31/10/14

¿Por qué vienen a Madrid?

Fuente: Clara Morales (elpais.com)
“Vienes a Madrid en unas condiciones que, bueno, te puedes imaginar… Pero apuestas. Que por nosotros no quede. Aunque tampoco podemos apostar siempre, porque los recursos se acaban”. Habla el dramaturgo y actor Juli Disla, el ceño fruncido bajo el sol del patio de la sala Mirador. Junto a él, Jaume Pérez, director. Este no es el hábitat natural de los creadores de La gente,obra finalista en los últimos Premios Max en la categoría de autoría revelación. La pareja creativa ha abandonado Valencia, su centro de operaciones, junto a sus seis actores durante unos días para venderse en Madrid. La capital es una plaza disputada, difícil de ganar. El sacrificio para llegar hasta aquí es grande, y el riesgo de fracasar es alto. ¿Por qué las compañías de otras comunidades se empeñan, entonces, en plantar su pica junto al madroño? El premio es jugoso, nada desdeñable en tiempos de crisis: más público, más funciones, más visibilidad.
La cantidad de personas dispuestas a pagar una entrada, en otras comunidades (excluyendo Cataluña), es relativamente escasa. Mientras en Madrid acudieron al teatro más de 3,5 millones de espectadores en 2012 según la SGAE, un 31% del total, en la Comunidad Valenciana lo hicieron 1,1 millones. Para un espectáculo como La gente, una reflexión sobre las dinámicas asamblearias y la posibilidad de una democracia directa, esto es vital. “La obra pertenece a unos circuitos concretos que se agotan en las ciudades de origen”, explica Disla. Estos “espectáculos minoritarios” siguen siéndolo, aclara, en la capital. Pero ahí el número juega a su favor: “Aquí, esta minoría es suficientemente amplia como para mantenerse”. El resultado es que en un mismo fin de semana (el del 24 al 27 de septiembre) coincidían en la cartelera tres compañías levantinas (Bambalina, Los que quedan y Pérez&Disla) en tres escenarios distintos de Madrid.
Pero recorrer los 360 kilómetros que separan la ciudad mediterránea de la Puerta del Sol no es sencillo, ni siquiera cuando una pieza ha sido destacada entre lo mejor del panorama teatral español de 2013, como también ha comprobado TeatrodeCERCA con Que vaya bonito, finalistas en los Max en la categoría de espectáculo revelación que ahora para en el Teatro Lara. Ambos equipos aseguran que la candidatura no ha hecho que suenen los teléfonos. Si Pérez y Disla han vuelto a pisar Madrid es porque ya lo hicieron en junio, en la sala Cuarta Pared. “Cuando la gente ve el espectáculo, es más fácil que te lo compre… Que nos dieran un hueco sin conocernos fue una apuesta de la sala, y estamos muy agradecidos”, recuerda Disla.
No basta con conseguir sala: también hace falta dinero. En el caso de La gente, la compañía ha recibido este año por primera vez las ayudas a giras otorgadas por el Ministerio de Cultura. Las subvenciones, que se han reducido en un millón de euros desde el año pasado (de 7,3 a 6,3 millones de euros), aportan entre 3.800 y 30.000 euros a casi 200 compañías en todo el territorio español. A los valencianos les han concedido 10.000 euros para sufragar una gira presupuestada en 25.000, que son los costes de trasladar a ocho personas desde la ciudad de origen a Cádiz, Madrid y Leganés (las actuaciones previstas en el plan de gira), más alojamiento y dietas, sueldos y otros gastos como cartelería o comunicación. De la ayuda del INAEM, 6.000 euros se han ido solo en su viaje de cinco días a Madrid.
“La ayuda es un complemento. ¿Están cobrando lo suficiente los actores? Si no hubiera ayuda, no cobrarían nada, pero, ¿es lo necesario, lo justo? Ella”, dice Disla señalando a la actriz Lorena López, que se sienta a su lado mientras apura un café, “se tiene que quedar en casa de una amiga. Somos compañeros y nos buscamos la vida… Pero si yo no la conociera de nada, me diría, ‘Oye, que estoy trabajando para ti”. Con todo, las cuentas no salen. Un mes después de sus cinco funciones en la Mirador, desde Valencia, el dramaturgo confiesa que lo recaudado en taquilla no ha sido suficiente para cubrir gastos. “No hemos alcanzado ni la mitad de lo que suponíamos que íbamos a ganar. Y eso en nuestras peores previsiones”.
Para las salas, apostar por espectáculos foráneos tampoco es rentable. “El problema es que para que haya gente que pague por una función, se necesita tiempo. El boca a boca es lo que funciona. Si programas cuatro días a una compañía, no viene nadie, porque nadie la conoce”, explica Antonio Fuentes, gerente del Teatro Lara, una de las salas más veteranas de Madrid. Por eso Fuentes, como ocurre en otros teatros, ha optado por programar cada función un día de la semana. Los espectáculos se alargan, y da tiempo a que el público acuda. Pero tiempo es, justamente, lo que no tienen estas compañías, que pierden dinero cada día que pasan en gira. Fuentes señala que, de todas formas, “no es un tema solo de que haya más gastos, sino de que viene menos público”. Conclusión: de sus 14 espectáculos en cartel, solo dos provienen de fuera de Madrid.
Entre ellas, TeatrodeCERCA, que ha logrado hacerse un hueco todos los viernes en la sala off del teatro. No lo han conseguido, juzga Yorge-Yamam Serrano, autor de Que vaya bonito, por haber estado nominados a los Max en la categoría de mejor espectáculo revelación, ni por haber realizado más de 70 funciones en Cataluña. “Lo que más llama la atención es el formato. Nos decían que al público madrileño le gustaría”, sentencia. La compañía sitúa su obra en una fiesta de despedida que tiene como asistentes al propio público. Su escenografía consiste, básicamente, en los adornos de la celebración y un proyector. “Nos movemos en tren con tres maletas, y eso ayuda”, admite Serrano. Para los desplazamientos cuentan con una ayuda del Instituto Ramon Llull, que sufraga sus desplazamientos durante dos meses, y han participado en el programa PLATEA del Ministerio, que nació el año pasado con un presupuesto de seis millones de euros destinado a los Ayuntamientos para tratar de reactivar la desfallecida programación municipal. Un apoyo que Serrano considera “vital”.
Aun así, ante la perspectiva de una programación semanal, el grupo de tres actores ha optado por establecerse, al menos en parte, en Madrid. Uno de ellos tenía piso en la capital, y Serrano vive con un pie en cada ciudad. No todos pueden permitírselo, como explica Jaume Pérez: “Nos propusieron estar más tiempo, pero nosotros no podemos. La única manera de hacer que esta obra estuviera en cartel es representarla con gente de aquí”.
La compañía vasca Kulunka Teatro creía haberse hecho un nombre gracias a los festivales internacionales. Han pasado por 22 países en los últimos cuatro años con su obra André y Dorine, y consiguieron hacerse un hueco en el Centro Cultural Fernán Gómez, propiedad del Ayuntamiento. Llenaron desde la segunda semana y tuvieron buenas críticas, pero económicamente el saldo fue negativo: “Con una sala de solo 100 butacas, y quitando el 21% de IVA, lo que se lleva el teatro y la publicidad, que en Madrid nos sale por 5.000 euros... Si volvemos, no nos planteamos ni ganar dinero. Con no perderle nos conformamos”, cuenta Garbiñe Insausti, cofundadora de la compañía.
Aun así, quieren volver. Han probado a colarse en los teatros privados, sin éxito, y también en los públicos, un circuito que creían tener abierto tras pasar por el Fernán Gómez. Nada. En los últimos meses han viajado hasta México y han girado por Cataluña y Comunidad Valenciana. Pero la capital se resiste. ¿Por qué, entonces, tanto empeño? Insausti lo tiene claro, la razón no es monetaria: “Estamos preparando otro espectáculo y es importante estar presentes en la vida cultural, que no nos olviden. Eso supone pasar por Madrid”.

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