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29/7/13

BALANCE TEMPORADA 12/13


Por Elisa Diez

La temporada 12/13 ha estado marcada por diferentes aspectos que ya tenemos requetesabidos: el IVA cultural, la bajada de afluencia de espectadores a las salas, el precio abusivo de las entradas, la locura de los descuentos, promociones y ofertas. Ha sido una temporada puente entre años de bonanza y tiempos de cambio. Es necesario cambiar mentalidades ancladas en tradiciones pasadas y volver a conseguir que ir al teatro sea una religión, un acto cultural más allá de sentarse en una butaca "a ver lo que echan", ir al teatro es una experiencia única e irrepetible. Por eso "Keep Calm and Come to the Theatre".

Ha sido una temporada demasiado irregular de público y de propuestas. Dos programaciones de estrepitosos fracasos tanto artísticas como en sus números de asistencia: la última de Sergi Belbel en el TNC y la segunda de Julio Manrique en el Romea. Por contra el Teatre Lliure de Lluís Pasqual que venía de una temporada 11/12 bastante decepcionante, cierra la presente como una de las mejores, con afluencia de público, incluso agotando entradas, con una atención y servicio al público envidiable para el resto de teatros de la ciudad. Si el teatro se copia de sí mismo ya sabemos a quién tenemos que copiar.

Cuarenta obras más que la temporada pasada pueblan mi cabeza en estos momentos, once meses, 137 obras (Festival Grec incluido). Demasiadas experiencias vividas, no todas satisfactorias, eso ya sería pedir demasiado. Mi temporada tiene dos ejes claros: el Teatre Lliure con montajes maravillosos: Ivan i els gossos, L'Onada i Els Ferèstecs y las salas de pequeño formato con montajes como: Afterplay (Atrium) o Solfatara (Beckett). Evidentemente se repiten ejes anteriores, como la Sala Flyhard a la que sigues yendo con los ojos cerrados y cuyo éxito de esta temporada se llama Smiley (Guillem Clua) que la próxima temporada vuelve al Capitol. Y se añaden dos ejes importantes el circo y la danza, principalmente como modo de relax dominical es un gusto acudir al Mercat de les Flors, poco a poco voy ampliando el abanico de artes escénicas, y aunque sin crítica al bloc, me voy creando un hueco en la agenda para asistir a este tipo de propuestas.

Fuera de las salas barcelonesas, descubro a Pablo Messiez y Los Ojos en Madrid, obra que me deja cautivada y autor del que me gustaría descubrir más. Sigo empeñada en que algún día alguien lo estrene en Barcelona, viajar hasta Madrid está fuera de mis posibilidades actuales. Y descubro el Temporada Alta con una de las mejores compañías que montan Shakespeare, Nit de Reis de Propeller Theatre, maravilloso. La próxima temporada saldré a visitar más frecuentemente tierras gironinas me temo. Me encanta el teatro internacional, y en temporada es bastante difícil que se deje ver en Barcelona.

Pero sin duda la temporada 12-13 es la de las salas pequeñas o minúsculas. Miniteatr3s, Sala Fènix, Àtic22, Aquitania Teatre y las nuevas que se incorporarán a la lista la próxima temporada ofrecen un halo de viento fresco a la cartelera y son un reclamo de nuevas experiencias para un público que ya no le basta con comprar la entrada, sentarse en su butaca y esperar a que comience el espectáculo. En la próxima temporada veremos sin son pasajeras o permanentes y si el público sigue dando respuesta.

Lo que sí es cierto es que la temporada 12-13 el público ha cambiado. No me estoy refieriendo a la abuela María que va los domingos por la tarde a las salas comerciales. Sino a aquel público más fiel al teatro, que busca y rebusca cuáles son las mejores obras de la cartelera y que les recomiendan sus amigos y personas desconocidas. Fuera de críticas de diarios, los blogs, el Facebook y sobre todo el twitter se han convertido en pieza fundamental para la creación de un público cada vez más crítico y que ya no le vale cualquier cosa. Un nuevo público, nuevas maneras de acercarse a él, y todo un campo por explorar que a Barcelona todavía no se ha tocado y que hoy en día es indispensable.

A mediados de temporada un hecho nos dejo sin habla, la inesperada muerte de Anna Lizaran. Nos abandonó para siempre la dama del teatro catalán, y nos dejó muy solos y muy tristes. En estos meses de presentación de nuevas temporadas teatrales, todavía duele y resulta extraño no ver su nombre encabezando un reparto. El mejor homenaje se lo dio la platea en vida, llenando teatros y aplaudiendo sus interpretaciones, ahora quedan los post-mortem que llegaran este año.

Sin duda, esta temporada ha sido la consolidación del blog como un medio digital de información y crítica. Con una media de más de 10.000 visitas mensuales. Aunque el éxito ha estado de Twitter, con más de 2,200 seguidores. Eso sí, quizás de lo más orgullosa me siento, a toro pasado, ha sido de la polémica que "sin querer" comencé en torno a las nuevas críticas teatrales, no oficiales (en medios de comunicación digitales y no tradicionales), que un "blog pequeño" para algunos dé pie a un debate como el que se originó, es como mínimo para sentirse orgullosa del trabajo bien hecho.

Para finalizar, aunque sea lo más importante de la temporada, es el aspecto humano. La cantidad de gente que te vas encontrando por el camino, de sala en sala, caras conocidas y con las que compartir un pre y postfunción hacen que el simple hecho de asistir a una función teatral sea toda una experiencia maravillosa. Ese público fiel, en la mayoría de casos maltratado por algunas salas, y que hacen que de momento podamos tener una temporada más sin tener que echar la persiana. Por todos ellos, amigos y desconocidos, gracias. ¡Y hasta la próxima temporada!

28/7/13

Las revelaciones del Congreso de Teatro Clásico de Olmedo



Fuente: Rosana Torres (elpais.com)
Olmedo Clásico, el festival que desde hace seis años se celebra en la Villa del Caballero, dedicado al teatro barroco, ha tomado la delantera a sus hermanos mayores, (muestras de Almagro, Almería y Mérida), organizando el que se ha considerado el congreso internacional más importante sobre teatro clásico, en lo que llevamos de siglo, e incluso antes, y así lo han reseñado a lo largo de la semana que acaba de finalizar más de 150 expertos de primera fila, procedentes de un centenar de centros de investigación e instituciones teatrales de más de quince países, que ha debatido sobre El patrimonio del teatro clásico español. Actualidad y perspectivas.
Una vez más apareció el tema que siempre enfrenta a investigadores y creadores contemporáneos de teatro clásico, ya que ambos bandos se han encontrado en este brillante congreso que sirvió, entre otras cosas, para poner de relieve que sigue dándose un abismo entre ambos sectores. Los filólogos se sumergen en exceso en los legajos del teatro clásico para dar luz sobre un patrimonio tan excepcional, aunque en los últimos tiempos plantean textos cuidadosamente editados y ya pensando en la manifestación escénica. Pero los teatreros no entienden que los investigadores no tengan en cuenta que lo fundamental, para poner en boca esos textos, es que se de la comunicación con el espectador y para ello hay que recurrir a algo más que investigación literaria. A ello hay que unir interesantes aportaciones, como un portal virtual de teatro clásico y, sobre todo, la denuncia de que este sector se está quedando sin herederos, a pesar de la existencia de numerosos jóvenes excepcionalmente formados dentro y fuera de España en la etapa de bonanza y que ahora, sin saber hacer otra cosa que investigar y muy bien, se ven abocados al paro.
El encuentro, cuyo Comité Científico estuvo presidido por Víctor García de la Concha (ex director de la RAE y actualmente al frente del Instituto Cervantes), contó con un comité organizador, bajo la coordinación de Germán Vega, catedrático de la Universidad de Valladolid y codirector de Olmedo Clásico, junto a Benjamín Sevilla, y también responsable de las cuestiones logísticas del Congreso.
“El teatro clásico no es como la novela o la poesía de esos siglos, ya que el teatro está vivo hoy, y tiene posibilidades de decir cosas en el presente, ese ha sido el tema fundamental de nuestro congreso y no se ha dado otro que lo haya planteado así”, señaló Vega quien reconoció que en líneas generales puede hablarse de un cierto pesimismo, a pesar de los esfuerzos en España de iniciativas como la del festival de Almagro, de Almería y de Olmedo por acercar a teatreros y filólogos y de hecho este investigador piensa que sí se ha dado un gran acercamiento entre ambos sectores, mientras que otros expertos, como Luciano García Lorenzo, cree que no se ha conseguido el objetivo planteado.
La actriz, productora y directora Blanca Portillo, cuyos trabajos sobre Calderón han impactado y anonadado en muchos países (La hija del aire bajo dirección de Jorge Lavelli y La vida es sueño de Helena Pimenta) apuntó que a veces los filólogos olvidan que sólo el teatro clásico, representado hoy, será perfecto si se tiene en cuenta que se debe producir una empatía con el espectador: “Si no de poco sirven las investigaciones”, señala esta profesional que ha trabajado con adaptaciones y versiones de clásicos, realizadas por directores como Jorge Lavelli o dramaturgos como Juan Mayorga, que vienen a sumarse a la de otros nombres del mundo de la escena que meten cuchara en esos ‘intocables’ textos, porque piensan que hay que hacerlos entendibles a los espectadores de hoy y a sus objetivos escénicos, entre otros Ernesto Caballero, Calixto Bieito, Laila Ripoll, Manuel Canseco, Ana Zamora, Pedro Víllora, Eduardo Vasco, Julio Salvatierra, Pepa Gamboa, Antonio Álamo, Alfonzo Zurro, Fernando Sansegundo, Juan Dolores Caballero, muchos de ellos participantes en este congreso.

Aportaciones del congreso

Para la convocatoria y organización del congreso han unido sus fuerzas el festival Olmedo Clásico, interesado desde su no lejana creación en ser un espacio de reflexión y no solo de exhibición, la Universidad de Valladolid, que desde el comienzo ha dado apoyo y oficialidad a la faceta docente e investigadora del certamen, y el macro proyectoConsolider: TC/12, Patrimonio teatral clásico español. Textos e instrumentos de investigación, constituido por doce equipos de investigación I+D, con más de 150 miembros de Europa y América, cuyo cometido es investigar el patrimonio dramático clásico español de los siglos XVI y XVII.
Más de un centenar de trabajos de investigación se han ofrecido en las diez sesiones de comunicaciones, además de las presentaciones de proyectos, libros, páginas web y dos conferencias plenarias, a cargo de la catedrática de Florencia, Maria Grazia Profeti, quien recibió el Homenaje del TC/12 por toda una vida dedicada a la investigación del teatro del Siglo de Oro, y de Víctor García de la Concha. Especial relevancia han tenido las ocho mesas de debate directo sobre las cuestiones principales que plantea el presente y el futuro del teatro clásico español: su lugar dentro del patrimonio cultural, sus conexiones internacionales, los estudios en el ámbito del hispanismo, los planes de edición, la puesta en escena, su explotación cultural y económica así como las nuevas herramientas para su conocimiento y divulgación.
En dichos debates han participado primerísimas figuras de las distintas facetas implicadas, como los directores de de la Biblioteca Nacional, Ana Santos, de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Helena Pimenta, o de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, Jesús Pradells y expertos en textos dramáticos y puestas en escena más reconocidos de la actualidad en el panorama internacional: Ignacio Arellano, Alberto Blecua, José María Díez Borque, John J. Allen, Victor Dixon, Luciano García Lorenzo, Javier Huerta, Emilio de Miguel, Rosa Navarro, Joan Oleza, César Oliva, Felipe Pedraza, Blanca Portillo, Maria Grazia Profeti, Antoni Tordera, Eduardo Vasco, Marc Vitse, Ana Zamora, Jonathan Thacker (delfín de los estudiosos sobre teatro clásico), Christopher Couderc, (muy considerado a pesar de su juventud), Marco Presotto, Fausta Antonezzi (de las nuevas generaciones), José Camoes y Beata Baczyńska, entre otros.
Otra importante aportación del congreso llegó de la mano de las nuevas tecnologías y de las investigadoras Mercedes de los Reyes y Piedad Bolaños, que presentaron la reconstrucción virtual del Patio de Comedias de las Arcas de Lisboa, partiendo de la investigación con Juan Ruesga, al igual que ya hicieron en su día con el Corral de la Montería, que estaba en el Alcázar de Sevilla y hoy es una parte de los jardines. El vídeo, de unos 20 minutos, ha resultado de gran interés para los filólogos que así pueden ver cómo las obras fueron pensadas para corporeizarse en estos teatros.

Conclusiones

Al margen de los debates entre los diferentes expertos y sus trabajos se pueden extraer varias conclusiones tras las jornadas de trabajo. Por una parte se ha visto que el conocimiento del teatro español de los Siglos de Oro ha mejorado cuantitativa y cualitativamente gracias al apoyo de la investigación, que ha permitido constituir equipos para editar, elaborar herramientas digitales y otros aspectos: “Es la única forma de abordar un fenómeno tan grande en todas sus dimensiones, por el volumen de testimonios y por las muchas implicaciones artísticas, culturales, sociológicas, entre otras, que comporta. Es buena muestra de ello el TC/12, macro proyecto surgido de la conjunción de doce equipos, que es una de las instituciones que convocaron el Congreso”, señala el Vega, uno de los dos directores de este festival y del congreso, quien también ha destacado que en los últimos años el investigador de humanidades ha aprendido a trabajar en equipo y se mostraba especialmente satisfecho por el hecho de que muchos de los trabajos de investigación original presentados, así como las comunicaciones en el congreso (cerca de un centenar), tuvieron un nivel muy apreciable. Destacan los llevados a cabo por investigadores jóvenes, que muestran a las claras la capacidad formativa en la investigación de los equipos.
“Nunca ha habido gente joven tan preparada para afrontar un fenómeno tan destacado del pasado hispánico, con repercusiones claras en el presente. Lamentablemente esta importantísima masa crítica está amenazada por los recortes presupuestarios, que van a impedir que continúen”, se lamenta Vega. Una queja y lamento al que se suma la totalidad de sus colegas y más en un momento en el que, tal y como se ha puesto de relieve en el congreso, hay una gran necesidad de emprender las acciones necesarias para que mejore el conocimiento del teatro clásico en los distintos niveles educativos, así como en el exterior. “El teatro español del Siglo de Oro necesita ocupar el lugar que le corresponde al lado de otras dramaturgias de la época, como la inglesa o francesa, que han tenido mejor fortuna a la hora de formar parte del canon de la literatura universal”, señala Vega.

Lope y sus borradores poéticos

El congreso fue clausurado por el presidente del mismo, Víctor García de la Concha, que dio una conferencia titulada De las musas al teatro: borradores poéticos de Lope de Vega. Fue una brillante aportación sobre los borradores de Lope y en especial sobre el conocido como Códice Durán-Masaveu (nombre que debe a sus sucesivos propietarios). García de la Concha dejó claro que las hojas de este códice muestran que frente a la facilidad siempre predicada de Lope, el Fénix tocaba y retocaba sus poemas hasta necesitar páginas y páginas con versos tachados para dar con los definitivos 14 de un soneto. Los poemas de esas páginas muestran las inquietudes del Lope maduro, en esa etapa conocida como “ciclo de senectute” así como su voluntad de agrupar en series definidas temáticamente la producción de esos años; su religiosidad y otros aspectos de su vida.
García de la Concha concluyó su intervención en la clausura declarando su voluntad, como director del Instituto Cervantes, de asumir una propuesta del TC/12 conducente a un mejor conocimiento del teatro español en el extranjero. Ello consistiría en programar una serie de conferencias-espectáculo, que circularían por las distintas sedes del Instituto, y que llevarían a cabo especialistas en el teatro del Siglo de Oro y actores. Para ello se contaría también con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Nacimiento del portal de Teatro Clásico

De especial relevancia en este congreso ha sido la presentación en él del esperado y deseado macroportal de Teatro Clásico Español (TCE) en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (http://www.cervantesvirtual.com/portales/teatro_clasico_espanol/), que inauguraron los participantes el pasado jueves y del que Vega es director científico. Es producto de convenios de la Cervantes Virtual con instituciones como la Biblioteca Nacional, la Histórica de Madrid, la Menéndez Pelayo, el Institut del Teatre o el TC/12.
“El teatro clásico es una parte esencial del patrimonio cultural español, capaz de proporcionar a los estudiosos pistas valiosas sobre nuestro ser individual y comunitario, y de reclamar aún la atención del público en general desde los escenarios.
Este portal quiere poner a su servicio las grandes posibilidades que la era digital proporciona para abordar la enormidad de materiales de muy diverso orden que comporta: desde el acceso a los textos y los estudios a la visualización y audición de su encarnadura escénica, que es el sello distintivo del teatro con respecto a otras modalidades artísticas”, señala Vega quien deja claro que el portal inicia su andadura con la atención centrada en los Siglos de Oro, que constituye el núcleo de lo que se considera teatro clásico; pero, como no podía ser de otra manera, la intención es que muy pronto amplíe sus márgenes hasta abarcar periodos más recientes.
Seis grandes secciones intentan organizar los tipos de mirada sobre esta manifestación que consideran fundamentales: Fondos antiguos, Obras, Dramaturgos, Puesta en escena, Investigación y Escena actual. “Teatro Clásico Español nace con afán de consolidarse y crecer: lo permite el medio en que se mueve y lo conseguirá por la voluntad de las instituciones y el buen hacer de los expertos implicados, a quienes se lo agradecemos encarecidamente; también por las sugerencias de los usuarios, que solicitamos con modestia y agradecimiento adelantado”, afirma Vega García-Luengos.

Sin herederos y un futuro pésimo

En Olmedo se han dado enfrentamientos no sólo entre creadores escénicos e investigadores. Entre los propios filólogos se han visto serias confrontaciones, pero todos coinciden en apuntar que se están quedando sin herederos que continúen la labor realizada.
“Tenemos jóvenes excepcionales, como nunca los ha habido, que se forman no sólo con investigadores, sino también con las gentes del teatro, pero con un futuro pésimo”, apunta Vega, que ve como desaparecen los soportes de la investigación desde el punto de vista administrativo,lo que provoca una falta de futuro para estos jóvenes investigadores preparadísimos, que se están yendo a Institutos fuera de España y a Estados Unidos.
Jóvenes de poco más de veinte años, con una gran madurez, que ya han pasado con becas por los centros de investigación más importantes del mundo. Pero se están agotando las becas y luego no hay nada, a lo que se suma la desaparición de oposiciones para el empleo público. “Desgraciadamente se están yendo al paro, y encima seguirán investigando porque no saben hacer otra cosa; el caso es que nos quedamos sin herederos, ese es el gran problema, porque entre los 150 investigadores de primera fila hay un 70% de jóvenes que se van a quedar sin continuidad y sin poder trabajar con remuneración”, sostiene el director del congreso quien recuerda que se ha llegado a una situación en la que las bases artísticas son grandes y poderosas, pero se olvida que es un fenómeno que necesita alimentarse permanentemente, con una financiación que permita el desarrollo de esos sectores y gente muy preparada.
“Se estaba dando un acercamiento grande, vemos como en época de crisis se va más al teatro y estos años se ha creado unas redes con gentes de la escena, público, estudiantes de filología. Pero dentro de unos años, en este terreno y otros de la cultura, nos iremos al garete como ocurrió en el siglo XVIII que España dejó de estar en el canon cultural europeo”, concluye Vega.

Una pallassa al Delta



Font: Jordi Bordes (elpuntavui.cat)
Pepa Plana va sortir de Barcelona per viure la seva aventura al Cirque du Soleil i quan va tornar, el seu vestuari (i les seves caixes de vetes i fils, “m'agrada molt cosir”) ja estava instal·lat a un racó de Sant Jaume d'Enveja (Montsià). Des de fa unes setmanes, doncs, s'han traslladat a una antiga nau d'engreixar gallines per fer realitat un dels seus somnis: construir un centre de residència al delta de l'Ebre.
La pallassa Pepa Plana és de Valls. El seu company, Oriol Blanchart, és de Reus. Però sempre tenien el delta de l'Ebre com a lloc per fer escapades de dos o tres dies. Primer, al càmping Eucaliptus quan encara eren a tocar de la platja (fins que la llei de costes els va fer recular metres endins per deixar una platja igual de deserta que sempre). Del brogit del Raval van anar a parar al silenci del Delta. Era tan absoluta la diferència que els costava dormir les primeres nits. Abans i tot de conèixer-se, Plana ja coneixia l'indret i ja l'atrapava, perquè, com encara avui, “és un lloc molt extrem”. Radical però no allunyat de res, perquè hi ha la facilitat de connectar-se via carretera (“amb un moment et plantes a Amposta o a Castelló”) i perquè hi ha la possibilitat de mar, de plana i de muntanya. La paradoxa és que, al Delta, s'hi ha d'anar expressament.
El veïnat del delta de l'Ebre és molt autèntic, no s'està per “ximpleries”, però alhora és acollidor i curiós amb el nouvingut, que no ha massificat ni poc ni gens els quilòmetres i quilòmetres de travessies al voltant dels camps i les salines. A poble, tot sembla bastant tancat perquè tot són famílies i hi ha molt pocs cognoms diferents, comenta Plana. “Quan ve algú, tenen curiositat; però per saber de tu t'expliquen coses d'ells.” Ella admet que mai serà una més del poble però els han facilitat molt l'estada i l'acollida. Són de la broma, sí. I tempten els pixapins a navegar amb la perxa: per perxar cal equilibri i rara és la vegada que els principiants no cauen a l'aigua, per a gaudi dels autòctons.
El Delta té quatre colors, un per a cada estació: el groc de l'estiu, el marronós de la tardor, el blau de l'hivern i el verd de la primavera. Aquest any, els pagesos pateixen perquè s'ha allargat massa la temporada d'aigua i pateixen que no creixi i maduri bé l'arròs. És un clima, a més, temperat, perquè poques vegades es baixa sota zero i les temperatures no pugen excessivament (“a la nit és agradable una màniga llarga”). Sí que hi ha humitat i també, ho admeten, mosquits. Ara, amb els insectes n'hi ha prou a no caminar dins dels arrossars, instal·lar-se mosquiteres en portes i finestres i protegir-se amb repel·lents. La combinació és infal·lible. I per demostrar-ho ensenya que no té picades a les extremitats, tot i voltar per un dia nuvolat en què els mosquits allarguen el període amenaçador. El terreny és molt gran i els punts turístics queden molt escampats (amb l'excepció de Sant Carles de la Ràpita): hi ha apartaments i restaurants a l'Eucaliptus i a Riumar (des d'on s'agafen les barques per anar a l'illa de Buda). La resta del terreny és per fer ruta amb bici i aturar-se als miradors, com els de la Tancada, l'Encanyissada i la Casa de Fusta. “Sembla que ho descobreixis tu.” Els binocles són un element recomanable per a la travessia per poder divisar flamencs, ànecs, polles d'aigua... El turisme que arriba al delta de l'Ebre és tranquil, combrega amb les aigües calmades desembocant a mar. Els que volen més activitat “no ho suporten, es queixen dels mosquits i marxen”.
Ara, es troben amb l'agradable sorpresa que no són els únics que volen treballar per la cultura al territori. Ja fa anys que grups com ara Quico, el Cèlio i el Mut de Ferreries amb J. Campos fan un reclam cultural. Com el coreògraf Roberto Oliván, que també presenta el Deltebre Dansa a la població veïna. Aquesta iniciativa entre taller i festival, que sempre compta amb l'entusiasme dels alumnes que s'inscriuen en poques hores, ara va arrelant en l'interès dels vilatans.
El folklore és un element predominant en la cultura del Delta. Per això, els garrotins i els bous embolats o capllaçats són cabdals en festes patronals. Plana ha descobert que hi ha molta més festa que la polèmica sobre l'ús dels animals. Perquè la celebració arrenca viatjant amb remolcs de tractor i fent una bona estona per al menjar, el beure i la conversa. Sovint, la festa és tan animada al remolc que no fan gaire cas a la plaça feta amb els mateixos tractors aparcats en rotllana. Pel que fa al joc dels bous de la canalla “són deliciosos”.
El futur centre de residència La Pallaresa se situa en un espai de 4.200 metres quadrats. A l'espera d'un canvi d'usos que els permeti anar reformant la nau (sense modificar-ne la volumetria) per fer-la pràctica i agradable per a la creació. No volen guanyar-hi diners, tampoc. Tan sols que es cobreixin les despeses que generi. No tenen por a adormir-se en aquest ritme tan lent? Plana i Blanchart tenen ben apresa la cita de Hemingway: “Casa meva no és un lloc on viure, és un lloc on tornar.” Com els sahrauís, que fa dècades que són expulsats als camps de refugiats d'Algèria, o Margarida Xirgu, que no va tornar a Catalunya, “guarden la seva clau, si no tens una llar et pots perdre molt”, admet. En aquest sentit, la companyia Pepa Plana és sovint a la carretera. Ara, a més d'una gira a l'Argentina i una altra al Brasil, es prepara una direcció a l'estranger... “Per ara, més m'estimo despertar-me aquí.” De fet, amb la tassa de cafè del matí té cura del seu primer hort, encara incipient (no s'hi pot plantar patates perquè es podreixen): “Aquí el temps té un altre ritme.” De fet, respon als mateixos impulsos de Carles Santos, que viu a Vinaròs, a 20 quilòmetres de Sant Jaume d'Enveja.
El Cirque du Soleil
“Jo visc al país del sí.” Per això va acceptar la invitació del Cirque du Soleil, la multinacional del circ contemporani, tot i que es va fer esperar perquè quan va rebre la proposta, l'octubre del 2010, ja tenia emparaulada la producció de l'Èxode amb el pallasso Monti (desaparegut recentment, motiu que emociona la pallassa en silenci, mentre prepara un arròs negre a la paella). Del gener del 2012 al març del 2013, finalment, va treballar amb el Cirque du Soleil. Ella va marxar abans d'hora perquè li semblava el més honest. Ja havia après i conviscut tot el que es podia. Celebra poder improvisar amb les 2.000 persones que omplien les pistes cada nit. Va decidir marxar, tot i que des del Cirque li auguren que és només una pausa. Plana entén el circ d'una manera molt orgànica i no encaixava amb un funcionament massa jeràrquic. Va marxar tot i tenir opció de seguir cobrant mensualitats: “No ve d'aquí, aquesta vida és moltxula i no la pots desaprofitar”.
SANT JAUME

Una ruta per...

Li vam demanar què es pot fer per Sant Jaume d'Enveja. Ella ho té clar. Agafar la bicicleta i voltar pels arrossars. Ella ho fa per anar al mercat. I a La Pallaresa tenen una pila de bicis que podran deixar als seus futurs companys d'assaig.

27/7/13

FUEGOS


TEXTO: MARGUERITE YOURCENAR
DRAMATURGIA: MARC ROSICH
DIRECCIÓN: JOSEP MARIA POU
INTÉRPRETES: CARMEN MACHI, CAYETANA GUILLÉN CUERVO, NATHALIE POZA y ANA TORRENT
DURACIÓN: 90min
PRODUCCIÓN: TEATRE ROMEA i FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA
TEATRE GREC (GREC 2013)

Era el estreno en Barcelona, una plaza difícil y a pesar de las buenas críticas recibidas en el Festival de Mérida el público barcelonés es más complicado de convencer que otros. Aunque en el Anfiteatro estuviera bastante lleno de amigos, familiares y seguidores. En medio de la naturaleza, se apagan las luces, fundimos a negro y comienza el espectáculo que este año cierra el Grec y las agendas teatrales de muchos.

Carmen Machi es Marguerite Yourcenar, la narradora que da paso a los monólogos de las otras tres actrices. No es su mejor papel. Esta temporada hemos tenido saturación de ella (Juicio a una zorra, Dispara/Agafa el tresor/Repeteix y Fuegos), y quizás esta última sea la vez en que nos la hemos creído menos, pese que a ella no sea la protagonista, simplemente reparta juego y ponga un poco de tranquilidad entre tanta voz trágica.

El primer monólogo lo protagoniza María Magdalena (Cayetana Guillén Cuervo) con demasiada pose sobre el escenario. Nada natural ni en presencia, ni en cuerpo ni en voz. Como algunos apuntaban una Maria Magdalena rubia, demasiado terrenal y que se olvida del plano espiritual para sacar todas sus vísceras en escena. No hay credibilidad, Cayetana pasa por el personaje sin creérselo, es María Magdalena como puede ser otra mujer. Faltan rasgos, matices tanto en presencia como vocales. No convence y sólo deseas que pase rápido.

Le toca el turno a Clitemnestra (Nathalie Poza), el gran monòlogo de la noche. Sorpresa para algunos, esperada interpretación para otros. Es sin duda la mejor que pisa el escenario del Grec sin miedos. Natural, impetuosa, intimista, llena de matices en gestos, voz y movimientos. Su monólogo es igual de desgarrador que los otros tres, pero sus ojos están llenos de paz, de una tranquilidad que inunda toda su interpretación. Brillante, incisiva, en definitiva enamora.

Y finaliza una peculiar Safo (Ana Torrent) equilibrista, pero que en la puesta en escena le sobra movimientos y le falta alma. Si el monólogo de María Magdalena es demasiado visceral, este es demasiado introspectivo, des de la fila 4 ya se hace lejano, no me puedo imaginar cómo lo sienten los espectadores que moran más arriba. Safo se hace pequeña en un teatro demasiado grande para un interpretación excesivamente intimista. 

El espectáculo sólo tiene un par de fallos: la interpretación de dos de sus actrices (Cayetana Guillén Cuervo y Ana Torrent) y la iluminación de la primera hora. Obviamente dependerá desde donde veas el montaje, pero como siempre se tiene que pensar en todas las opciones. Miguel Ángel Camacho juega demasiado con las sombras (desde la fila 4 centrada) en un espectáculo donde ver la expresividad de las actrices es una pieza fundamental. Por contra el monólogo de Safo está perfectamente iluminado. A pesar de ello, la puesta en escena conservando el espíritu del Teatro Grec es acertadísima, estilo japonés, responde al juego que establecen las actrices.

Sin duda lo mejor de la obra es el texto. Algunos echen de menos algunos de los monólogos y personajes que completan el libro original de Marguerite Yourcenar, pero los elegidos están sabiamente bien tramados en un dramatúrgia perfecta y precisa (nada fácil) de Marc Rosich. A pesar de la verborrea de alguno de ellos, el espectáculo tiene un ritmo que funciona. Sólo voces y algún momento musical concreto (Ne me quitte pas de Jacques Brel) completan un espectáculo que cierra un Grec 2013 que mejora notablemente el del año pasado y que deja buen sabor de boca en general y ganas de saber qué nos espera en el 2014.

Teatro de la resistencia


Fuente: Rocío García (elpais.com)

Una virgencita, metida en un hueco en la pared, vigila a los 26 espectadores que caben en esta pequeña sala sin ventanas y presidida por un enorme espejo enmarcado en oro. Fotos, cuadritos, lámparas de araña, recuerdos familiares. Todo cabe en este espacio que se está convirtiendo en uno de los testigos privilegiados de las propuestas más estimulantes y singulares de los nuevos dramaturgos quienes, desamparados por la falta de apoyo institucional y olvidados en la programación de los teatros públicos, han encontrado un lugar en el que mostrar y hacer llegar a la gente toda esa explosión creativa teatral que se vive ahora en Madrid, algo a remolque de lo que viene pasando hace años en Barcelona.

En una calle tranquila del Madrid más castizo, en el portero automático de un edificio corriente un simple cartelito —Casa de la Portera— indica que ahí dentro, en esa minúscula vivienda, con la virgencita en una sala y un teléfono negro colgado de la pared del pasillo, algo mágico y nuevo encontrarás. No es el único caso en la capital. Desde un tiempo atrás están surgiendo como setas lugares y espacios pequeños —El Sol de YorkKubik Fabrikla sala Tú, el Teatro del ArteMicroteatro por Dineroy muchas más— siguiendo el ejemplo de la sala FlyHard en Barcelona o, un poco más lejos, la experiencia de Timbre 4, una casa en Buenos Aires, la del dramaturgo Claudio Tolcachir, en la que comenzó a mostrar a amigos y conocidos sus propuestas y que, poco a poco, el timbre sonó tantas veces que las colas en el 640 de la avenida Boedo se hicieron tan largas que lograron crear una compañía.
“¿Por qué pensar que el teatro importante, el que más cuenta, es el que se está haciendo en otro lugar, distinto de aquel en que estamos nosotros haciéndolo?”. La frase del dramaturgo Javier Daulte llena de esperanzas a esta generación de jóvenes, y no tan jóvenes, que contra viento y marea, con el único objetivo de contar sus historias, están sacudiendo la escena teatral en España. Nombres como José Padilla,Carlos BeDenise DespeyrouxPaco Bezerra y Pablo Messiez, en Madrid, y Marta BuchacaGuillem Clua y Marc Crehuet, en Barcelona, vienen demostrando, con tesón y trabajo y sin ningún tipo de ayudas, que tienen muchas cosas que contar y que no están dispuestos a bajar del escenario. Hay más ejemplos y más nombres. Como el del actorJuan Diego Botto, que se hará cargo de la programación de la sala Mirador de Madrid la próxima temporada, atrapando la explosión con lo que él llama teatro urgente. “Lo que está claro es que ahora los que menos pesan en el teatro son la vanguardia. Me apetecía formar parte de esta explosión y más en el momento social en el que vivimos, en el que hay muchos autores que buscan y están encontrando la compañía del público con historias que hablan de cosas que a todos nos interesan”, defiende Botto.
Como la mayoría de sus compañeros, Denise Despeyroux, uruguaya de 38 años, criada en Barcelona y ahora instalada en Madrid, no puede vivir del teatro. Guiones, trabajos editoriales, series de televisión, pero también cuidador de ponis o celador en una clínica psiquiátrica, como Carlos Be, han sido y siguen siendo el sustento económico de algunos de ellos. La mirada en el panorama teatral, dice Despeyroux, se ha horizontalizado.
Creo que cada vez más dirigimos la mirada a nuestros pares. En lugar de mirar en vertical, hacia arriba, hacia aquellos que aparentemente detentan un poder, el de ofrecer o negar ayudas económicas, espacios o reconocimiento, la mirada se horizontaliza, y pasan a ser nuestros propios pares los que nos hacen sentirnos autorizados, reconocidos, legitimados y, en definitiva, protagonistas”.
Después de nueve producciones de obras propias, la última La realidad, una inteligente y brillante apuesta con Fernanda Orazzi como única protagonista. Logró el “privilegio” de representarse con una más que buena acogida del espectador en el teatro Fernán Gómez de Madrid, con toda esa visibilidad que una sala pública ofrece. Pero su trayectoria está en esos espacios alternativos, que son los “únicos” que están dando oportunidades a autores como ella.
“Espero que con el tiempo y esta crisis que descoloca tantas cosas, las fronteras que a veces dividen tan marcadamente el teatro alternativo, el institucional y el comercial se vayan difuminando. Ojalá podamos tener un teatro comercial cada vez más alternativo, en el sentido de singular, estimulante e inteligente, y un teatro alternativo cada vez más comercial, en el sentido de que nos resulte a todos cada vez más rentable desde el punto de vista económico”, dice la autora y directora de Un infierno con fronteras, un insólito y fantástico juego sobre los psicoanalistas que se representó esta primavera pasada en La Casa de la Portera, el local regentado por José Martret y Alberto Puraenvidia.
Un actor, dos, tres como mucho. Más casi es un lujo. José Padilla (Tenerife, 1976) ha contado con siete enSagrado Corazón 45, una de las obras más impactantes de esta temporada, también en La Casa de la Portera, en la que cada lunes (dos funciones) había lleno total y una lista de espera imposible de atender. Escrita por el propio Padilla y codirigida con Eduardo Mayo, la obra, tres instantes de la vida en una misma casa, se estrenó el 15 de abril y se prorrogó hasta finales de junio. “Para nosotros ha sido determinante que confíen en nosotros los responsables de estas salas alternativas. No quiero ni pensar cómo sería si no existieran este tipo de espacios.
La perspectiva sería horrible. No habría forma de renovar el teatro, y que no se renueven dramaturgos, autores y actores implica que tampoco se renueva el teatro. Todo esto, añadido al disparate de la subida del IVA, acabaría en un desierto en el que solo quedaría El Rey León y poco más”, asegura Padilla, que critica la programación de muchos de los teatros públicos en España, que piensan más en elmarketing que en abrir caminos nuevos. “Con todos mis respetos, no entiendo que se programe en el Español toda la obra dramática de Vargas Llosa. Entiendo que se le represente porque no voy yo a descubrir los méritos que tiene Vargas Llosa, pero programar todas las obras, nueve en total, me parece que es fagocitar los recursos de un teatro público con un solo autor y que impide dejar espacio a otros”, denuncia Padilla, que el otoño próximo realizará en una institución privada, El Sol de York, una residencia artística para investigar y luego estrenar una nueva obra con un grupo de actores.
“Este tipo de procesos es el que tenía que apoyar el sector público, que nos tiene completamente abandonados. Existimos, estamos aquí”. Casi un grito de desesperación de este hombre que ha vivido, sin embargo, una temporada brillante. Además de Sagrado Corazón 45 ha visto representar sus dos versiones de Enrique VIII, de Shakespeare, dirigida por Ernesto Arias, y La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde, dirigida por Alfredo Sanzol.
Menos mal que a Carlos Be le queda Praga. Otro ejemplo de medio exilio de talentos. Este autor, nacido en Vilanova i la Geltrú en 1974 y que abandonó a un año de licenciarse la carrera de Medicina para dedicarse al teatro y crear su propia compañía The Zombie Company, vive a caballo entre Madrid y Praga, donde en estos momentos está escribiendo tres textos que se estrenarán la próxima temporada: Autostop (para el teatro Lara), otra obra para La Casa de la Portera y una versión a partir del Fausto de Goethe, que se estrenará en Bogotá. Be resalta la nula ayuda institucional para su compañía en contraste con la que sus tres montajes están recibiendo en Praga.
“Quizás en España sea algo difícil de comprender, pero en la República Checa es muy palpable entre los profesionales del teatro porque su verdadero motor no habla de triunfos sino de felicidad. En Praga, la calidad es un medio, no un resultado”, asegura el autor de Elepé y La pecera, las dos estrenadas en Madrid. Para Be, los escenarios en España son el reflejo del estado cultural de un país y las ganas de creatividad, ahínco y voluntad, que chocan con esas puertas cerradas del llamado “gran teatro”. “Sin la ayuda de este tipo de salas mi trayectoria y la de la compañía habrían seguido otros derroteros bien distintos. Generalmente, quienes llevan estos espacios son tremendamente generosos y luchadores. Les une un frente común que es el de satisfacer al público con propuestas interesantes, pero nunca gratuitas. Saben que no se la pueden jugar con supercherías como los teatros subvencionados”.
Lo que le obsesiona a Pablo Messiez, argentino de 39 años, son las palabras. Esas palabras —“elegidas responsablemente”, dice— que explosionan en las cuatro obras (Los ojosLas criadasAhora y La muda), que desde su llegada a Madrid, en 2008, ha conseguido estrenar y que le apuntan ya como una de las voces más estimulantes del teatro en español. “Mi mundo es un mundo de relatos que necesitan intimidad, un lenguaje que no se parece al que se puede ver en un aforo de 500 personas”. Por supuesto que le gustan los espacios grandes, pero ante la falta de ellos y la precariedad en las producciones, Messiez, ya definitivamente asentado en España, escribe pensando en ese teatro pequeño, simple, cotidiano, brillante.
“Es la necesidad de contar cosas la que nos ata al teatro. Llevo casi cinco años aquí y nunca había visto esta explosión de creatividad alejada de los grandes centros. Veo una gran vitalidad en espacios pequeños y una enorme desorientación en los grandes, atemorizados y que no quieren saber nada de riesgos”, asegura Messiez, sentado frente a una coca-cola en el café del Espejo de Madrid. Y cuando habla de riesgos se refiere a aquellos que buscan la renovación de nombres y autores, de responsables teatrales capaces de no ir siempre a lo seguro, de indagar y dar voz a los que quieren contar las cosas como sea. Pero, como buen argentino, sabe de crisis y su mirada es más que optimista.
“Las crisis económicas solo sirven y son buenas para una cosa: para preguntarnos qué deseo y necesidad tenemos de escribir, sin romanticismos”. Pero algo de romanticismo hay, aunque sea una gota, en la nueva propuesta que Messiez ensaya estos días en Madrid y para la que necesita, esta vez sí, un espacio grande. Su título, ya era hora,Las palabras, es una historia de amor hablada en verso. “Es mi pequeño homenaje a la poesía, tratar de decir lo indecible”. Las palabras, que se representará por primera vez a principios de octubre en Avilés, está a la búsqueda de espacio para su estreno comercial. “Me está costando horrores conseguirlo. Parece que hay interés, pero no se concreta nada”.
El que no busca espacios ni teatros ni escenarios grandes o pequeños es Paco Bezerra, almeriense de 35 años, premio Nacional de Literatura Dramática en 2009 por Dentro de la tierra, un thriller rural sobre los invernaderos del Sur. Lo de Bezerra, aunque de sus labios ha salido alguna queja por la falta de escenarios para algunas de sus obras —“las obras de dramaturgos jóvenes y con pintas no interesan”, “para que te escuchen tienes que tener barba y barriga”—, está en el papel. Él, con todas las obras escritas publicadas, lo que ya es todo un hito en la literatura dramática, nunca ha escrito para ningún montaje, ni grupo, ni sala.
“Yo escribo literatura dramática. La obra de teatro para un dramaturgo no existe. Solo las palabras. No escribo necesariamente para que mi obra se represente. ¿Que se lleva al teatro?, ¡fenomenal! ¿Qué no?, pues ahí está el libro. Mi trabajo está en el libro. No tengo control sobre la puesta en escena de mis obras ni lo quiero”, dice seguro y poderoso. Pero ahí está el montaje de Grooming, que eligió nada más y nada menos que José Luis Gómez para dirigirlo en el Teatro de La Abadía, o la más reciente, Ahora empiezan las vacaciones, adaptación de la obra de Strindgberg, El pelícano, con un humor negro, corrosivo y duro, y que se incluyó en la programación de La Casa de la Portera y que el próximo 6 de septiembre se estrenará en Montevideo con la Comedia Nacional de Uruguay. “Me siento satisfecho con que se complete el ciclo de mi escritura, pero si pienso en la escena me coarta mi creatividad y libertad. Además, creo que el teatro no avanza si se piensa todo el rato en la escena”, dice Bezerra a quien le gusta más leer teatro que verlo. “Yo moriré y mis textos quedarán”.
En pleno Raval de Barcelona, en ese jardín gótico que alberga la Biblioteca Nacional de Catalunya, se han dado cita tres conocidos del mundo de la escena, Guillem Clua, Marta Buchaca y Marc Creuhet, que esta temporada han visto relucir sus nombres en oro, como sus obras, a reventar de público, han pasado de las salas alternativas a los grandes centros. No es nuevo esto en Barcelona. Ni tampoco son meros debutantes. La capital catalana lleva ya mucho camino recorrido en esta búsqueda de nuevas voces en teatro. Las flores salen cuando hay alguien que las riega. Y el agua en Barcelona ha salido de varias mangueras, como la del trabajo obsesivo e indesmayable de la Sala Beckett, fundada por Sanchis Sinisterra, y auténtico semillero de la dramaturgia en catalán o de salas como la FlyHard o el Espai Brossa, indispensables para dar visibilidad a los que están tocando la puerta de los teatros.
Una mezcla de talento y medios que el espectador ha acogido con pasión. Es el caso de Litus, la sexta obra de Marta Buchaca (Barcelona, 1979), que convoca a unos amigos en torno al aniversario de la muerte de un músico de rock que dejó cinco cartas sin leer. Litus se representó dos meses en la FlyHard para pasar luego al Lliure. “Estamos como en Argentina hace años. Levantar un proyecto es muy complicado. Los medios que tenía hace años me parecen ahora ciencia ficción. En el caso de Cataluña nos ha costado años demostrar a los productores que podíamos llenar un teatro”, lamenta Buchaca, quien califica de “triste” lo que está pasando en los teatros públicos que no se atreven a dar el paso de abrir sus espacios a otras voces.
Guillem Clua, con 40 años recién cumplidos, rechaza el calificativo de “nuevo”. “Quizás lo somos a nivel de público porque no se nos conoce demasiado, pero estamos en la primera fila hace mucho tiempo”. Es precisamente en el público en el que confía Clua para salir de ese anonimato y poder pisar con orgullo y decisión aquellas salas que ahora se les niega. “La obligación y prioridad de un teatro público es cuidar de su gente y no perpetuar la precariedad en la que estamos cayendo”. Su obra Smiley, una comedia gay con dos actores, alegre y optimista, también realizó el camino desde la FlyHard al Teatre Lliure, con un taquillazo en torno a los 15.000 espectadores.
Clua defiende con ardor que el teatro entre Madrid y Barcelona debe viajar más y mejor, que la dramaturgia entre ambas ciudades no puede ser algo ajeno. De esto sabe algo Marc Crehuet, cuyo viaje del norte al centro, de Barcelona a Madrid, no pudo ser más bonito. Crehuet (Santander, 1978) no salió de su asombro cuando le llamaron del Lara en Madrid para representar en el hall del teatro El rey tuerto, su segunda obra, y otro triunfo en la FlyHard de Barcelona esta temporada. Las entradas de los cuatro días para ver El rey tuerto, una comedia negra, mezcla de irónica crítica a la situación actual y patético encuentro entre un policía antidisturbios y un joven al que dejó tuerto en una manifestación, se pudo ver en el Lara, con un aforo de unas cien personas, se habían agotado con bastante antelación. El rostro de satisfacción de Creuhet, en la noche madrileña, no ocultaba su preocupación por el anquilosamiento del teatro oficial. “Siempre son los mismos. Hay gente de mi generación que no va al teatro. Tenemos que conseguir nuevo público porque las salas oficiales están muy alejadas de la calle. No confían en nosotros. No somos adolescentes”.
Pues les tendrán que oír y que ver y que festejar. Como se rindieron ante La función por hacer, la obra dirigida por Miguel del Arco y producida por Aitor Tejada, de Kamikaze Producciones. “Sí se puede”. El lema que llevó a la presidencia de Estados Unidos a Barack Obama sirve también para seguir el ejemplo de esta obra, que comenzó como experimento en un garaje, saltó al Off del Lara y ya es sin duda uno de los hitos teatrales de los últimos años.
La explosión está aquí y todo el mundo la aplaude. Pero, ¡ojo!, el fogueo de estas nuevas voces no se puede quedar en eso. Como asegura Aitor Tejada, la industria tiene que apoyar a esta nueva generación y no perpetuar su precariedad. “La puerta no puede permanecer más tiempo cerrada”.

Sueño común

MIGUEL DEL ARCO
Qué está sucediendo en el sector teatral que, según algunas fuentes, tiene un 90% de paro, donde las producciones son cada vez más escasas, más pequeñas y con menos capacidad para sobrevivir. Donde las giras son casi una entelequia. En el que baja el número de espectadores y cierran muchas salas de exhibición. Donde los teatros institucionales y privados acuden a reposiciones de producciones anteriores. Donde el 21% de IVA causa estragos en la taquilla y la inversión de dinero público es cada vez menor… Qué sucede en este sector, ninguneado por el ministro de —no sé si de deportes, de cultura ya te digo yo que no— para que, sin embargo, hayan surgido en poco tiempo un buen número de creadores que han servido como revulsivo del panorama teatral. Pues francamente, no tengo ni idea. La coyuntura invita a hacer las maletas y marcharse (muchos lo han hecho) a hacer compañía a los científicos e investigadores que huyen de forma masiva de nuestro país. Lanzo una teoría: ¿será que nos hemos impuesto la autoexigencia? Esperamos poco de la clase política (y digo poco por no cerrar del todo la puerta. Soy un tipo optimista). Qué se puede esperar de ellos cuando no son capaces de apartar el partidismo, el cortoplacismo y ponerse las gafas de visión de Estado para consensuar algo tan fundamental como una ley de educación. El teatro, por el contrario, para que esté vivo, debe ser un espacio de diálogo y encuentro entre seres humanos. Sus profesionales tienen la obligación de entenderse para después hacer extensible esta experiencia al público. Un público que, a pesar de las dificultades, sigue acudiendo para celebrar con nosotros este espacio de libertad. Ahora que estoy preparando un nuevo trabajo con mi compañía, encontrando todo tipo de problemas, me fuerza a seguir adelante la alegría del equipo. El compromiso de los profesionales que me rodean para sacar adelante un sueño común. Resistamos compañeros. Seamos exigentes. Estrictos con nuestro sentido de la responsabilidad. A lo mejor conseguimos que se les pegue algo.
Miguel del Arco es autor y director teatral.

Blanca Portillo: “¡Callémonos y a trabajar!”



Fuente: Juan Cruz (elpais.com)
Ríe a carcajadas Blanca Portillo. Por eso cuando se queda seria se parece como una gota a otra a la mujer que aparece siendo monja o libertina u hombre en la pantalla grande, en la pantalla chica o en el teatro. De dónde viene la hondura de ese rostro, esa mirada como de espada cayendo sobre una mano que hiere. Luego se recupera y ríe otra vez. Cuando me despidió en la puerta de su oficina (“que es como mi casa”), cerca de la Puerta del Sol, volvió a soltar una carcajada nítida, de alegría, porque recordó que ella se llama a sí misma, por su pasión por el Atlético de Madrid, Rojiblanca Portillo. Y rió al abrir esa puerta pesada que la aísla del sonido de la ciudad en la que nació. Pero de pronto se acordó del teatro, se fue hacia la mesa limpia en la que ahora piensa (“ahora voy a pensar, y luego ya se verá; hay mil proyectos aquí dentro”) y empezó a hablar de él. Seriamente. Su obsesión y su vida. El juguete mayor de su soledad. Lo que la mantiene con los pies en la tierra.
El teatro es la medida de la vida. Es una metáfora de la verdad del tiempo, dice. “Lo representas y ya está. Y ya no está más. Como la vida”. Lo pensó, otra vez, mientras velaba con sus compañeros el cadáver de Miguel Narros, un maestro. “Lo que él hizo por el teatro subsiste en la memoria porque nos lo vamos contando. Estaba la hija de Ana Belén. Su madre se lo habrá contado, y luego ella lo contará. La memoria prolonga la leyenda de los espectáculos, pero estos son fugitivos. Esa es su magia, lo que lo hace irrepetible”. Tiene que ser en directo. “Aunque he visto una representación de Yerma, de Núria Espert, y me dejó muerta”. Claro, ella era una cría, y en aquel momento, esa antecesora suya en el cetro del teatro estaba haciendo historia. “Imagino que verla en directo debió de ser la bomba. El teatro también depende de circunstancias históricas y sociales del momento. No es lo mismo un espectáculo hecho en 1975 que una representación de ahora mismo”.
Es un pacto: el público que se sienta en la butaca sabe que lo van a trasladar a otro tiempo, a otros hechos, “y como somos de carne y hueso los que estamos arriba, el pacto funciona, la gente se centra en lo que ve creyendo que es verdad. Y nosotros cumplimos: también lo hacemos como si fuéramos de verdad los personajes”. Ella es carne y espíritu de teatro. Es un juego. En inglés dicen play por actuar, y así se dice también jugar. “De niños jugábamos a hacer de esto o de lo otro. Un superhéroe, un príncipe. Pues de mayor no hago otra cosa”.
Empezó sobre las tablas de una forma muy rara, eso dice. Ocho hermanos de una madre que era hija única de una mujer que tuvo 10 hermanos. Vivir con tanta gente era muy divertido, también por las carencias que debían afrontar. Eso curte, te hace inventar. Y ella inventaba historias; desde niña tenía personajes y vidas que no eran las suyas, las que creaba con sus hermanos, riendo. “De repente, yo era una chica millonaria y mi hermano era un banquero. Y jugábamos. ¡Mi hermana era una gran directora de escena, ja ja ja!”.
Mucha gente junta. Hasta que un día ella se fue a vivir sola; ese es su espacio, la soledad. Cuando cumplió 50 años se juntaron todos. Una compañía entera. Hablaron de cualquier cosa, “¡y seguíamos haciendo los personajes que interpretábamos de pequeños!”. A ella la edad le sienta bien, no le resta risa. “¡Cincuenta años! No me he dado ni cuenta”. Su vida “con conciencia” empieza a los veinte, “lo de atrás me parece todo un jaleo”. Y treinta años después, el cuerpo le sigue obedeciendo como cuando era una cría; sigue usando la misma talla “y no siento que el tiempo me haya destrozado”.
Claro que están las fotografías para demostrarle que ese espejo se ha ido rompiendo por las puntas. Ja ja ja. A ella le da igual. “Me sorprende cuando la gente me recuerda la edad, cuando me llaman de usted, cuando me dicen: ‘¡La señora del teatro!’… Nada que ver con lo que yo siento. Por eso me llevo bien con el tiempo. Pero también digo: ¡Joder, ya tengo cincuenta! Me quedan por delante los que llevo detrás, qué putada, ¡pero que no se me acabe!”.
El jaleo. Los padres se separaron cuando ella tenía seis años. Emilio era contable en una empresa, y Teresa cuidaba de los ocho. Una parte de la niñez la pasó con Emilio, con la abuela paterna, en realidad, y luego, con Teresa. “Nos enseñó a sacarnos las castañas del fuego”. La madre se ganó la vida en una cafetería, limpiando, “en lo que hiciera falta”. Nunca tuvo que ocultarle novios, ni deseos, ni ganas de hacer cosas. “Éramos ocho, no podía andar con remilgos, así que nos dio responsabilidad”.
Y siempre fue Blanca tan alegre; “mi hermana mayor decía que yo era un tabardillo que estaba todo el día haciendo cosas y riendo. De lo que recuerdo, sí, es cierto, me llevo riendo toda la vida”.
–¿Y qué pasa que le proponen tantos papeles dramáticos?
–¡No lo entiendo! Supongo que tiene que ver con que cuando entro en un personaje me meto a fondo.
En la época del jaleo quiso hacer de todo, desde azafata hasta administrativa; trabajó en una librería en la que vendía los libros que a ella le gustaban, y finalmente llegó a las cercanías de un profesor que tenía un grupo de teatro. Ahí le prendió el veneno que aparece en sus ojos cuando habla de mundo de la escena. Resplandece, esta es su vida. Tenía 17 años y nunca había ido a ver una obra. Lo primero que tuvo que hacer fue un drama de Lorca, y ahí interpretaba, por primera vez en su historia, a un hombre y a una mujer. Las tablas le enseñaron a entender que tenía varias personalidades dentro, “y también me descubrió que no me gusta el orden, que soy más feliz en el caos, que no me gusta lo previsible y que el mejor camino para conocerme es ser otras personas y tener la valentía de asumir cosas que en principio crees que no te pertenecen”.
Le ha servido “para ser más comprensiva con los demás y consigo misma”. Y le enseñó que el espectáculo y la vida se parecen muchísimo, que aquello que te parece realidad es otra cosa. El teatro, pues, la ha construido, la ha enseñado a tolerar, “porque tienes que ponerte en la piel de personajes que detestarías en la vida cotidiana”. ¿Y si tiene que salir a escena y por dentro todo conspira para que no salga? “El teatro te salva de la melancolía propia, de la pena; perdí a alguien de mi familia hace poco, fui a hacer la función y eso fue lo único que me ayudó a llevarlo con cierta calma”.
La madre fue a verla por primera vez en una función de Valle Inclán. Hacía de mujer ciega, tenía 19 años. “Le encantó… Mi abuela y ella habían dicho que yo no valía para eso. Ahora, mi madre es mi fan. Da codazos en el teatro: ¿Ve? Esa es mi hija. Fan… Mi padre no me vio nunca”. ¿Eso es un hueco? “Sí, pienso en ello muchas veces. Cuando hice Hamlet lo tuve muy presente, por esa relación con el fantasma del padre. Yo creo que él vino a verme de vez en cuando a las Naves del Matadero cuando hice la función, me pareció sentirlo. Durante años me alegré de que no me viera ahí arriba, porque si hubiera vivido no habría querido que me dedicara a eso. Pero después de su muerte sí he pensado mucho en él, en que me hubiera gustado verlo ahí”.
En el cine y en el teatro ha tenido directores muy potentes, de personalidades sobresalientes. “Pilar Miró fue una experiencia corta e intensa; era fascinante, inquietante, una de esas personas de las que te apetece saber más, pero que no te dejaba; pero si se abría un poco ya era impresionante”. ¿Y Almodóvar? “Es lo más grande que hay en el mundo… La gente que hace bien su trabajo tiene chicha detrás”.
Es una activa lectora de Félix Grande. Este verso, La renuncia y los años darán todo en la ruina, lo tiene grabado a fuego, como un emblema. “Sé que los años pueden traer la ruina, pero no quiero renunciar a nada para no caer en la ruina”. Por ejemplo, no quiere renunciar a la soledad. “Por eso no me he casado ni tengo hijos. Y noto que se me invade con mucha facilidad; cualquier cosa me hace sentir invadida, y necesito la soledad como el agua y el aire. Me gusta compartir momentos, situaciones, pero no la vida. ¡Si estamos más solos que la una, además!”.
Ha dicho (a Rosana Torres, en este periódico) que nos estamos olvidando de nosotros mismos, siempre responsabilizamos a otros de los problemas y “nos consentimos mucho, nos perdonamos todo”. “Así es. Así no haremos nada nunca. Se tiende a pensar que cuando algo va mal es por culpa de otro. ¡Y una mierda! ¿Qué haces tú para que las cosas no estén como te gustan y cuánto hay de lucha tuya y cuánto de dejarte llevar? Es lo que hay que pensar, cuál es nuestra responsabilidad en el desastre”.
Por ahí se llega al descrédito de la política. Se enciende Blanca Portillo. “Estoy un poco harta de palabras, de gen­­te que dice en vez de hacer. Si no nos gustan estos políticos que hemos pues­­to nosotros, votemos para que se va­­yan. Segismundo dice: ‘No te hablo porque quiero que hablen por mí mis obras’. ¡Callémonos todos y pongámonos a trabajar! Estoy cansada de análisis, de words, words, words…”. Qué buen in­­glés. “¡Hombre, es que fui azafata! ¡Ja ja ja!”.
Ahora piensa y va al teatro, ve a jóvenes que “actúan y llenan, están contra el puto IVA, pero va a durar menos que ellos, y el teatro sobrevivirá porque nos salva. A mí me sigue salvando”.
Tenía una curiosidad. Cómo se siente cuando interpreta a un hombre. Igual que si interpretara a una mujer, “te lo juro por mi madre”. “Me apasiona el personaje, no su sexo. Lo interesante está de cintura para arriba, de cintura para abajo todo es bastante caprichoso. Me interesan más las cosas que tenemos en común que lo que nos diferencia. Tenemos distinta educación y distinto rol social, que nos han metido a machamartillo. Pero de corazón no creo que haya muchas diferencias”.
–¿Y ahora qué hace?, le pregunto.
–Descanso.
–¿Usted, descansando?
Entonces, ríe otra vez, y sigue riendo hasta que en la puerta recuerda su pasión por el fútbol, y entonces esta Santa Blanca Portillo (así la llamó Marcos Ordóñez) se llama a sí misma Rojiblanca Portillo, y ríe como si en su boca habitara el verano.

Angélica Liddell: "Soy una hooligan, una salvaje"

Fuente: Almudena Ávalos y Francesca Rinciari (smoda.elpais.com)

Dramaturga, directora, actriz. Angélica Liddell (1966) es un hambriento animal escénico que lleva más de 20 años sobre las tablas. Los devotos de esta española, que encabeza la vanguardia europea, le rezan con aplausos de media hora por escupir los tabúes que pocos se atreven a decir. Desde que en 2010 revolucionó el Festival de Avignon con La casa de la fuerza (producción de cinco horas que habla de soledad, humillación y frustración), en Francia la aman y esperan con alfombra roja.
En España, la obra le ha valido el último Premio Nacional de Literatura Dramática, y el 2 de agosto le otorgarán el León de Plata de la Bienal de Teatro de Venecia «por su teatro de resistencia». Será en esta ciudad donde, el 8 de agosto, represente El año de Ricardo, en medio de una gira que ha despertado grandes titulares en periódicos nacionales e internacionales como Le Monde o Le Figaro. En el escenario, Angélica es una fuerza titánica que refleja la gran fragilidad del ser humano. Execra sin pudor y grita con una voz dolorosamente poética. Por supuesto, no es apta para todos los públicos. «Yo no hago teatro para todo el mundo. Nadie lo hace. Ni siquiera El Rey León lo es. Hay personas que jamás irán a ver esos animalitos y otras que nunca vendrá a verme a mí. Por eso me parece legítimo que alguien se levante y se vaya en mitad de mi trabajo».
La artista huye de los reconocimientos públicos, evita ir a recoger premios y confiesa que no va al teatro para no encontrarse con la gente en los patios de butacas. «Tienes que aguantar muchas estupideces y me aburre. Ser antisocial es una manera de entender el mundo. Significa no compartir la idea de la comunidad». El 4 de octubre regresa a Madrid, donde siempre agota localidades, con Todo el cielo sobre la tierra (El síndrome de Wendy) en el marco del Festival de Otoño a Primavera. 
Eligió su apellido por Alice Liddell, inspiradora de Alicia en el País de las Maravillas. Y ha estrenado en Avignon El síndrome de Wendy (protagonista de Peter Pan). ¿De niña le contaban muchos cuentos? 
Con 10 años leía Napoleón en EgiptoEl estrangulador de BostonInterviú y revistas porno mientras otros se entretenían con historias para niños. Mi ídolo era María Antonieta. Y su biografía es lo que más veces he leído en la vida. Quiero recuperar la infancia perdida. Me ha llegado la hora de los cuentos, pero están pervertidos. En esta obra me he rodeado de juventud y belleza con tres Peter Pan que hablan de la pérdida de la juventud.
¿Su familia va a ver sus obras? 
Qué va. Para gran parte de ellos soy una auténtica payasa. Tienen sus vidas, sus familias, sus casas con chimeneas de fuego artificial, sus hipotecas, sus planes de pensiones… El hombre medio es terrible. Lo conozco bien porque yo provengo de la clase media baja española y es deprimente.
¿Por eso se refugió en la escritura? 
Pues sí, era una manera de rebelarme. Que la niña leyera mucho era extraño. Me llevaban al psiquiatra para que no fuera más rara de lo normal. Pero basta que quisieran poner freno a eso para que me entraran ganas de leer y escribir más.
¿Cuándo supo que podría dedicarse al teatro? 
Empecé haciéndolo en la calle, pero hace cinco años me di cuenta de que tenía un sentido. La marginalidad y la precariedad es una estrategia perversa para mantener a algunas compañías en la periferia. Cuando te enfrentas a la presión de un gran teatro o a un público desconocido, encuentras el sentido de tu trabajo y eso, a su vez, se lo da a tu vida. Al llegar a ese punto empiezas a disfrutar y no trabajas con la sensación continua de querer abandonar. Yo he querido dejarlo muchísimas veces.
¿Y desde hace cinco años no le sucede?
Sí, pero porque me mato a trabajar para que no me vuelva a pasar. He aprendido a vivir en el escenario y me he vuelto torpe para la vida.
¿Es más usted sobre las tablas que en la calle?
Inevitablemente. En el escenario me quito máscaras y velos, y rompo el pacto de la hipocresía social. En la vida hay que ser falso constantemente porque, si no, iríamos con unas pistoleras en las caderas. El teatro es un acto de profunda libertad donde me siento libre para decir lo que siento. La careta me la pongo cuando salgo del escenario. Ahí es donde empiezo a fingir para sobrevivir. Uno solo puede existir socialmente mintiendo. Sería insostenible siendo completamente honesto. Por eso creo que el escenario es el único lugar donde se puede trabajar con libertad. 
¿Cómo se describe usted?
Soy una suicida sin suicidio, una criminal sin posibilidad de crimen porque respeto el pacto social. Pero mediante mis obras construyo mis cárceles, mis manicomios que me controlan e impiden que, si un banco me regalara unas pistolas por Navidad, salga a la calle a matar gente [ríe]. Todo llegará [dice seria], porque esto casi lo han hecho.
¿Le interesa la moda? 
Me apasiona. Uno sabe reconocer a los seres excepcionales, y en el mundo de la moda están Vivienne Westwood y Galliano. De pequeña yo dibujaba vestidos. Después con la Singer de pedales de mi abuela empecé a crear mi propia ropa. Era punki, siniestra, gótica, seguidora de Boy George y me hacía mis guardapolvos, las gorras y las faldas. Así, y con los labios de negro, estuve hasta los veintipocos.
Escribe sus obras, las dirige y las protagoniza. ¿Se encarga también del vestuario?
Claro, saber con qué trajes voy a contar forma parte de la composición estética de la escena y de la dramaturgia. Cuando estrenamos Perro muerto en el Centro Dramático Nacional me arrancaba los volantes del vestido. Cada noche tenían que coserlo, pero formaba parte de la propia acción. Intento hacer dramaturgia con todo lo que está a mi alcance. El vestuario es muy revelador porque aporta muchísimas cosas. Es importantísimo. Al próximo que vea salir con chándal y capucha a un escenario le pego un tiro.
¿Los vestidos de La casa de la fuerza eran de Josep Font? 
Sí. Cuando empiezo a crear una obra tengo una paleta de colores con la que comienzo a buscar. Me enamoré de unos vestidos suyos que tenían unas alitas en la espalda y los convertí en una hermosa escena. Luego descubrí a María Escoté y pensé: «Aquí estamos las mujeres vampiras con encajes».
También se ha declarado fan del fútbol, ¿qué le aporta? 
Hace que me olvide de todo. Pero no soy una erudita de este deporte. Soy una hooligan, una salvaje, veo las finales y parece que me juego la vida. Lo sigo de un modo apoteósico. No soporto a los comentaristas que quieren hacer filosofía, ¡que nos dejen en paz! Yukio Mishima hablaba de la guerra de las emociones. Decía que ya no había posibilidad de participar en las guerras, pero sí que vivíamos una batalla de los sentimientos. La nueva épica son todas aquellas manifestaciones en las que entran a jugar las emociones. Y yo vivo el fútbol como si fuera Aquiles.
¿Qué le proporciona más placer? 
Cuando reconozco mi peor parte y la mejor delante de, por ejemplo, un Fra Angélico o una obra de Pasolini. Eso está en manos de la supremacía estética. Una comedia no me salva la vida, lo hace un poema de Houellebecq.
¿Por qué cree que el arte es necesario? 
Porque es lo que nos habla del origen de la alegría y la tristeza humana. Sirve para comprender mejor el mundo. Y si no, no sería lo primero que se censura cuando se implanta un sistema autoritario.
¿Le preocupa el paso del tiempo? 
Me aterroriza. Es mi mayor temor. La decrepitud del cuerpo me da pavor porque está por encima de tu voluntad y se impone el agotamiento. No tengo ninguna fe en eso del abuelito feliz. No me lo trago. Cuando tu padre está en el hospital y ves la gente con la que comparte planta, te vuelves incrédulo. Llegas a un tope de decepción en el que te cuesta hacer un ejercicio de compasión. El sentimiento de piedad por los ancianos me trastorna. Me resulta insoportable ver la vejez en los demás y en el propio cuerpo.
¿No será también por una cuestión de coquetería?
Claro. Después de Las partículas elementales de Houellebecq creo que no debería haberse escrito nada más. Le damos mucha importancia a la intelectualidad, cuando lo que nos hace sufrir, en el fondo, son nuestros objetivos sexuales y la carrera de obstáculos que significan. Todas las piedras que se interponen en el camino entre el amor y tú suponen una fuente de profunda angustia. El cuerpo tiene mucho que decir en la posibilidad del amor y vivimos muy a gusto negándolo. Dile a una persona de 180 kilos cuántas barreras hay entre 180 kilos y el amor. En el fondo, muchas veces lo que te hace sufrir es la piel y estar excluido de la cotización del mercado del sexo.
¿Por eso se machaca en el gimnasio? 
[Ríe]. Lo hago para poder hacer El año de Ricardo; si no estoy en forma, es imposible. El cuerpo tiene tanto valor como la belleza y la juventud.
¿Cree en la juventud?
Cómo no hacerlo. Es lo único que merece la pena, porque llega un momento en el que la decepción te aleja de la idea de humanidad y te desvincula cada vez más.
¿Y qué opina de la gente que se cree siempre joven? Que son auténticos imbéciles que envejecen haciendo el ridículo.
¿Habla de la cirugía estética? 
No. No le puedes negar a nadie el derecho a sentirse mejor. Pero lo que no comprendo es la intrascendencia que se le otorga a la experiencia por encima de la juventud. Si es lo primero lo que realmente nos hace deprimentes.
¿Quiere decir que la experiencia es el arma de los mediocres? 
Es algo que se acaba argumentando cuando uno quiere encubrir su impotencia frente a la vitalidad. Es una manera de cubrir el fracaso.
¿Se considera presumida? 
Me hubiera gustado ser una mujer hermosa. Acabo de crear una pieza que llamaré Kate, y en ella quiero que Kate Moss me abrace, porque, en el fondo, mi deseo más profundo es haber sido tan bella como ella. El único camino que emprenden la fealdad y la vejez es el de la soledad, y eso es muy jodido.
¿Se ha censurado alguna vez? 
Nunca he tenido esa sensación. Escribo lo que digo.
¿Y la han censurado? 
Sí. Cuando estrenamos Y los peces salieron a combatir contra los hombres en 2003. Yo entraba a escena con la bandera de España y un hombre rojo rojísimo me dijo que, por lealtades que tenía con ciertos concejales, la quitara, ya que le acarrearía problemas (como la retirada de subvenciones). Yo preferí cubrirla con una banda negra porque de otro modo nunca hubiera existido ese hecho. Tenía que hacerse evidente que había habido un acto de censura.