7/10/13

Tolcachir estrena en Avilés 'Emilia', una obra sobre la necesidad de amar


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
Claudio Tolcachir irrumpió en la escena hace seis o siete años con un fabuloso estruendo a bordo de una de las funciones más adictivas y fascinantes que han podido verse últimamente en España: «La omisión de la familia Coleman». Llegaron después otros dos textos propios, «El viento en un violín» y «Tercer cuerpo» -además de «Todos eran mis hijos», de Arthur Miller-, que le confirmaron como una de las voces más hondas, penetrantes y brillantes del teatro iberoamericano actual.
Autor, director y actor, Tolcachir es en muchos aspectos el mascarón de proa de un puñado de artistas del otro lado del Atlántico que están contribuyendo a lo que se está denominando la «argentinización» de la escena madrileña, con un teatro cercano, latente y sincero. «Yo creo -dice el director-, que no se puede hablar de "argentinización", sino de "madrileñización", porque todos estos movimientos tienen que ver con la identidad; en Buenos Aires sucedió así: qué se quiere contar, qué se necesita contar».
Claudio Tolcachir ha vuelto a España para estrenar su nuevo texto,«Emilia», en Avilés (un lugar que, de la mano de Antonio Ripoll, se ha convertido en una plaza de primera en el teatro español). «Emilia» nace, precisamente, de la necesidad que tenía Tolcachir de contar esa historia, personal aunque no autobiográfica. La memoria de su infancia, recordada a través del relato de la que fue la niñera de su familia, fue el punto de partida para una historia -«la primera que escribo solo», dice-, en la que ha volcado «mís pesadillas, mis angustias, mis miedos y mis fantasías sobre el amor».
En «Emilia» se cuenta la historia del encuentro de Walter con Emilia, su antigua niñera. Él la lleva a su casa, a la que se acaba de mudar junto a su mujer, Carolina, y su hijo, Leo. «La familia -dice Tolcachir- es el entorno donde más desnudos y expuestos estamos, y me servía para contar lo que de verdad me importaba: la necesidad de amar, de constuir y sostener el amor a través de unos personajes que son al tiempo víctimas y verdugos; al contrario que en otras obras mías, aquí los personajes son cómplices de lo que sucede; saben que mienten, y mienten mucho, son cómplices del dolor».

Tintes de thriller

Un sugerente y hermoso espacio creado por Elisa Sanz -Tolcachir lo imaginó en un estado cercano al sueño-, y sutilmente iluminado por Juan Gómez Cornejo enmarca la acción de «Emilia», una obra con tintes de thriller, acre y oscura, con pocas rendijas por las que entra la luz del humor; pero profundamente emocionante. La función es un ovillo desmadejado del que el director va tirando hasta conseguir tensar el hilo; con él ata a los espectadores a una historia llena de corazón y silencios, con personajes llenos de contradicciones y dobles caras.
Es la primera vez que Tolcachir trabaja en una de sus obras con actores españoles. Él se deshace en elogios hacia ellos «por su entrega, su compromiso, su esfuerzo y su talento». El director argentino, un auténtico maestro de actores, logra un quinteto afinado, con interpretaciones sinceras y palpitantes. A la cabeza, Gloria Muñoz, una actriz magnética, de la que es difícil apartar la mirada, incluso cuando no habla; con ella, Alfonso Lara, Malena Alterio, Daniel Grao y David Castillo, igualmente convincentes y entregados.

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