26/9/13

Ubú rey o los monstruos de cada día



Fuente: Begoña Barrena (elpais.com)
El estreno oficial de Ubu Roi en el parisino Théâtre de L’Oeuvre en 1896 fue todo un escándalo ya desde la primera palabra del texto, “Merdre” -enfatizada así, con una “r” intercalada-, por su atrevido lenguaje, el comportamiento transgresor e irreverente de sus protagonistas, Père Ubu y Mère Ubu -remedos satíricos de los shakesperianos Macbeth y su esposa- y los medios con que estos consiguen hacerse con la corona de Polonia. La pieza del joven e irreverente Alfred Jarry convirtió a Ubú en símbolo de la violencia y del abuso de poder, y supuso un antes y un después para una tradición teatral que a partir de ese momento viraría hacia el surrealismo y el absurdo. Los postulados más convencionales del teatro burgués, dominado por el simbolismo, se fueron a la ídem con su alucinada predicción de la devastación que el nuevo siglo XX iba a acarrear y que tan bien condensaba esa expresión soez del principio. La resonancia de esa “r” intercalada ha hecho que su onda expansiva llegue hasta nuestros días gracias a lo bien (¡) que los políticos han ido cumpliendo a lo largo de los años con esa visión de lo que iba a ser el nuestro mundo.
 En cuanto toma el trono, Ubú sube los impuestos, despoja y mata a nobles y magistrados, castiga a los comerciantes y hace de todo con el propósito de enriquecerse; al final, huye buscando otras oportunidades de dinero y poder. Muchos han visto, tras la cosa grotesca y el esperpento, un parecido más que casual con la realidad política de cada momento. En 2002, el premio Nobel Dario Fo y Franca Rame adaptaron la pieza de Jarry en un monólogo cuyo protagonista estaba inspirado en Silvio Berlusconi y sus escándalos; el título, Ubu bas, hacía referencia a la altura física y política del entonces presidente del consejo de ministros italiano. Ese mismo año, Àlex Rigola trasladaba la brutalidad, la crítica sobre el poder y la provocación que encierra la obra en un montaje deliberadamente salvaje por procaz que pudo verse en el Teatro de La Abadía de Madrid; buscó un equivalente actualizado almerdre original, añadió algún fragmento de Macbeth, tomó elementos de dictadores como Hitler o Franco e incluyó en su dramaturgia a Bush, Aznar y al Papa de Roma. Sin embargo, en nuestro país, quienes más veces han puesto el dedo en la llaga han sido Els Joglars de Albert Boadella, siempre a favor de la función higiénica de las parodias y las sátiras basadas en el poder real. Tanto Operación Ubú, montaje estrenado en el Teatre Lliure en 1981, como Ubú President, versión ampliada de 1995, tenían como gran protagonista al ex presidente de la Generalitat de Catalunya, Jordi Pujol. Según el programa de mano de la segunda, la primera “fue recibida como un fenómeno excepcionaldentro del moderado panorama teatral de aquellos tiempos. Los ingredientes de sátira política directa, así como el sarcasmo impecable sobre las megalomanías de nuestros dirigentes, encendieron las opiniones adversas de quienes creían que la joven democracia y el floreciente nacionalismo no debían ser materia de farsa".
Con estos antecedentes, el Ubu roi de los Cheek by Jowl, la compañía de Declan Donnellan y el escenógrafo Nick Ormerod, puede parecernos un picnic. O mejor dicho, una cena con amigos, pues este es el punto de partida del montaje que llega hoy (y hasta el domingo) al María Guerrero dentro del ciclo Una mirada al mundo del Centro Dramático Nacional tras estrenarse en La Haya en enero y pasar, entre otras plazas europeas, por el veneciano Teatro della Fenice en agosto, programado precisamente por Àlex Rigola, director de la Bienal de Teatro.
Donnellan parece desafiar la tendencia provocativa situando la trama de Jarry en un elegante salón de un piso parisino burgués y actual, recreado por Ormerod en color blanco, revistiéndola con la sobria sofisticación propia del contexto y decantándose por el anonimato de los monstruos protagonistas. Sin señalar a nadie, su Ubú se convierte en una delirante lucha generacional. Un matrimonio recibe en casa a unos amigos mientras el hijo adolescente de aquel se dedica a grabar la velada con una cámara de video, siguiendo los movimientos de sus padres ya desde los preparativos. Y será en su mente donde este grupo de burgueses perderá su discreto encanto para luchar por la corona del rey Wenceslao. La cena y la obra de Jarry se van intercalando con absoluta fluidez gracias al trabajo de los intérpretes, actores franceses con los que Donnellan ya había trabajado. ¿Dónde queda, a todo esto, su crítica? Pues más cerca de lo que parece, justo bajo las buenas maneras y modales. El Padre Ubú es el padre anfitrión que prepara los cocteles del aperitivo y saluda cordialmente a sus invitados al llegar. Es un amigo que comenta sus planes a aquellos en los que confía, induciéndoles al complot. Y será la tensión que genera la mirada del hijo, un poco al estilo de Haneke en Funny Games, la que nos pondrá sobre aviso y la que no permitirá que los monstruos salgan impunes.

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