ejemplo de la sanidad, una cosa que ha fallado es la definición de cuál es el sistema básico. En sanidad se ha dicho: el sistema básico es éste. En cambio en la cultura, dada la excesiva proximidad de la política y el cortoplacismo, las decisiones están provocando que el sistema básico sea aquello que yo inauguro o aquello que me da rédito electoral. Es delicado poner el tema sobre la mesa, pero el sistema básico no está definido.

S.S.: Cambia cada cuatro años...

A.M.: Y eso tiene que ver con una asociación muy importante, que es la asociación de la cultura y la agricultura. Eres muy mal payés si permites que el sustrato de la tierra se empobrezca hasta el punto de que cuando decidas que es el momento de lanzar semillas nuevas ya no crezca nada. Desertizas el sistema. Eso también tiene que ver con los públicos. Estoy de acuerdo en que se puede acceder a los públicos sin banalizar y sin bajar de nivel, porque lo peor y lo más grave es dejarse llevar por esa acusación de la cultura como un producto elitista. Lo que es verdaderamente elitista es retirar el apoyo público y hacer que sólo los muy ricos que pueden ir a Nueva York, a Berlín o donde quieran puedan disfrutar de la experiencia cultural.

P.S.: La idea de servicio público es central.

LL.P.: Está en el centro, o lo es o no lo es.

S.S.: Ahora no está de moda. Pero lo que dice Cesc es cierto, no hay un sistema cultural en este país. Se ha querido copiar más o menos del sistema francés.

F.C.: Del siglo XIX.

S.S.: Se han hecho una serie de infraestructuras y ahora no hay contenidos. Desde museos comarcales a teatros, un montón, y ahora sin contenido. Yo me imagino que en el Consell Executiu deben quedar todos impresionados, porque el de sanidad tiene a las enfermeras y los médicos en huelga, el de educación a los profesores, el de agricultura a los payeses, y a Mascarell le deben decir “tú eres un crack”, porque no hay ninguna queja.

F.C.: Eso sucede porque las instituciones culturales están gestionando bien las cosas, y aún consiguen índices de ocupación altos, tienen una buena respuesta…

S.S.: Pero si no hay una cierta presión, esto no cambiará.

LL.P.: Es que no se trata sólo de sobrevivir esperando tiempos mejores, porque esa es una actitud antigua y equivocada. A mí me da miedo que de la solidaridad pasemos al sálvese quien pueda, y me da miedo que además de afectar al público afecte a los artistas. La generación de la que habla Pepe es la que lo tiene peor. Somos lugares de transmisión necesarios. Y eso lo ha de saber la gente y lo han de saber los estamentos que tenemos detrás. Somos necesarios para la sociedad. Si no, se rompe como se rompió en la Guerra Civil. Y la situación comienza a hacer daño a los artistas, de forma que todos están pensando en coger el AVE para hacer televisión en Madrid. Nos estamos despoblando, estamos quitando el sustrato.

P.S.: En educación y sanidad hay unos planes, una ordenación. El sistema básico. Y para hacer un hospital nuevo hay unos procesos de discusión, de estudio, la incidencia, la especialización, la proximidad de otros, etcétera. Incluso en bibliotecas hay un plan de lectura pública. En cambio aquí no sabemos cuál es nuestro tejido de carreteras cultural.

S.S.: Yo creo que se ha de escoger a quién se ayuda, se ha acabado, desde mi punto de vista, esa cosa lineal que lo está matando todo. Es un desastre.

P.S.: Es la política de miseria para todos. Pero creo que hay que aprovechar un momento tan crítico como este para comenzarnos a dotar de mecanismos más profesionales para tomar decisiones que afectan a medio y largo plazo al sistema cultural. Aquí los equipamientos funcionan con unas dinámicas y unas voluntades en función del titular administrativo impensables en un país culturalmente avanzado. No puede ser.

X.A.: Yo cuando pensaba en cosas que se tendrían que haber hecho y no se han hecho, hay una histórica, que es el 1 por ciento cultural, que ha sido un cajón de trapacerías, por decirlo de forma eufemística.

P.S.: Ha servido para hacer rotondas y ponerles esculturas...

F.C.: Falta la estrategia, lo que se quiere conseguir y cuáles han de ser los pasos para llegar.

X.A.: Y faltan las relaciones entre el sistema, y eso sí que tal vez sea culpa un poco de todos. Hay que conseguir remontar todo aquello que no se ha hecho, que es el establecimiento de redes. Existe todo el plan de museos y centros de arte de Catalunya que está paralizado desde hace años. Cuántas iniciativas se han paralizado que permitirían el establecimiento de lazos, que las cosas reviertan más, que haya costes compartidos…

S.S.: Es un sistema incoherente y desarticulado. Y puestos a hablar de la ley del Mecenazgo, incluso podríamos hacer la parte de la ley del mecenazgo que afecta al ciudadano de a pie, que es importante. Para mí es esencial que doblemos el público que tenemos en unos cuantos años, pocos. Nos da legitimidad y no tendría un coste tan alto, pero no les importa ni les interesa.

P.S.: Un día se debe comenzar un debate sobre el sistema, de decir el país da lo que da, qué queremos tener, qué instituciones, de qué tamaño, cuáles son capaces de exportar, cuáles bajo la sombra de estas pueden hacer una acción local potente y que también puede tener mucho sentido pero que no hemos de duplicar. Hemos de exigir un pacto entre administraciones.

S.S.: Eso no cuesta ni un duro, la situación te obliga y sólo depende de nosotros. Pero es que además se está produciendo una desertización del mundo artístico, ya no del público sino de los artistas. Estos señores necesitan un lugar para trabajar. ¿Cuántos teatros tenemos en Catalunya cerrados? ¿Treinta, cuarenta? Este dibujo de futuro no es tan caro ni tan difícil. Pero si no dices adónde quieres ir de aquí a ocho años es muy difícil que sepas qué hacer. Y hacerlo ahora no es difícil, es fácil casi. Y tendrás una ventaja: unos costes de estructura, contra lo que todo el mundo piensa, muy bajos, que dan risa respecto a Europa. Lo que gasta el Lliure da risa. Es un teatro de…

LL.P.: De Perpiñán.

A.M.: Aquí no ha habido un sistema cultural grande y bien dotado. Si de repente se llega a la conclusión de que se ha de redimensionar el sistema cultural para hacerlo más pobre y pequeño porque no nos podemos permitir el que tenemos que era bastante justito, habremos de redimensionar nuestras ambiciones como país. Ajustar nuestra división.

Nuevos proyectos, ¿necesidad o incoherencia?

LL.P.: Es como tapar las goteras del apartamento de Cadaqués y dejar en casa una que te está agujereando la mesa.

P.S.: El tema del Museo de las Culturas del Mundo, que he mencionado en alguna ocasión y ha provocado gran malestar en el Ayuntamiento, lo relaciono con lo que decíamos antes: falta articulación, planificación a medio y largo plazo, sentido de las cosas… Los mecanismos –y no tiro contra ningún museo, y menos contra ese proyecto cuyas piezas las recogió un señor que era mi abuelo– por los que se puede tomar la decisión de generar un equipamiento nuevo han de ser más sofisticados, más exigentes, estamos en un mundo complejo. Una ciudad que tiene un museo etnológico en obras, que está medio vacío y medio cerrado, y que apuesta por recuperar una colección como la Folch e integrarla en un museo, en principio no me parece mal. Pero eso no ha sido objeto de debate ni público ni con el sector. Y el Disseny Hub Barcelona de la plaza de las Glòries es lo mismo. ¿Qué ha costado? ¿100 millones? No ataco a nadie, sólo pido un debate de altura profesional. Y, eso sí, discuto el momento. El Museo de las Culturas del Mundo, adelante. Pero ¿de qué manera? ¿Cuándo? ¿Ahora? Evidentemente es el político el que toma las decisiones desde un punto de vista estratégico, pero ha de estar informado, dotado de datos que objetivamente le permitan tomarla con fundamentos sólidos.

X.A.: Pero esta reflexión sobre el sistema, quienes no la pueden hacer de ninguna manera son los organismos políticos, que son los que tendrían que acabar de tomar las decisiones. Pero, claro, hay una instancia profesional mediadora que aquí no existe….

F.C.: Y una cosa fundamental: hay que definir la misión de los equipamientos, saber cuál es tu misión y orientar hacia ella tu actividad. Esa ha de ser tu guía.

LL.P.: En Francia hay una palabra preciosa que es la tutelle, estás tutelado.

S.S.: Aquí es al revés. Tu dices “haré esto porque creo que es lo que se ha de hacer”, y como que el interlocutor a) no tiene ni idea, y b) no ha tenido mucho tiempo de leer de qué va porque tiene 50 cosas que hacer, dice “bien” o “no fotis” como máximo. Y tú al final haces una valoración aproximada de lo que te parece. Pero lo más grave es que mientras todo eso sigue en el aire, el tejido cultural, la parte de la creación se está desmebrando a marchas forzadas...

¿Cómo sobrevivir?

P.S.: Siempre digo que si los museos fueran hospitales se nos morirían los enfermos en los pasillos.

LL.P.: Yo soy de una generación que ha de resistir. ¿Qué quieres que diga? ¿Que he de dar un paso atrás? No. Ya hice la mili. Y como ya la hice, la continuaré haciendo hasta que me dejen. Yo, como todos los que están aquí, actúo en nombre de dos colectivos: el de los artistas y el del público. Los dos tienen derecho a existir y a intercambiarse. Y nosotros somos el puente de diálogo entre ambos. Resistiré mientras pueda hacerlos dialogar. ¿Cómo? Adquiriendo una enorme plasticidad, imaginación ya no podemos tener más, hay un momento en el que se acaba. Y espero que tengamos suerte. Hay una generación a la que se lo debemos, tanto de espectadores como de artistas.

S.S.: Lo que no puede ser es que los que vivimos el final del franquismo, ahora no seamos capaces de pasar lo que hemos hecho a los que vienen detrás. Hemos de exigir dos cosas: 1) que hagan un dibujo de qué ha de ser este país culturalmente dentro de 20 años y 2) que en un plazo corto dediquen porcentualmente el doble. que es lo mínimo. Este país no podrá tener estructura de país sin una cultura que lo cohesione.

A.M.: Es mucho más caro perder lo que tenemos que sostenerlo, el coste de dar pasos atrás es lo que no nos podemos permitir.

X.A.: No hay elección, la cultura es central en nuestra sociedad y en nuestro país. Ya no somos una sociedad industrial ni agraria, es una sociedad postindustrial. La cultura es central, no tenemos elección.

A.M.: Y, sobre todo, no podemos caer en la paradoja de defender lo importante que es para el país la cultura del pasado, Espriu, Gaudí, no sé qué, y no cuidar el presente y el futuro.

LL.P.: Y estamos a punto. Hemos vivido muchos años con el calendario electoral y no con el gregoriano. Las escaleras cuestan mucho de subir, pero las bajas rodando.

¿Hay margen para hacer más recortes?

LL.P.: No.

P.S.: No, se rompe todo, y dejas de cumplir tu misión. Entonces a lo mejor eres tú el que tienes que decir que mejor que no se gaste ese dinero público. Para pagar la luz, no.

S.S.: Dedicamos el 90% de nuestro tiempo a gestión y un 10% al trabajo esencial que es, como decía Pasqual, a poner en contacto a los artistas con el público. Ya no hay margen. Y la bajada que va a haber es de cataclismo. No afecta a una serie de personas sino que afecta al sentido mismo de lo que estás haciendo.

F.M.: El plan B está plenamente definido: no se puede dar ni un paso más atrás.

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