14/2/13

‘Punk’ salvaje en el salón de casa



Fuente: Ana Marcos (elpais.com)
"Hasta que no te pones a ello, no sabes dónde puedes llegar", dice Lucía, mientras se afana en poner en práctica los últimos pasos que ha aprendido en clase de ballet. Esta mujer de entre cuarenta y cincuenta años, encerrada en un discreto vestido azul pastel, gira sobre su eje frente a dos amigas de la infancia a las que no veía desde hacía siete años y dos meses. Teresa, cardado infinito, medias verdes y vestido rojo, contraataca con Rafaella Carrà. Y la escena sobre las tablas del Teatro Bellas Artes de Madrid se torna en un multicolor excéntrico, propio de una película de Pedro Almodóvar. "¿Queréis una pasti?, me las pilla mi hija por YouTube", ofrece Teresa al tiempo que la tercera amiga, Concha, rellena por segunda vez las copas con vodka.
Todo el presupuesto inicial de las obra de teatro Lastres: tres amigas de la infancia que se reúnen por iniciativa de una de ellas; se va desmoronando por el peso de los problemas que acarrean y se desploma a medida que la verdad atraviesa el disfraz del autoengaño."Estos tres personajes muestran cómo aunque la vida pasa, si los resentimientos se larvan y enquistan, terminan por salir de manera explosiva", explica Anabel Alonso, parte activa en el papel de Concha, encargada de transformar en obra una lectura del también actor Jorge Roelas. "Estoy haciendo una obra como actor que se llama Educando a Rita, y en un momento mi personaje dice: 'Gracias por la confianza, pero si rascas un poco descubrirás que hay menos de mí en mí de lo que parece a primera vista", recita Roelas, en una parábola teatral y explicativa de lo que sucederá hasta el 31 de marzo, en Madrid.
Las falsas apariencias, muy exacerbadas por el vestuario, parapeta el acoso que recorre la obra en las vivencias de este trío, que completan las actrices Ana Fernández y Marta Belenguer. La carga dramática se rebaja por mediación de Heidi Steinhardt. La directora argentina recibió el texto una madrugada austral y aterrizó en España dispuesta a hacer del humor la mejor terapia para superar el dolor. "La obra tiene mucha crueldad, pero a la vez es muy graciosa", explica la dramaturga. "El atractivo es que aún con ese trasfondo serio o sensible, uno se ríe todo el rato, la gente sale reflexionando porque en apariencia uno asiste a una anécdota más, y no lo es". O en palabras de Alonso: "Es una comedia salvaje y punk, no hay tregua en la hora y media que dura la función".
Para conseguir este tono animal que se reproduce en diálogos y maneras, Alonso y el equipo de producción redireccionaron el guion hacia tierras argentinas en busca de una batuta que no se limitara a poner en escena palabras. "En España, en general, aunque haya gente muy válida, siempre se suele hacer un trabajo de ceñirse al texto, más formal, con menos enjundia", opina la actriz. El curriculum de Steinhardt se labra en la escena off de un país con una cartelera teatral de gran tamaño, enfocada en la dirección de actores. "El reto de la obra también ha sido enfrentarme a una manera distinta de trabajar", cuenta la directora, "y en esto Jorge ha sido muy generoso al ir reescribiendo el texto, adaptándolo según avanzaban los ensayos".
Lastres entra en la capital como un torbellino punk contra la crisis, los efectos del IVA cultural y la desazón generalizada ante tanta mala noticia. "Ahora, lo que más demanda tiene es la comedia", explica Anabel Alonso, "para que una producción privada sea factible, es decir, que no suponga un gasto desmedido, es mejor optar por estos montajes".
Teatro se escribe con a

"Puede que sea una coincidencia, aunque también es cierto que en este país hay más actrices que actores... y mejores", dice con jocosidad Anabel Alonso, mientras se atusa la melena rubia platino que luce en la obraLastres. La temporada teatral se escribe en femenino y con un reparto de personajes muy perfilados.
"Igual ha llegado el momento de que nosotras digamos cosas", continúa la intérprete. "Son funciones contemporáneas en las que nos pasan cosas, no somos las hijas, las madres o las hermanas, somos las protagonistas". Alonso se refiere a la coincidencia en cartel de Sofocos, Hermanas, El manual de la buena esposa, Lifting y Lastres. Muchas de las mujeres que se suben a las tablas rondan los 40 años y no les importa compartir con el patio de butacas, con independencia del sexo, de la menopausia, sus problemas matrimoniales y personales.
La fórmula del manual como Monólogos de la vagina o Confesiones de una mujer de 30 años da paso ahora a comedias, en la mayoría de los ejemplos, con trama que, a fin de cuentas, redundan sobre lo mismo, pero de madera dramatizada.

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