27/4/13

Baile desde el corazón



Fuente: Lola Hierro (elpais.com)
Bruno, un virtuoso del violonchelo que estremece a quien le escucha, tiene un enorme problema: ha entrado en una crisis creativa de la que no sabe si saldrá. Su hermano Ariel, que es sordomudo, no entiende qué sienten las personas que escuchan la música que Bruno crea, y tampoco que alguien que genera esas pasiones puede estar tan deprimido, pero aún así decide ayudarle y para ello contacta con Victoria, una antigua amiga de cuando su hermano iba al conservatorio, que también le enseñará a través del ritmo a sentir la música que no puede oír.
Así arranca Mi piedra Rosetta, un texto escrito por José Ramón Fernández, Premio Nacional de Literatura Dramática 2011, para la compañía Palmyra Teatro, pionera en la integración de personas con discapacidad en el mundo de las artes escénicas. “Es una obra que habla de la mirada hacia la discapacidad y de poner la atención sobre lo que la sociedad deja de lado”, relata David Ojeda, el director del espectáculo.
El reparto está formado por cuatro personas, de las que dos tienen algún tipo de discapacidad física o sensorial. “La única petición que le hicimos a Fernández fue que tuviera en cuenta las particularidades de los actores”, explica Ojeda. Así, se trata de un libreto adaptado a ellos pero que también les ha obligado a trabajar y enfrentarse a retos personales.
Es el caso de Jesús Barranco, que interpreta a Bruno, “un personaje misántropo y deprimido que busca la muerte, todo lo contrario a cómo es Jesús en realidad”, asegura Ojeda. “Para él ha sido un reto preparar un personaje así”. La coreógrafa Patricia Ruz también ha hecho un gran esfuerzo porque es la primera vez que interpreta un papel como actriz. “Hasta ahora se había limitado a su trabajo como coreógrafa y bailarina”, asegura Ojeda.
Los dos actores con discapacidad son Christian Gordo y Tomi Ojeda. El primero interpreta a Ariel, el hermano de Bruno. Padece sordera, pero tiene un trabajo gestual “muy creativo y muy artístico”, según su director. El reparto lo completa Ojeda, que interpreta el papel de Victoria. Desde una silla de ruedas, demuestra que no hace falta usar las piernas para bailar, porque se baila con todo el cuerpo y con el corazón.
Mi piedra Rosetta, es después de todo, la historia de cuatro personas que acaban por necesitarse unas a otras. “Unos arreglan a otros y todos se necesitan”, aclara el director. “Todos se enfrentan a una posibilidad y a una limitación”.
Para lograr que la obra sea accesible a todo el mundo, la compañía Palmyra pone a disposición de los espectadores varios sistemas para las personas con discapacidades de visión o de audición y que han sido desarrollados con la colaboración de la Universidad Carlos III de Madrid y del Centro Español de Subtitulado y Audiodescripción (CESyA).
Las personas ciegas dispondrán del sistema Whatscine, que les permitirá recibir información a través de sus teléfonos móviles y además podrán realizar una visita al escenario 60 minutos antes de la función para palpar la escenografía de la obra.
Del mismo modo, las personas sordas contarán con un sistema de sobretitulado que les permitirá seguir el desarrollo de la obra.
Mi Piedra Rosetta es teatro, danza y música, pero adaptada a todos los públicos. Para Ojeda, lo más complicado ha sido contar una historia teniendo en cuenta hasta ocho sistemas de comunicación diferentes y sin dar más importancia a uno sobre otro. “Se trata de hacerlo accesible para todos y de demostrar que no cuesta ni mucho esfuerzo ni mucho dinero”, resume.
Mi piedra Rosetta. Sala La Cuarta Pared. (Ercilla, 17) 26 y 27 de abril; 2, 3 y 4 de mayo. 21.00. 14 euros.

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