27/9/14

Marc Rosich: "El mundo de la nana es terrorífico"


Fuente: Albert Lladó (lavanguardia.com)

Marc Rosich (Barcelona, 1973) es un auténtico hombre orquesta del teatro catalán. Autor de obras como La dona vinguda del futur, Car Wash o Party Line, ha adaptado, en colaboración con Calixto Bieito, Leonce und Lena o Camino Real, y ha sido reconocido por la dramaturgia de Tirant lo Blanc. Ahora la Sala Beckett de Barcelona acoge su adaptación de Woyzeck, el clásico de Büchner que lleva a escena la compañía Parking Shakespeare.

El tifus se lleva, en 1837, a Georg Büchner. Tenía 23 años.
Es increíble que alguien con esa edad pudiera escribir una pieza así, tan influyente. Suena a tópico, pero realmente la pregunta es qué habría llegado a escribir si no se hubiese muerto tan joven.

De hecho no le dio tiempo a acabar Woyzeck.
Y eso es también una de las cosas más excitantes para quien la monta. Está abierta para darle forma.

Se dice, por su fragmentación, que es uno de los precursores del expresionismo alemán.
Sí, y yo lo que he intentado es que, pese a la fragmentación del texto, el resultado no fuera fragmentario. El montaje busca el equilibrio, y que las escenas encajen bien entre ellas.

En la adaptación ha utilizado pasajes de otras obras y cartas del autor a su prometida, además de otros documentos.
Encontré una edición inglesa de las obras completas de Büchner donde se incluían escenas sueltas que nunca habían entrado en la versión canónica. E incluimos la historia de una chica que se comió treinta agujas que encontramos en un informe médico de su padre, que también era médico.

Padeció el exilio por sus ideas políticas.
En su escritura vemos cómo sufre el no poder compartir libremente su visión del mundo. Las claves sociales están clarísimas en la obra. Retrata las presiones del entorno que te destruyen como individuo.

La versión se ha hecho a medida para los ocho actores de Parking Shakespeare. Fue estrenada en una fábrica de Palo Alto, en Poblenou.
Hemos mantenido la geometría del montaje. El escenario tiene forma de pasarela. Lo que tal vez se pierde en monumentalidad se gana en poder apreciar el detalle del trabajo.

Woyzeck anticipa la revolución industrial pero en la obra también podemos intuir algunos de los excesos de la contemporánea revolución digital.
Nosotros, ahora, tenemos etiquetas para los males de los que habla Büchner, que era médico como su padre. Reconocemos el insomnio, las enfermedades de la ansiedad y el estrés, las depresiones… Los problemas de la velocidad de un mundo que no podemos digerir. Es un auténtico visionario.

Al protagonista le acusan de pensar demasiado. Se define como un “autómata” al que le han sacado el alma.
Precisamente lo del “autómata” pertenece a una carta que envía a su novia desde el exilio. Quería incluir esta palabra en la dramaturgia porque muchos de sus textos tienen vasos comunicantes con Woyzeck.

El protagonista, un soldado raso, sufre las humillaciones de su capitán y los experimentos de su doctor. Vemos la idea rígida de lo que debe ser un “buen ciudadano”.
Decidimos quitarle toda la pátina militar del original al capitán porque, de este modo, puedes reconocer allí a cualquier político dándote lecciones de moral.

También la música tiene gran importancia, en este sentido.
Hemos convertido todas las canciones de la obra en canciones de cuna. El mundo de la nana es terrorífico. Parecen canciones amables, dulces, pero si te paras a escuchar la letra… Te están diciendo que Dios te vigila, que tu cama está a punto… Son como una tortura, como una gota malaya. Hasta que un día explotas. Y Woyzeck explota.