9/1/14

Un teatro a la luz de las velas


Fuente: Patricia Tubella (elpais.com)
Un escenario a la luz de las velas y nada más, como en tiempos de Shakespeare. El nuevo teatro londinense Sam Wanamaker Playhouse se estrena esta noche del jueves en Londres sin otro artificio lumínico que el despliegue de un centenar de candelas, a la manera de aquellos espacios de la época jacobina donde se representaban las obras puertas adentro durante el invierno. El proyecto nace como un complemento del vecino del Globe, la fiel reproducción del teatro en el que el Bardo exhibió al aire libre sus piezas de mayor renombre, y que hoy ejerce de sede de la Royal Shakespeare Company en la orilla sur del Támesis.
Las dos casas del teatro cubrirán a partir de ahora una temporada ininterrumpida (el Globe, la primavera y el verano; su hermano, el otoño y el invierno), cumpliendo el sueño del actor director y productor estadounidense Sam Wanamaker. Suyo fue el empeño de construir una réplica del Shakespeare Globe, inaugurada en 1997 y cuatro años después de su muerte, que imaginó acompañada de un segundo escenario cubierto para prorrogar la vida de las obras frente a las inclemencias del tiempo. De hecho, la coraza de ese teatro adicional llegó a levantarse, pero hasta ahora sólo había alojado talleres y actividades administrativas. La recaudación de 7,5 millones de libras en donaciones -porque la filosofía de la compañía pasa por no depender de ayudas públicas- ha hecho posible su reciclaje en una sala única en su especie.
El diseño del teatro en el que esta noche se preestrena la tragedia La Duquesa de Amalfi, de John Webster, está inspirado en la colección de bocetos más antiguos que se conservan de un teatro jacobino, y que fue hallada en una biblioteca de la universidad de Oxford en los años 60’. Sin iluminación eléctrica, puesto que hablamos del siglo XVII. Faltaban todavía cien años para que las velas fueran sustituidas en los escenarios, primero por lámparas de queroseno o gas y más tarde por la despampanante iluminación eléctrica que el teatro Savoy de Londres inauguró en 1881.
Los responsables de la Sam Wanamaker Playhouse han tenido que idear un férreo dispositivo de seguridad para conseguir el visto bueno de las autoridades (y el servicio de bomberos) a la hora de reponer los cirios como recurso teatral. Efectista y diferente. William Shakespeare reconocería ese teatro, es su conclusión sobre un espacio que podría emular a la Blackfriars Playhouse, donde la compañía del gran dramaturgo actuaba en los meses invernales. El director artístico del nuevo teatro, Dominic Dromgoole, lo considera sin embargo más un arquetipo de los espacios cerrados de la época jacobina que la reproducción de un edificio concreto (a diferencia del Globe).
Cuando la actriz Gemma Arterton (una antigua chica Bond formada en la Royal Shakespeare Company) comparezca esta noche en escena transmutada en la desgraciada duquesa de Amalfi, en el sitio web del teatro permanecerá colgado el llamamiento al público para recaudar los últimos y ya pocos miles de libras necesarios para cuadrar los números del presupuesto. Un donante anónimo y muy generoso apoyó desde el principio la iniciativa, ofreciendo igualar cada libra que se consiguiera (es decir, doblando de facto la cantidad total recaudada). El objetivo de ese esfuerzo ha sido no solo revivir la misma escenografía de tiempos de Shakespeare sino también hacerlo a precios asequibles al público. El lleno absoluto, por todos estos motivos, está garantizado en la Sam Wanamaker Playhouse.