11/3/14

Cristina Rota "Me interesa que el teatro tenga una función social y dinamice la sociedad"



Fuente: Saioa Camarzana (elcultural.es)

Cristina Rota (La Plata, Argentina, 1945) es actriz, profesora de arte dramático de su propia escuela (Producciones Cristina Rota) y productora. En el año 2010 obtuvo la Medalla de Oro de Bellas Artes y su centro es uno de las más prestigiosos del país. Este miércoles presenta Rudolf, una pieza escrita por Patricia Suárez en la que se cuenta la historia de un joven judío que busca la pista de un torturador nazi, que se cree ha huido a Sudamérica, a través de su ex amante. Ella es una pianista en declive en la Alemania de la hambruna de la postguerra y el joven tiene como meta encontrar a ese teniente y torturador nazi en concreto. A medida que va sorteando preguntas y adquiriendo respuestas, le asaltan más. Además se encuentra con un contratiempo inesperado: lo que se había planteado como un acto e intento hacer justicia por la memoria de sus seres queridos, se ve truncado en una historia de amor entre ambos personajes antagonistas. ¿Es posible una relación semejante? Esto es lo que narra Rudolf con María Botto y Roberto Drago como protagonistas en la Sala Mirador.

¿Cómo nace la historia de Rudolf?
Son unos textos de autores argentinos que no son de Buenos Aires, son del exterior. La escritora de esta pieza es de Rosario, me llegaron varios textos y me gustó mucho este. En un principio era para una lectura dramatizada, la hice y me gustó lo que cuenta, lo que dice. Tiene que ver con lo que me conmueve y me gusta contar. Me inspiró María Botto y me animé a montarlo ya que a ella también le conmovía. Otro de los textos lo postergamos porque requería trabajo y nos metimos en este.

¿Qué es lo que te atrajo de la obra para decidirte a dirigirla?
Realmente lo que cuenta. Me conmueve todo lo que cuente algo que tenga que ver con la sociedad en la que vivimos o los conflictos del alma humana. Y pienso que lo interesante es que el teatro esté en la función social, que sirva, que cuente, que movilice al ser humano, que dinamice una sociedad. Esto es lo que más me conmueve, una historia que puede haber sucedido en España, en Argentina, en Alemania, en cualquier sitio, de antes o de ahora, que nos cuente que todo exceso de poder traumatiza, fragmenta vidas e impide y fractura sociedades. Esta historia es como Romeo y Julieta pero fragmentada por los excesos del poder. 

Un chico judío y la ex amante de un teniente nazi. Incompatible en un principio pero, ¿posible?
Yo creo que no. Ha sucedido y de hecho el actor se basó en una historia argentina. Conoce a una chica pero en realidad está buscando a un torturador nazi y cree que ella es la ex amante, por lo tanto establece una relación profesional de espionaje y sobre todo ella, en la soledad de la postguerra, donde hay hambre, y está destrozada, venida abajo y muy sola. Ha vendido lo único a lo que se dedicaba y amaba que era el piano. No es incompatible, se pueden enamorar, el problema no es que suceda sino que hacer después con eso. La sociedad demuestra que es imposible toda reconciliación. El perdón es imposible.

El joven al final sigue el destino de la memoria. 
Claro, él tiene que resolver el dilema de si perdona, si olvida, si se va con ella o sigue tratando de reivindicar y luchar por sus seres queridos.

¿Es una metáfora?
Sí. A veces queremos construir sobre cadáveres y esto es imposible.

El tema del nazismo sigue siendo atractivo para mucha gente.
Eso espero. Es un tema que ha sido tratado, no podemos elaborar el presente sin el pasado. 

Los actores son Maria Botto y Roberto Drago. ¿Cómo es trabajar con ellos?
Ha sido muy gratificante. Ambos usaron mucho sus vivencias y el conocimiento que tienen de la vida. Los dos son hijos de argentinos y exiliados por lo que no les costaba entrar en la historia. En el trayecto se elabora y se van conociendo cosas, nuevos descubrimientos, luego van surgiendo más nudos, más respuestas. Más preguntas y respuestas que se van complicando. Fue un buen viaje y además es una parodia al estilo del teatro del enigma con influencias pinterianas y del teatro del enigma. Tiene un humor extraño, a veces negro y agrio que hace la obra más interesante. 

¿Cómo se afronta un montaje?
Cada montaje es un viaje donde otros te animan y en este caso fueron María y Juan. Además estoy amparada por todo el equipo del centro. La angustia te la produce la propia obra.

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