28/3/13

La crisis sube a los escenarios


Fuente: Rocío García (elpais.com)

El teatro es siempre político. Ya lo dice Juan Mayorga, el autor y dramaturgo español. El teatro es el lugar donde se reúne la ciudadanía para hablar de la ciudadanía, de los problemas que tiene. Por eso es político. Y por ello, la crisis, con el paro, los recortes sociales, la falta de futuro o el poder de los financieros han asaltado los escenarios teatrales y se han hecho un hueco más que digno en las salas teatrales. Obras como RecortesSubprime, en cartelera ahora en Madrid, o Perdidos en Nunca Jamás, próximamente en Murcia o Valladolid, afrontan de manera directa los dramas económicos y laborales que se ven a diario en la calle. Otros montajes como A cielo abierto, dirigido e interpretado por Jose Maria Pou en el Teatro Español y escrito por David Hare en plena era del thatcherismo, en la que los británicos vieron como las privatizaciones arrasaron con buena parte de los derechos públicos adquiridos durante tantos años, o Feelgood, una comedia sobre la cruda y profunda relación entre el hombre y el poder, que se estrena el próximo 2 de abril en las Naves del Matadero de Madrid, dan buena cuenta de la necesidad del teatro de apoderarse de una realidad por cruda que sea y compartirla, como defiende  Juan Mayorga, con sus conciudadanos. Hoy por hoy, los cuentos de hadas tendrán que esperar tiempos mejores.


Recortes. En la sala Cuarta Pared se acaban las entradas rápidamente. El montaje Recortes, dirigido por Mariano Barroso e interpretado en dos monólogos por Nuria Gallardo y Alberto San Juan, ha tenido que prorrogar los pases ante el éxito cosechado. En la sala, abarrotada de jueves a sábado, se asiste a un baño de cruda realidad. Sobre un texto del británico David Greig escrito en 2011, Juan Cavestany lo ha adaptado a la situación española de hoy. Poco ha tenido que cambiar. “Son piezas en las que toda Europa se puede reconocer”, defiende San Juan, que interpreta el monólogo sobre un paciente con problemas mentales alarmado por el cierre del centro de salud en el que le estaban tratando en una conversación con una trabajadora de dicho centro. “Es natural que el teatro mire de frente a esta realidad que de manera tan brutal y a una velocidad de vértigo está acabando con tantos derechos en Europa y, más concretamente, en España” , defiende el actor para quien ya es hora de que el teatro y el cine, que necesitan quizás unas perspectivas a más largo plazo para plantear los temas, reaccionen de manera rápida. “No podemos esperar, hay que hablar ya de lo que nos está pasando”, añade San Juan que se declara optimista –“no solo nuestros hijos, también nosotros, vamos a ver un mundo mejor”- .Recortes, que termina su pase por Cuarta Pared el próximo día 30, tiene previsto saltar a algún otro teatro en la próxima temporada. Incluso se están planteando la posibilidad de hacer un espectáculo más completo e invitar a otros autores y actores, cambiando piezas y monólogos, para convertirlo en algo más vivo. “Todo un instrumento de agitación”, señala Alberto San Juan.




Subprime. El poder financiero y político frente a un solo ciudadano. Todo lo que se ve y se oye en la obra, escrita por Fernando Ramírez Baeza en 2008 y dirigida por Ricardo Campelo, se puede leer casi a diario en algunos periódicos. Hombres trajeados y engominados, orgullosos y seguros de sí mismos, prepotentes, que luchan por no perder el poder y el dinero que han ido arrebatando a la sociedad. Interpretado por Pep Muné, Chete Lera, Federico Aguado y otro,Subprime sitúa al espectador en una profunda recesión económica, cuando un empelado de una gasolinera de la empresa petrolífera más importante del país llega a la sede de la compañía con un vídeo comprometido del presidente del Gobierno. Amenazas, negociaciones e intereses económicos aparecen de inmediato entre esas cuatro paredes. Ricardo Campelo, venezolano de 33 años e instalado en España desde hace once, asegura que cuando leyó la obra tuvo la sensación de encontrarse ante un informe real de WikiLeaks. “Son hechos reales y contundentes que no pretende establecer conclusiones, pero que la mayoría de los espectadores llega a sus propias y casi similares conclusiones frente a la evidencia y claridad de lo que te cuenta”, defiende Campelo, que invita a políticos, banqueros y financieros al teatro Fernán Gómez de Madrid –“lo tienen todos muy cerca, aquí en la Castellana, en Génova o en el Congreso”- para que vean sobre un escenario esta historia de ficción que no es más que un reflejo de la realidad. “Ya basta de hablar entre nosotros. El teatro es uno de los grandes lugares de reflexión que tiene el ciudadano”. Subprime estará en cartelera hasta el próximo 7 de abril.




Perdidos en Nunca Jamás. “Intento desesperadamente hacerme mayor, pero no puedo”, decía James M. Barrie, el escritor de Peter Pan. Lucía Miranda, vallisoletana de 30 años, lo intenta también pero tampoco puede. Algo similar le ocurre a sus amigos. Perdidos en Nunca Jamás es la última obra de teatro dirigida por Miranda e inspirada en el cuento de hadas de Peter Pan, cuya adaptación la ha realizado una de las grandes expertas en este personaje infantil, Silvia Herreros de Tejada. Este montaje, que se estrenará el próximo 12 de abril en el Teatro Circo de Murcia y poco más tarde, el día 27 del mismo mes, en el Laboratorio de las Artes de Valladolid, pone el acento en otro de los aspectos dramáticos de la actualidad: la falta de trabajo y de futuro de los jóvenes, que tienen que buscarse la vida en el extranjero. Lucía Miranda, después de unos años fuera de España, se sorprendió ante la gran cantidad de jóvenes que preparaban sus maletas ante un exilio económico forzoso. “Somos una generación perdida. Hemos perdido la ilusión y nuestro cuento de hadas. La obra habla de ese drama y de la cantidad de gente que solo tiene futuro fuera de nuestro país. Yo al menos una vez al día me lo sigo planteando”, asegura Miranda.Perdidos en Nunca Jamás, que intentará abrirse camino en otros teatros,  tiene como protagonista a Wendy, una periodista que tiene que volver a vivir a casa de sus padres después de ser despedida en el trabajo.

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