21/11/14

La cápsula teatral (y del tiempo) de Sánchez Arévalo



Fuente: Javier Yuste (elcultural.es)

Para ver Hanky Panky, la pieza de microteatro que ha creado Daniel Sánchez Arévalo para la segunda edición del Tanqueray Stage (la primera edición corrió a cargo de Nancho Novo y sus Confesiones de un bartender), hay que ir hasta la Plaza de Santa Ana por la Calle Príncipe y, en vez de detenerse en el Teatro Español, hay que seguir hasta el n° 7. El edificio, en el que José Canalejas vivió su carrera política, acoge en su interior el Club Privado Argo, un exclusivo espacio reservado para socios que desborda lujo y flema británica en cada detalle (la sospecha de que los clientes en una tarde normal llevan bombín y paraguas es más que razonable). Allí, en la cuarta planta, esperan Hugo Silva, Inma Cuesta y Melania Deocal para poner en movimiento la peculiar historia pergeñada por el director de La gran familia española. “Con este escenario buscábamos que se enriqueciera la experiencia para el público al romper las convenciones de la sala de teatro sustituyéndola por un lugar al que la gente normalmente no puede acceder”, explica Sánchez Arévalo.

Hanky Panky, que se estrena este viernes y estará abierta al público durante tres fines de semana hasta el 6 de diciembre, es una comedia romántica que narra la historia de un involuntario viajero en el tiempo, interpretado por Hugo Silva, que tras 33 años dando vueltas por distintas épocas trata de volver infructuosamente a su tiempo para reencontrarse con la mujer de la que está enamorado. Por su parte, Inma Cuesta da vida a una Barmaid que sirve al personaje de Hugo Silva un Hanky Punky, una bebida creada por Ada Coleman, un mito de la coctelería femenina que ha inspirado el rol que interpreta la actriz. Este proyecto supone por tanto la primera incursión en la ciencia-ficción de Sánchez Arévalo que opina que“el teatro permite este tipo de juegos incluso con escasez de medios, mientras que en el cine esta historia tendría que haber sido una superproducción”.

El director de Primos, consolidado en la industria cinematográfica española con cuatro películas en su haber, debuta en una disciplina que se le presentaba no tanto como una ambición sino como un destino inevitable. “Los aspectos que más cuido en mis películas son el guion y la dirección de actores”, explica. “El teatro es la máxima expresión de ambos por lo que sabía que, de manera natural, iba a acabar dirigiendo teatro y estoy seguro de que volveré a hacerlo”. De hecho, Hanky Panky, una pieza de tan solo 15 minutos, parece una toma de contacto de su director con el medio escénico con vistas a acometer una obra más convencional.

Otro de los aspectos que el director repite respecto a anteriores trabajos es la apuesta por jóvenes talentos sin apenas experiencia en la interpretación. En esta ocasión, a través de un casting online al que se han presentado 300 aspirantes, la actriz Melania Docal ha conseguido hacerse con el tercer papel de la obra. “Melania tiene algo especial”, explica el director de Azuloscurocasinegro“Tiene una vis cómica maravillosa y es muy peculiar de por sí, en el buen sentido de la palabra. Te llama la atención solo de verla. Al final se trata de quién lo hace mejor y de quién es la persona mas adecuada para ese papel y ella era sin duda la más adecuada”.

Daniel Sánchez Arévalo se ha dado hasta final de año para decidirse por alguno de los tres proyectos que se encuentra en este momento desarrollando para volver a la pantalla grande. Mientras, asiste como espectador al gran año del cine español, que va acabar con una cuota de público cercana al 25 %, pero se muestra cauto a la hora de valorarlo. “Estos resultados vienen arrastrados por el fenómeno social de 8 apellidos vascos y un caso como este ocurre cada 20 años”. Su mayor preocupación es que el público pierda la costumbre de ir a las salas. “Es un serio problema que ir al cine se convierta en algo extraordinario porque es algo que puede calar en las nuevas generaciones y que estas lo vean algo tan raro como comprar un vinilo". La respuesta a iniciativas como la Fiesta del cine, sin embargo, le devuelven la esperanza en que el tema no es tanto de interés como del precio de las entradas. Pero, ya que el tema es la ciencia-ficción, si el cine español pasara definitivamente a mejor vida siempre le quedaría a Sánchez-Arévalo una prometodora carrera en el teatro. 

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