12/3/13

La madurez del actor de las mil caras



Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
Guillermo Montesinos no solo es un actor capaz de transitar con buena fortuna por el barroco español, clásicos contemporáneos, vodevil, teatro independiente (el de los años setenta) y alternativo (el de los noventa), comedia rabiosa, zarzuela, tragedia o grandes autores europeos. Eso sin mencionar su mismo afán ecléctico en cine y televisión. Lo curioso es que, además de moverse por cualquier género, tiene un físico cuya edad se puede situar entre la treintena y la edad de jubilación forzosa. Se sabe que ya es sesentón, pero él deja claro que tiene la edad que cualquier productor o director quiera echarle: “Estoy dispuesto a operarme o lo que haga falta", suelta con su socarronería, acompañada de esa mirada infantil y ese físico enjuto que hace que sea un eterno joven del cine y el teatro españoles.
Pero la madurez le llega no sólo a través del paso del tiempo, sino de sus personajes. Como ese padre que representa en Ceniza, obra de José Pascual Abellán, que tras visitar algún que otro teatro en una pequeña gira, acaba de llegar al Teatro Fernán-Gómez de Madrid. El montaje, dirigido por Lluís Elías, profesional ligado durante décadas a Els Joglars, cuenta también con el actor Antonio Campos, en el papel de hijo. Y muy importante el papel de un tercer personaje, la mujer de uno y la madre de otro, representada por sus cenizas.
Padre e hijo se reencuentran tras años sin verse. El motivo es la muerte de la madre. Un encuentro obligado durante el que ajustarán cuentas pendientes en un horizonte marcado por la desestructuración familiar y una suerte de trhiller.
La obra se subtitula Quién no tiene un miserable en su vida y Montesinos, que no desvela más sobre esa frase, asegura que por su parte no tiene ningún miserable cerca de él, que echarse a la boca: “Pero me he cruzado con algún que otro”. Ello sin olvidar otros que considera miserables colaterales y que tiene claramente identificados: “Salen todos los días en los informativos, no son otros que los que han hecho que esta situación haya llegado donde ha llegado. Ahí están, con sus nombres y sus apellidos, son los que han provocado que vivamos estos momentos tan inciertos”.
Sobre su eclecticismo, a la hora de trabajar, apunta que le viene dado por dedicarse a esta profesión sin mirar qué llega a sus manos: “Para mí todo es bueno, todo es profesión y todo es trabajo y se puede hacer con el mismo interés un Castelao con Bululú o ir al Biombo Chino; además esa actitud me ha facilitado que no tenga grandes parones y que esté verdaderamente encantado de haber hecho una carrera tan variada y tener ese currículo variopinto”, dice este actor que no obstante ha tenido una trayectoria más cercana a la comedia: “Desde mi más tierna infancia he tenido más facilidad para hacer comedia, eso es verdad, pero un actor debe ser completo y hacer de todo, lo que no quita que siempre haya considerado la comedia como un género en el que tienes que buscar mucho más allá, bucear mucho y con más dificultad que la tragedia y el drama”.
Ceniza le permite nadar en varios registros. “En principio transita por la tragedia, luego se relaja pero con ataques dramáticos; la relación entre padre e hijo al principio es muy tensa; todo es muy duro cuando se encuentran tras doce años sin verse”, y añade, “aparecen momentos muy tiernos, histriónicos, pero todo ello con una ligazón muy fuerte de intriga, ya que el espectador no sabe por dónde va a salir todo, solo sabe que encada momento puede pasar algo aún más gordo e inesperado, con unos diálogos duros, certeros, de los que no se dicen en la vida real porque uno se los calla…”, concluye Montesinos quien deja claro que Ceniza ofrece emoción, risa, intriga e interés.
Ceniza. Teatro Fernán Gómez (plaza de Colón, 4). hasta el 7 de abril.

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