23/6/13

Ovación a Calixto Bieito en Berlín



Fuente: Rosalía Sánchez (elmundo.es)
El teatro Schiller, sede provisional de la Staasoper de Berlín, se ha puesto en pie esta noche para ovacionar la puesta en escena que Calixto Bieito ha ideado para 'Hanyo', de Toshio Hokosawa (Hiroshima, 1955). Un Bieito contenido, poético y sutil, que constituye sin duda un valor añadido a la partitura japonesa y que alcanza un gran nivel de profundidad en esta nueva coproducción del Festival Trienal del Ruhr y la Staatsoper de Berlín.
El argumento de 'Hanyo' se basa en una obra de teatro 'nô' de Yukio Mishima (1925-1970). Partiendo de un relato medieval, Mishima construyó una historia llena de erotismo y sofisticación emocional que capta mejor que nadie la relación entre Oriente y Occidente y la pulsión entre sexo y muerte. Narra la historia de una joven que espera eternamente a su amante, que prometió volver, y Bieito convierte la niebla en elemento onírico y confunde la perspectiva entre la lucidez y la demencia gracias a unas vías del tren que proceden del lejano fondo del escenario y atraviesan en una línea imaginaria el patio de butacas, directamente al subconsciente del espectador para situarlo en el centro del conflicto, en el límite entre la razón y la locura.
La acción transcurre en una estación de tren abandonada y el director de escena se empapa del minimalismo zen en sus elementos, en un equilibrio perfecto entre la música y la escena. Él mismo ha reconocido: "Es la primera vez que acepto dirigir una ópera tanto por la fuerza del libreto como por la belleza de la música". Bieito se ha lanzado al pozo de los sentimientos profundos y obsesivos del amor y la autodestrucción, ideando un contexto oscuro en el que la joven espera para siempre, como metáfora bellísima e intensa del desengaño y la trayectoria vital.
Sin duda han contribuido al éxito del estreno los tres exquisitos cantantes, Ingela Bohlin en el papel de la perdida Hanko; Ursula Hesse von den Steinen como la posesiva y desamada Jitusko y Georg Nigl como Yoshio, cuya llegada no rompe la línea eterna de la desesperación.
Dirigiendo la orquesta, que actuaba como personaje fantasmal y aparecía maquillada como tal, Günter Albers se centró en el contraste de matices desde el extremo de la suavidad a la dramaturgia expresionista, logrando una interpretación misteriosa y con gran sentido dramático de la refinada y dinámica partitura, que vuela desde la obra e teatro original para elevarse hacia los sentidos más exigentes.

Respeto por la trascendencia

La obra, por cierto, aparece publicada junto con otros cuatro textos en un libro de la editorial Gallimard francesa sobre teatro 'nô' moderno de Mishima, traducido y prologado por Marguerite Yourcenar. La escritora sale al paso del pensamiento de Claudel a propósito de las diferencias entre el teatro griego y el 'nô' afirmando que, por muy distintos que sean, "confluyen en los dos grandes resortes de la tragedia: el terror y la piedad".
Las piezas 'nô' de Mishima, como las antiguas de las que en cierto modo son herederas, participan de un carácter ritual, alusivo, ceremonioso y nostálgico. Bieito ha sabido situar el miedo y la compasión en primer plano y el público le ha agradecido su exquisito respeto por la trascendencia.

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