22/3/13

Marañón: “Gerard Mortier cumplirá íntegro su contrato”

Fuente: Daniel Verdú (elpais.com)

Gregorio Marañón (Madrid, 1942) afronta su sexto año como presidente del Patronato del Teatro Real. Un asiento incómodo si atendemos a la brutal caída de las subvenciones públicas y al goteo de cambios que hubo antes de su llegada: seis presidentes tras los primeros 10 años. Todos ellos alteraron la estructura del Patronato y del equipo directivo del Real, que tuvo en una década nueve directores generales, artísticos y musicales. Hoy, pese a las evidentes embestidas políticas de un sector de la Comunidad de Madrid y de algunos abonados contra Gerard Mortier, su director artístico, se ha logrado una estabilidad que persigue el reto de sortear la crisis aumentando la financiación privada. Marañón no tiene ninguna duda de que se logrará.
Desde 2009 han perdido más de la mitad de la financiación pública. ¿Se puede seguir haciendo lo mismo?
Estamos haciendo incluso más que entonces. Desde el 2009 hemos duplicado el patrocinio privado, que hoy casi equivale al público; hemos reducido el coste de la producción artística en un 25%, y los gastos generales han descendido casi un 30%. Cuando pase la crisis las cosas serán muy distintas a como las hemos conocido antes. Las instituciones que no sean eficientes serán inviables. En el Teatro Real estamos preparándonos para ese futuro.
¿Están en el límite de las aportaciones públicas?
El presupuesto del Teatro Real se financia con un 30% de aportaciones públicas y un 70% de patrocinio privado y actividades propias, cuando antes de la crisis lo fondos públicos cubrían casi el 60% de nuestro presupuesto. No hay en toda Europa un solo teatro de ópera que tenga unas subvenciones públicas cuantitativa y porcentualmente tan bajas como las nuestras. Es evidente que se ha alcanzado el límite en el descenso de la participación pública si queremos que en España exista un teatro de ópera equiparable a los teatros europeos.
Si el presupuesto siguiese bajando…
No lo contemplo. Es más, creo que algunas de las instituciones públicas que participan en la financiación del Teatro Real deberían reconsiderar al alza en el futuro sus aportaciones. Siempre que se entienda que supone un valor añadido para la ciudad de Madrid, que tiene también sentido en el ámbito del Estado y que contribuye a la marca España.
¿Ha pensado usted en algún momento en dimitir por los recortes?
Para servir a una institución cultural pública se precisa no solo contar con la confianza de las administraciones que te lo han propuesto, sino creer tú mismo en la viabilidad del proyecto. Si en algún momento no se diera alguno de estos dos supuestos, sin duda lo dejaría.
El Teatro Real necesita cuatro millones más de patrocinio que el año pasado para cuadrar el presupuesto. Solo lleva 1,5 más. ¿Tirarán de las reservas?
Seguimos creyendo que vamos a poder alcanzar un equilibrio presupuestario. En los dos primeros meses el patrocinio ha subido ya casi dos millones de euros. La ocupación media hasta junio, con las ventas ya realizadas, se acercará al 95%, y estamos alquilando con éxito las nuevas producciones fuera de España. Son datos alentadores.
¿Cómo convence a las empresas para patrocinar al Real sin una Ley de mecenazgo?
No dan dinero a ciegas. En nuestro caso están apoyando la marca del Teatro Real, una excelente gestión y un magnífico proyecto artístico de trascendencia internacional. Pero, además, saben que no solo valoramos su contribución económica sino también la experiencia personal que aportan. Para ello hemos abierto unos cauces de participación que prevén también su presencia en los órganos de gobierno.
¿Comparte la decepción de instituciones como El Prado en la tardanza o falta de interés del Gobierno en legislar?
La Ley de Mecenazgo es necesaria para ensanchar el patrocinio privado, y ojalá las circunstancias permitan promulgarla en esta legislatura. Me parece un signo imprescindible de modernidad social. Me consta el interés que tiene el Ministerio porque así sea, y creo que todas las instituciones culturales debemos apoyar y urgir esta iniciativa.
¿Hay que bajar el IVA?
Estoy convencido de que en el ámbito cultural debería rebajarse para equipararnos con los países de nuestro entorno y por razones estratégicas, por lo que la cultura significa en una sociedad moderna y democrática.
¿Por qué se pone en tela de juicio permanentemente la labor y la continuidad del director artístico, Gerard Mortier?
La reunión del último Patronato ha evidenciado lo contrario. El proyecto actual del Teatro Real, del que la programación artística forma parte esencial, cuenta con el apoyo unánime de su órgano de gobierno y de las administraciones públicas en él representadas. Gerard Mortier va a cumplir íntegro su contrato, es lo serio y lo que conviene al Teatro Real, y los que afirman lo contrario confunden sus deseos con la realidad. Es cierto que a su llegada a Madrid ha habido un sector del público que le recibió con recelo, y que manifestó un desagrado inicial con la programación. Estas opiniones críticas nos inspiran respeto pero son minoritarias. La polémica forma parte de la ópera.
La presidenta de la Comunidad y él se profesaban una antipatía manifiesta y explícita.
Es cierto que había entre ellos una tensión dialéctica que al final a ambos divertía. Esperanza Aguirre es muy consciente de que su abuelo fue uno de los defensores de la vanguardia de la ópera a principios del siglo XX, uno de los wagnerianos más acérrimos. Por tradición familiar sabe, por tanto, muy bien cómo las generaciones siguientes incorporan lo mejor de la vanguardia de cada momento al repertorio tradicional.
La consejera de Cultura volvió a censurar la programación del Real hace unas semanas.
He aclarado con ella lo que quiso decir. Y puedo asegurar que el proyecto del Teatro Real cuenta igualmente con su apoyo. Lo cual no quita para que también en los órganos de gobierno de este teatro pueda haber opiniones distintas y, naturalmente, críticas.
¿Usted cómo logra llevarse tan bien con todo el mundo?
Desafortunadamente, con el paréntesis de la Transición, nuestra sociedad carece del hábito de pactar. Pero se necesita. Por eso, si un ciudadano está dispuesto a intentar siempre el consenso, es independiente pero no descomprometido, y es liberal frente a la intolerancia, llevarse bien con casi todos resulta relativamente fácil.
A José María Lassalle se le ha visto muy poco en el Real desde que es Secretario de Estado de Cultura. Se dice que están un poco decepcionados con él.
Viene más de lo que parece, pero es cierto que nos gustaría tenerle aún más entre nosotros. Pero, a efectos del proyecto del Teatro Real, ha estado siempre cercano, antes del 20 de noviembre de 2011 y después.
Se puede decir lo mismo del INAEM y su director general.
El actual director general del INAEM asiste a todos los estrenos, a todos los patronatos y a todas las comisiones ejecutivas, y mantenemos con él una excelente relación de colaboración.
No dicen eso.
Es posible, pero los hechos, al final, son muy tozudos y se imponen.

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