17/4/14

El Globe del siglo XXI


Font: Patricia Tubella (elpais.com)
El público que se reparte entre los tres niveles de galerías sabe que los pilares que las sostienen oscurecerán en algún punto la visibilidad de la acción, o que la ausencia de calefacción puede exponerles a los caprichos del clima de Londres incluso en primavera o el verano. Al menos está resguardado bajo el techo de paja, no como aquellos que han pagado una cantidad casi simbólica por una entrada para apretujarse al borde del mismo escenario, en el que los actores sirven el drama o la comedia al aire libre. La recompensa para todos es revivir la maravillosa experiencia del teatro al modo de los tiempos isabelinos, en un espacio que hoy aparece casi idéntico a aquel mítico Globe donde William Shakespeare estrenó algunas de sus grandes obras y participó como un actor más en su puesta en escena.
El Shakespeare’s Globe es en el siglo XXI un bonito edificio de forma poligonal que tiene como vecina la moderna estructura del museo Tate Modern en la orilla sur del Támesis, frente a frente con el conjunto creciente de rascacielos de la City del otro lado del río. Una réplica del pasado construida apenas a 200 metros del emplazamiento que tuvo el original. Su antecesor no fue el primer teatro de Londres en el que recaló el hijo de un comerciante de provincias nacido en Stratford-upon-Avon en 1564, pero sí el escenario en el que afloró todo su potencial creador. William Shakespeare empezó a bregarse en el oficio de las tablas junto a la compañía creada por James Burbage en The Theatre, el primer teatro comercial levantado en una ciudad cuyo alcalde consideraba las artes escénicas una actividad de depravados. Enaquella sede de Shoreditch (barrio del nordeste) sometería el Bardo sus primeros trabajos a la prueba del público y, tras una disputa del dueño por la renovación del alquiler, también allí ayudaría unos años después a desmontar el teatro tabla a tabla para trasladarlo a una nueva parcela en el sur del río. Los hijos de Burbage —entonces ya muerto— afrontaron el coste ofreciendo a otros miembros de la troupe participar en la nueva empresa. Shakespeare fue uno de los cuatro actores que aceptaron: así nacía el Globe en 1599, que prosperó durante los siguientes tres lustros de la mano de muchas de las obras firmadas por quien hoy es considerado el mejor dramaturgo de todos los tiempos.
Durante una representación de su Enrique VIII en 1613, una tela de escenario prendió y el fuego acabó extendiéndose al techo de paja, reduciendo a escombros el teatro. Fue rápidamente reconstruido y, tras la muerte de Shakespeare tres años después, siguió siendo la casa de su compañía hasta que la administración puritana decidió clausurar todos los teatros en 1642. El Globe fue derribado dos años más tarde para construir en su lugar nuevas viviendas.
Tres siglos después, un actor procedente de la otra orilla del Atlántico que se había estrenado en las tablas con la obra shakespiriana, acariciaba la idea de reconstruir el antiguo Globe a raíz de su primera visita a Londres en 1949. Ya instalado en el Reino Unido, el intérprete y director Sam Wanamaker acabaría creando una fundación destinada a captar fondos e ideas para llevar adelante un proyecto en el que se volcó durante más de dos décadas. ¿Cómo era el Globe original? Nadie lo sabía con certeza. Las imágenes del recinto que legaron los mapas de Londres dibujados por los cartógrafos de la época, o los relatos escritos que han sobrevivido sobre aquel espacio, procuraban una cierta idea. Pero fueron las excavaciones arqueológicas realizadas en 1989 en el antiguo recinto del Globe y en el de su rival, el Rose Theatre, las que confirmaron que los teatros isabelinos no eran estructuras circulares, sino poligonales, y en el caso del primero revelaron el perfil de un edificio de veinte lados con un diámetro de 100 pies.
El sueño de Wanamaker se hizo realidad utilizando las mismas técnicas de corte y trabajo de las maderas de roble que en el siglo XVI. Sus responsable admiten que el escenario es el espacio que más obedece a la conjetura, porque apenas existen datos que sugieran cuál era su apariencia, pero aun así se ha conseguido en conjunto la reconstrucción lo más fiel posible al Globe de 1599 con las evidencias disponibles. Cuando la reina lo inauguró en 1997, Sam Wanamaker ya había muerto tres años y medio antes. Con su nombre se ha bautizado un teatro adjunto estrenado el pasado enero y que emula los espacios de la época jacobina donde se representaban las obras puertas adentro y a la luz de las velas durante el invierno.
Las visitas guiadas a todo el complejo del Globe constituyen hoy uno de los atractivos turísticos del Londres perenne. Pero la verdadera experiencia pasa por apuntarse a una de las representaciones que, desde mayo hasta octubre, consiguen transportarnos a los tiempos en los que Shakespeare hizo de este teatro su casa y pudo dar rienda suelta a todo su genio.

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