11/7/13

EL VENENO DEL TEATRO


TEXTO: RODOLF SIRERA
DIRECCIÓN: MARIO GAS
VERSIÓN y ADAPTACIÓN: JOSÉ MARIA RODRÍGUEZ MÉNDEZ
INTÉRPRETES: MIGUEL ÁNGEL SOLÁ y DANIEL FREIRE
DURACIÓN: 65min
PRODUCCIÓN: TEATROS DEL CANAL, CLECE, CONCHA BUSTO PRODUCCIÓN Y DISTRIBUCIÓN y MAJI
TEATRE ROMEA (GREC 2013)

Mario Gas recupera el texto más representado de Rodolf Sinera, escrito en los años 70. Y aquí estriba el primer problema, la pertinencia o no de recuperar un texto como este. En el programa de mano se indica que es una versión y adaptación realizada por José María Rodríguez Méndez. Desconozco el texto original, pero la versión todavía adolece de un cierto olor a naftalina. Hay miles de textos que hablan de teatro de una forma más realista, con un juego que convence. Aquí todo parece un pegote, y las piezas encajan con ciertos problemas sin solución. El juego teatral, lejos de sorprender, destapa demasiado pronto sus bazas.

La fallida dirección de Mario Gas que sólo parece ver una luz escasa de camino al final cuando la situación ya es del todo histriónica que marca un ritmo por sí sola. Los actores quedan como muñecos de hojalata durante buena parte de la obra. Demasiada contención de movimientos y a nivel vocal. Un fallo garrafal que a una le cuesta entender es la decisión de eliminar el acento argentino de los actores y hacerlos sonar como neutro. La voz de ambos queda empastada con un tono grandilocuente que no refuerza más que el histrionismo de la obra. Me hubiera encantado que el "Cállate" que le lanza el personaje de Miguel Ángel Solá al de Daniel Freire hubiera sonado a "calláte". 

Los intérpretes poco creíbles durante los treinta primeros minutos despegan en la parte final. Eso sí, Miguel Ángel Solá se come por momentos la interpretación de Daniel Freire. Quizás más tablas o una interpretación más acertada de su personaje. A nada les ayuda a ambos la escenografía de Paco Azorin, demasiado tenebrosa. Si antes hablaba de naftalina aquí el derroche es tremendo. Quizás sirva para una remake de la Familia Adams, tenebrosa y de otra época.

El veneno del teatro sirve para ver que los años pasan y la dramaturgia ha cambiado. Para algunos ya no se escriben textos como estos será un lamento. Para otros, y me incluyo, una suerte. El veneno del teatro ahora son el IVA, ver la platea del Romea al 30% de su capacidad, escuchar que el gobierno no pone freno a la sangría. Para los teatreros nuestro verdadero veneno es llenar plateas. Sin duda me quedo con esto último. El mejor veneno del mundo es el teatro. ¡Vayan!

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