8/10/13

Una 'master class' de Norma Aleandro

Fuente: José Luis Romo (metropoli.com)
A sus 77 años, Norma Aleandro no necesita presentaciones. Ganadora del Premio a la Mejor Actriz en los festivales de Cannes y San Sebastián, nominada al Oscar y protagonista de títulos como La historia oficial o El hijo de la novia, su nombre infunde tanta admiración como respeto, una mezcla de sentimientos que debieron sentir los alumnos de otra mujer que no necesita presentación, Maria Callas.
A principios de los 70, la diva del bel canto recaló en la Juilliard School de Nueva York para dar clases a jóvenes talentos de la ópera. Una etapa que el dramaturgo Terrence McNally transformó en Master Class, en un recorrido por la vida de esta diva premiada en 1996 con el Tony a la mejor pieza dramática. La argentina ya interpretó esta obra hace una década en Buenos Aires y, ahora, la trae a España, donde se podrá ver a partir del 9 de octubre en los Teatros del Canal. Metrópoli ha pedido a la actriz que nos imparta su propia master class.
Como maestra, ¿qué consejos da a los que empiezan?
Pues mire, si realmente tienen ánimo, que sigan hacia adelante. Porque, en algún momento, esto les tiene que hacer bien, como personas, no ya como actores. Porque nos revela taaaaantas cosas de este universo que nos ha tocado vivir, que vale la pena. Pero todo esto si les entusiasma. Si no les entusiasma que lo dejen ya, porque esto implica unos sacrificios enormes. Conseguir la técnica de un actor es durísimo. Como para un pianista, son muchas horas de teclado, pero para un actor no de teclado, sino de alma humana.
¿Qué le ha enseñado la actuación?
He aprendido que, primero, no somos todos iguales. La realidad no es una sola, ni muchísimo menos. Y que ninguno sabe qué significa ser normal.
¿Se llega a dominar del todo la técnica del actor? ¿A usted aún le cuesta enfrentarse a un nuevo papel?
No, por Dios, me cuesta muchísimo. Es una labor tremenda. Nuestro oficio es como una artesanía. Piensa en un carpintero. Ya supo hacer el banquito, pero ahora le toca hacer una silla. Luego, un ropero con cuatro puertas y así... Siempre hay algo más difícil para uno y, además, empieza a verlo con una profundidad tal que se da cuenta de que cada vez es más difícil. El mismo personaje hecho con los años te indica que puedes profundizar un poco más. Es lo que me ha pasado a mí con Maria Callas.
¿Cómo trabaja un personaje basado en una vida real?
Mire, cuando un personaje tiene que ver con la vida de alguien, lo importante no es la persona, sino estudiar al personaje, que es lo que importa en el teatro, el personaje en sí mismo. Yo mientras estudiabaMaster Class, lo que hacía era escuchar a Maria Callas. Más allá de los vídeos que hay de ella de Medea, que es la película que hizo, lo que realmente más me interesó mientras estudiaba el personaje fue escucharla. Escucharla me inspiró siempre porque es un ser excepcional como cantante.
A menudo se tiende a ver a los actores como seres inseguros. En su caso, este papel se lo vimos aquí a Nuria Espert, ¿teme las comparaciones?
Nuria es alguien a quien quiero muchísimo, tanto por razones teatrales como fuera de ellas. Yo pienso que ella es una de las grandes actrices del mundo. La he visto en muchas cosas tanto en España como en Argentina, donde ha venido mucho, por suerte. Además la he conocido como persona. Cuando yo llegué al exilio en España, una persona que yo no conocía personalmente, me llamó por teléfono y me invitó a tomar el té a su casa. Ésa era Nuria Espert. Ni le cuento lo que significa eso. Recién llegada de un exilio, a un país desconocido por más que fuera el país de mi madre y mi hermana... Era un país extraño y ella fue la primera persona de este ambiente del teatro que me invitó a charlar, y a charlar largamente. Es de una generosidad muy grande, así que la quiero mucho.
¿Cómo recuerda aquellos años de exilio en España?
¡Terribles! (se echa a reír) ¡Terribles, terribles! Pero terribles no por dónde uno estaba sino por cómo uno estaba. Yo no estaba bien... Hubiera sido ahí o en Checoslovaquia. Estaba aterrorizada por lo que estaba pasando en mi tierra y España no estaba acostumbrada a recibir emigrantes como sí lo está ahora y, realmente, caíamos como sapos de otro pozo, no sé cómo se dirá allí. Realmente, era muy raro todo. Yo no llegué a trabajar en España, sólo hice pequeños papeles, casi como una extra.
Lo que nos perdimos...
Bueno, yo había perdido mi tierra, no era tan grave lo que perdieron ustedes (ríe).
Usted fue la primera actriz hispana nominada al Oscar y en ganar el premio de Mejor Actriz en Cannes. ¿Qué valor le da a los premios?
Mira, te voy a decir algo que no sé cómo sonará, pero tampoco me importa. No estoy orgullosa de esos premios ni de otros galardones que he recibido, aunque algunos sean realmente interesantes por la gente que los da. Sin embargo, más me importa lo que me ha pasado con el público a lo largo de mi trabajo, porque yo trabajo para el público. Si una trabajara para los premios, ¡qué desastre sería! El teatro está hecho para el público. Si uno es escritor, anhela publicar, pero si no hay lectores, es como si nunca hubiera publicado. Esa sensación en teatro es aún más fuerte. Por esa cosa que preguntamos: "¿Cuánta gente hay en la platea? ¿20? ¡Qué maravilla! Esta función es para esos 20".
Cuando ya no se tiene nada que demostrar, ¿qué la mueve a seguir actuando?
¡Pues que amo esto realmente! Si no, no lo haría. Son de estos oficios que necesitan de muchas herramientas para llevarlos a cabo. Y estas herramientas son esenciales en la vida de un actor. Es importante tener preparados no sólo el cuerpo y la voz, sino también el alma, para ser alguien diferente a uno, con pensamientos totalmente diferentes a los que uno tendría, con situaciones, con reacciones diferentes. Ser actor nos ayuda a conocer al ser humano, es como un laboratorio infinito en el que soy parte del experimiento en el que estoy trabajando. Y eso yo no me lo puedo perder.
Entonces, ¿cuándo debe retirarse un actor? ¿Imagina su retirada?
¡Noooo! Pero, ¿por qué? Salvo que me echen a patadas (ríe). Uno sólo se retira de los lugares donde no quiere estar. Uno se jubila de esos trabajos poco alegres que ha tenido durante su vida, que los ha hecho para sobrevivir. Entonces, llegado a una edad dice: "Por suerte, esto lo dejo". Pero esto no es un trabajo para mí. Hay grandes pensadores que creen que, si amas lo que haces, no es un trabajo.
Entrevistando a otra actriz me comentaba que ella creía que no se puede ser buena actriz y mala persona, ¿usted también lo cree?
(Ríe) Qué rica, ¿qué edad tiene?
No sé, treintaytantos...
Bien, eso es que tiene que esperar más años. Hay gente que es muy mala persona y son grandísimos actores (se echa a reír). Es verdad, hay grandes artistas que no han sido buena gente. No es sólo de la buen gente, desdichadamente, el mundo del arte. Si no sería fácil. No, no es así. Y, al revés también ocurre, porque hay gente maravillosa, que no tiene ningún tipo de talento. Es una pena.
Usted además de ser una gran actriz, dirige. ¿Por qué decidió dar el salto a la dirección?
Tardé mucho tiempo en tomar esa decisión, pero tenía una visión de lo que debía ser una obra, cómo debía estar puesta en un escenario, y sobre todo, cómo ayudar a los actores a salir de ciertos momentos en los que se traban. Me pareció que yo podía aportar algo en el mundo del actor que se siente perdido en el trabajo, como yo me he sentido. Así que fue más por ese lado que por pensar que yo podía hacer cosas geniales. Quería enseñar cómo la técnica puede ayudar a crear. Ser como un partero que ayuda a sacar lo que vos 'tenés', no lo que él quiere.
Master Class se representa del 9 al 27 de octubre de 2013 en los Teatros del Canal (C/ Cea Bermúdez, 1)