6/2/14

‘El bola’ se pone el hábito de Umberto Eco


Fuente: Ángel Luis Sucasas (elpais.com)

"Ningún miedo y con muchas ganas". Así decía sentirse el actor Juan José Ballesta horas antes de saltar al tablado del Nuevo Apolo como protagonista de la primera adaptación teatral de El nombre de la rosa, el best-seller de Umberto Eco. Lo decía a pesar de que para Ballesta es su primera vez en el proscenio, después de triunfar en el cine con películas como El bola de Achero Mañas. Ayudaba jugar "en casa", tanto que el joven actor madrileño de 26 años subrayó no temer ni siquiera a la sombra de Christian Slater, que interpretó el papel en la icónica adaptación cinematográfica de los ochenta: "Hay un Adso de Slater y otro de Juanjo Ballesta".

Ayudaba también confiar ciegamente en su Sean Connery, Juan Fernández, con el que ha compartido protagonismo durante las más de 50 funciones antes de llegar a la capital. Fernández, el Sherlock Holmes con hábito y tonsura que imaginó el escritor piamontés, no ve ningún problema en que los espectadores recuerden la película o la novela: "En la novela te imaginas a los personajes. En la película los ves, pero con cierto distancimiento. Aquí estamos vivos frente al público".
Esa viveza es para el dúo la gran diferencia entre su relación en escena y la que tienen Sean Connery y Christian Slater en la gran pantalla. "En la película ves una relación mucho más fría, en la que todo lo que cuenta es el respeto y la diferencia de rango", explica Juan Fernández. "Pero con nosotros fue lo contrario, hay mucho cariño entre los dos". Ballesta lo lleva más lejos: "Como un padre. Cada vez que me asusto, lo miro a él. Si hablan del demonio, ahí lo estoy buscando con la mirada. Como un padre". Y el efecto no fue buscado, porque ambos reconocen que encontraron esa complicidad de manera natural, simplemente actuando el uno frente al otro.
Ballesta y Fernández se enfrentan, junto al resto de la docena de actores que recrean la intriga monacal de la novela, a un laberinto escénico. Amén del atrezo puntual propio del escenario —sus bibliotecas, sus mesas de copista— y de los efectos escénicos —de nieve, niebla y fuego— el gran protagonista de la puesta en escena es un armazón móvil con aspecto de códice milenario. Una suerte de biombo compuesto por seis portales desplegables, con una caligrafía gótica inscrita sobre ellos, crea la ilusión de los muros y pasillos retorcidos de la abadía, cambiando de escena a escena y obligando a los actores a memorizar un laberinto mutante. La responsable de estatortura para los actores, la directora Garbi Losada, afirma que era necesario este "personaje más" para conseguir los múltiples escenarios de la novela. "Además, la novela gira en torno a un libro prohibido [el segundo tomo perdido de la Poética de Aristóteles]", explica Losada, "y que el elemento central de la escenografía fueran las páginas de un códice nos parecía un acierto".
Director y actores son conscientes de que se juegan mucho en Madrid. Juan Fernández recuerda que "aquí vienen muchos promotores, y el futuro de la gira dependerá de lo bien que nos vaya". Pero confían que el hechizo de Umberto Eco, que encandiló a más de 30 millones de lectores, no  pierda lustre en la escena. Para Ballesta, además, lo mejor ya ha pasado: "Me he enamorado del teatro. El teatro mola y te llena. Te hace crecer".

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