8/8/13

Romeo Castellucci: "El peor enemigo de tu trabajo eres tú"



Fuente: Justo Barranco (lavanguardia.com)

Si Josep Maria Flotats tuvo una insólita reparación hace escasas fechas en el Teatre Nacional de Catalunya, la Bienal de Teatro de Venecia que dirige Àlex Rigola ha logrado desagraviar a otro hombre que no es profeta en su tierra: Romeo Castellucci, que este domingo cumplió 53 años. El presidente de la Bienal de Venecia -que agrupa los festivales de cine, teatro, música, danza, arte y arquitectura-, Paolo Baratta, ex ministro de Industria, entregó el León de Oro a Castellucci diciendo que "debíamos reparar una deuda con un director que Europa ha reconocido como uno de los más grandes y aquí algunos han visto como molesto".

Felicidades por su cumpleaños y por el León de Oro. ¿Cómo lo ha vivido?

Me ha conmovido mucho. Es una voz institucional que representa una institución italiana importantísima y ha dicho palabras fuertes que me han sorprendido. Aún estoy tocado. El premio es naturalmente idea del director del festival, de Àlex Rigola, pero luego lo tiene que confirmar el consejo de la Bienal y lo han aceptado. Me ha golpeado porque mi teatro nunca ha sido bienvenido en Italia. Dos veces han intentado cancelar mis trabajos por el Ministerio. Recientemente ha habido dos interrogaciones parlamentarias, dos, naturalmente organizadas por la derecha, por la Liga Norte y el partido de Berlusconi pidiendo nuestra suspensión, la censura del espectáculo Sobre el concepto de rostro en el hijo de Dios. El primer intento de censura fue hace 14 años con el primer gobierno de Berlusconi. Han sido las instituciones, porque el público está. Pero para las instituciones soy un mal ejemplo, un ejemplo de teatro peligroso. Logro mostrar mi trabajo en Roma, en el Europa Festival, y en otros pequeños centros donde puedo mostrar las obras pequeñas, las performances, no las grandes.

¿Quiere que su trabajo sea peligroso?

Sí. Depende de qué cosa se entienda. En cierto sentido el teatro es algo que tiene un lado peligroso, como en todo el arte. El deber del arte es generar pensamiento, y entiendo que en ciertos casos mejor si no se piensa. Y el teatro es visto por las instituciones italianas como un divertimento, como un producto de industria, de comercio.

¿Qué queda de ese embrión de teatro europeo que parecía estar germinando estos años al programar en bastantes países muchas obras del resto del continente?

Ha habido un gran momento de intercambio sobre todo gracias a la labor de algunos teatros y festivales, en España el Grec y el Teatre Lliure, siempre con una programación internacional, y así como en España en tantos otros países había teatros y festivales que han permitido este gran intercambio de información fundamental y que en América no existe, es una riqueza típicamente europea. Ni inglesa. Es una riqueza que tenemos en Europa y es un bien precioso a salvar. Y con la crisis los intercambios se han reducido pero no han muerto, aún está activo. Han cambiado las reglas, la modalidad. A mi juicio, la pobreza no debe ser vivida sólo como un límite sino también como una ocasión de repensar las reglas fundamentales del teatro. La crisis debe necesariamente llevar a una renovación. Es una obsesión. ¿Se puede hacer un espectáculo con 500 euros? Quizá sí. Y si se puede el pensamiento sobre la creación cambia, se convierte en otra cosa, se abren nuevos lenguajes. Yo creo profundamente en la capacidad de salir adelante, sobre todo de los jóvenes, que no tienen nada que perder. La gente de mi generación tiene más problemas, porque se han acostumbrado, quizá de modo equivocado, a tenerlo todo, a tener demasiado. Espero que las nuevas generaciones puedan tomar este momento de crisis para hacer un cambio.

Dice que este intercambio teatral europeo no ha muerto pero se ha reducido. Es como Europa hoy.

Sí, sí. Es el retrato de Europa. Veamos qué sucederá con el festival de Aviñón, que ha sido una muestra fundamental para crear lazos entre culturas diferentes y lenguajes diversos. El Grec también era así. Muchos festivales. Espero que continuarán en estas direcciones. Si te cierras sobre ti mismo, se ha acabado. Se convierte en otra cosa. Un espejo de identidad nacional, sin apertura, sin discusión, sin confrontación con los demás. Espero que los grandes festivales continúen teniendo una visión abierta.

Dice que la crisis puede ser una oportunidad, que las generaciones que trabajan se han habituado a mucho, que se puede trabajar con menos. ¿Ve un cambio?

Sí, siento estas cosas. No he visto todavía las grandes obras, pero deben nacer obras extraordinarias. No buenas, extraordinarias, que permitan dar el salto no sólo para artistas singulares, sino para generaciones enteras. No han llegado aún. Hay fermento, están creciendo. Veo las cosas que hacen los jóvenes de mi laboratorio y hay cosas extraordinarias, imágenes de belleza fulgurante que no he encontrado en la Bienal de Artes Visuales de este año. Las ideas y la potencia creativa está, aún en fase potencial, y se deben dar cuenta del poder que tienen. Son un poco tímidos, deben ser más osados.

¿Qué papel puede tener el teatro como respuesta a esta crisis, porque parece que el público está dejando un poco el teatro?

Las instituciones también han perdido público en Italia, pero están surgiendo muchos lugares pequeños, espontáneos, de artistas y es una cosa muy positiva. Falta un diseño, una línea artística, pero no es lo más importante. Y están llenos de gente, hay necesidad pese a la dificultad económica. Además en estos lugares el precio es bajo, la gente va a cambiar la política económica del espectáculo en el teatro. Lo que se pone en discusión ahora es todo el sistema teatral. Y las instituciones culturales no se dan cuenta de estos grandes cambios. Son máquinas demasiado grandes y no logran seguir la velocidad de la contemporaneidad. Las instituciones más ágiles, independientes, han resuelto el problema mejor.

¿La crisis ha cambiado su teatro?

La crisis se siente por todas partes. Busco hacer un trabajo más esencial, por todo, pero también por un sentido ético. Hacer un trabajo de economía. Soy afortunado porque sigue habiendo muchos teatros interesados en producir mi trabajo y puedo producir bien las piezas y poner un precio más bajo porque son muchos. Pero además hago pequeñas producciones extremadamente simples, he hecho un espectáculo en Aviñón recientemente sin escenografía. La dificultad te ayuda a encontrar las ideas.

¿Qué significa lo que dice el programa de que quiere empujarse más y más lejos? ¿Qué quiere cambiar de su teatro?

El peor enemigo de tu trabajo eres tú. Quiero cambiar siempre. Estoy haciendo trabajo también en la ópera pero es una situación diferente, no hay tantísimo pero hay mucho. En el teatro ni siquiera hay suficiente. Hay que cambiar no sólo por la crisis sino por ir a una dimensión desconocida, mi objetivo es perder la orientación. Ir a lo ignoto, que cada paso que das, cada decisión, sea incierta. Es una manera de tomar distancia del propio trabajo. El teatro no es mi casa, no quiero un hábito. Personalmente creo que es equivocado tener confianza en el teatro, en lo que se hace, extremadamente peligroso.

¿Pero seguirá trabajando en ese mundo de imágenes tan potentes que caracterizan sus obras?

Para mí las imágenes son muy importantes. Las palabras tienen un peso específico enorme, hay que usarlas como se usa el explosivo, son extremadamente densas, pocas palabras son suficientes porque explican conceptos que son revelados. Es un peligro de la comunicación verbal, te arriesgas a caer en el discurso. En cambio las imágenes cuanto más precisas son, son más plurales. Como un prisma transparente que lo giras y cambia de forma pero sigue siendo transparente. Es la potencia de la imagen. Tú espectador recibes de un modo, el de al lado de un modo completamente distinto. Eso es una garantía de la potencia de la imagen. Me gusta esto, pero también la contradicción, así que quien sabe si un día mi trabajo no serán imágenes.

Se lo decía porque últimamente ha trabajado obras de Hölderlin y Nathaniel Hawthorne.

Pero es que Hölderlin es un escritor muy particular. En él la palabra no reconduce al significado, es el acto, hablar es operar, liberar, para él es muy importante la cesura para crear una interrupción, un espacio, sus palabras dan espacio al espacio, son el pretexto para construir un espacio. Como la palabra trágica, ¿eh? La palabra trágica, que Hölderlin retoma, produce silencio, esta es la paradoja. No es para nada un discurso. Es un abismo que se abre siempre más. El error trágico en este sentido hablando produce el vacío. La palabra se produce a sí mismo, es la materia, el cuerpo. Y Hawthorne es un escritor que escribe muy bien pero produce imágenes. No me interesa cómo escribe sino por su puesta en escena, el dispositivo teatral, a la envoltura de su increíble personaje de El velo negro del pastor, que es aún una pesadilla para mí.

¿Qué les dice a sus alumnos del taller de la Bienal?

Les presento problemáticas y ellos deben desarrollarlas y luego hay una discusión. No digo cómo se hace porque eso no funciona. No hay una obra, hay tantas, esa es la fuerza del teatro. Les pido que intenten ser infinitamente problemáticos. Una búsqueda que debe tocar extremos impensables. Se trata de despertar la imagen, de evocarla, porque no se puede dominar, por definición pertenecen a todos. Cómo evocarlas, volverlas problemáticas.

Aunque vivamos en el mundo donde nos inundan las imágenes, todo el mundo haciendo fotografías.

Estas imágenes pertenecen a este río infinito de información que no informan nada, que se convierten en un desierto perfecto. Venecia, porque aquí estamos, es un desierto. En esta realidad hiperconectada donde las imágenes viajan en tiempo real es un campo perfecto para despertar las imágenes porque no hay nada, hemos vuelto al desierto. Estamos como Juan Bautista en el desierto, nada a ver, nada a sentir. Es una situación privilegiada, muy diferente a los años 80 aunque ya tenían muchas imágenes. O en los años 60, que lo resolvieron con el pop art. ¿Qué hacer con todas las imágenes que les rodean? El pop art usó las imágenes de la cultura popular en sentido homeopático. Hoy no es ya posible, pero es una buena noticia. En esta infinidad de señales se puede ser puro de imágenes.

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