25/11/14

Miguel del Arco vuelve al Lliure con la radicalidad del 'Misántropo'



Fuente: Justo Barranco (lavanguardia.com)

Han pasado sólo cinco años y, como él mismo reconoce, parece que haya pasado toda una vida. De hecho, afirma, ha pasado. Miguel del Arco (Madrid, 1965) se presentaba a principios del año 2010 en la sala Villarroel de Barcelona con “La función por hacer”, su personalísima visión del clásico de Pirandello “Seis personajes en busca de autor”. Con ella acababa de dar la sorpresa en Madrid y logró unos buenos resultados en Barcelona, más de crítica que de público. Era una promesa. Con muchas posibilidades, como suelen apuntar los anuncios inmobiliarios. Mañana, cinco años más tarde, Del Arco vuelve por la puerta grande, la más grande, a Barcelona. Ha triunfado con espectáculos como “Juicio a una zorra”, con Carmen Machi; con “Veraneantes”, premio Max a la mejor obra; con “De ratones y hombres”... Y el año pasado arrasó en el Lliure con su versión del clásico de Ibsen “Un enemic del poble”, con actores catalanes y protagonizada por Pere Arquillué. “Un enemic del poble” volverá al Lliure en mayo, pero ahora mismo, desde el martes 25 y hasta el 7 de diciembre Del Arco presenta en el mismo espacio, en el Lliure de Montjuïc, su “Misántropo”, inspirado libremente en la aguda obra de Molière y protagonizado por Israel Elejalde. Su éxito hasta ahora ha sido tal que la compañía acaba de ir de gira por Sudamérica.

Del Arco, convertido ya en uno de los grandes directores españoles, aclara que aunque en este tiempo ha dirigido bastantes más obras, “Misántropo” es la tercera producción propia de la compañía que se formó con “La función por hacer” –además de Del Arco y Elejalde estaban ya los actores Bárbara Lennie, Miriam Montilla, Manuela Paso, Raúl Prieto y Cristóbal Suárez, que repiten ahora-, una compañía a la que sus miembros bautizaron muy apropiadamente como Kamikaze. Su segundo montaje fue el archipremiado “Veraneantes”, con el que, en medio de la crisis, no pudieron llegar a Barcelona porque aunque tenían teatro comprometido no tenían bolos para aguantar la producción hasta las fechas barcelonesas. Y su tercer asalto es un “Misántropo” que, dice del Arco, sin forzar para nada el texto original “con los tiempos que corren, esta obra sobre las verdades, las mentiras, las corrupciones, es dolorosamente actual”. Una obra que define como “una comedia falsa porque tiene un personaje trágico en el interior”.

Del Arco ha realizado una adaptación libre del Misántropo molieresco y lo ha situado en la actualidad, en una fiesta de discoteca. Una fiesta que es casi una de esas galas en las que se recoge dinero por alguna de tantas buenas causas. Sin embargo, de la fiesta apenas se ven sombras reflejadas, porque la acción transcurre en el exterior, “en un callejón donde los personajes salen a beber, fumar y drogarse”. “En mitad de una suciedad infecta esta gente vestida con sus mejores galas, sale esta gente asfixiada por lo que sucede dentro aunque quieren volver porque el que no hace lo que se supone que debe queda aislado como Alcestes, el misántropo de la obra”, señala. Un hombre que, dice Del Arco, “dice la verdad sí o sí pase lo que pase”, “el que dice hasta aquí hemos llegado y no acepta el juego callado que al final nos va adocenando”, un personaje que “que representa la capacidad del ser humano para mejorar, que cree que tenemos que comportarnos y relacionarnos de otra manera, desde la verdad, desde la honestidad, y que se convierte en misántropo al final de la obra cuando se cansa de seguir luchando y viviendo con unos hombres que son lobos para los hombres”.

Un Alcestes que, señala Elejalde, “es un personaje contradictorio, pero es el ser humano en su máxima dimensión de pureza y dignidad”. “Con él –prosigue-, la representación funciona como un espejo. El público se pregunta cuan lejos está de ese ser y cuan cerca está de los otros. Es un personaje casi alegórico que choca con la podredumbre moral a la que nos hemos acostumbrado, pero es contradictorio porque se enamora de la persona que representa todo lo contrario de lo que él intenta en la vida y eso le provoca un dolor inmenso”.

Un dolor que, dice, Del Arco, es el que le ha hecho sentirse identificado con él, con un hombre que realiza “una búsqueda incesante de la verdad que lo convierte en un héroe”. Un personaje alegórico, reconoce, “porque nadie tiene los santos cojones de decir lo que dice él, todos estamos pactando continuamente con los que tenemos alrededor, hacen cosas que no nos gustan y no vas a decirles inmediatamente lo que piensas de ellos”. Para Elejalde “no es un personaje que sienta superioridad moral hacia los demás sino hipersensibilidad por todo lo que ocurre y que además es incapaz de pactar. La gente que lo ve piensa que no puede ser como él pero que le encantaría tenerlo al lado cuando tiene un problema con su jefe”.

Para alguna gente, concluye el actor, “somos corruptos, deshonestos, tenemos envidias, así que lo mejor es pactar; para Alcestes hay que luchar por ser mejores y al final se da cuenta de que para no volverse un psicópata lo mejor es alejarse del mundo”. Para Del Arco, “Alcestes es a veces un poco talibán, muy bestia, pero hay momentos, como los que vive él, que se necesita ser radical, y hoy estamos, creo, en un momento bastante parecido”.

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