7/11/14

Sílvia Marsó: "Una buena función de teatro es una lección de vida"


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
«Tennessee Williams es un poeta; yo lo comparo a Lorca, porque, siendo tan distintos, tienen una visión muy profunda del ser humano, lo saben entender y no se quedan en lo externo, y sus personajes son al tiempo triunfadores y perdedores, verdugos y víctimas». Son palabras de Silvia Marsó, que encarna a Amanda en la nueva producción de «El zoo de cristal» que presenta el teatro Fernán Gómez. Acompañan a la actriz Carlos GarcíaAlejandro Arestegui y Pilar Gil, bajo la dirección de Francisco Vidal. La versión es de Eduardo Galán y la escenografía de Andrea D’Odorico
Amanda, cuenta la actriz, «es un personaje grotesco, que a veces roza el ridículo. Está enferma de nostalgia; Amanda perdió la vida, las esperanzas, la ilusión, y se quedó anquilosada en esa nostalgia enfermiza, y se aferra a los recuerdos».
«El zoo de cristal», situada en el sur de Estados Unidos en los años treinta del siglo pasado, es una obra en parte autobiográfica. «Tennessee Williams es Tom, uno de los hijos de Amanda, pero retrata su recuerdo. Tiene algo de sueño. Se tiende a asociar a su autor con el naturalismo, pero esta obra no lo es al cien por cien. Tiene un punto poético, mágico y esencial. Sus personajes están muy bien dibujados, vistos a través de un microscopio. Amanda tiene muchos colores: es cruel, divertida, cariñosa, frágil».
El autor, añade la actriz, «no juzga a ninguno de sus personajes. Todos están frustrados, y eso les lleva a ser unos perdedores. Pero no hay culpables ni víctimas. En todo caso, lo serían de la sociedad. Y ahí sí opina Teneessee Williams, la crítica social está patente en el texto. La obra se sitúa en el período de entreguerras que, en cierta forma, tiene equivalencia con la época actual: desencanto, faltas de expectativas, de oportunidades; de esperanza para la juventud, principalmente. En eso es muy actual. Amanda quiere lo mejor para sus hijos de una manera obsesiva, enfermiza; pero yo creo que a los padres de hoy en día, que han costeado una buena carrera a sus hijos y ven que no tienen salida laboral y, en algunos casos, tienen que irse al extranjero, se verán identificados con ella».
«Las obras grandes, y ésta lo es, pasan la criba de los siglos -continúa Silvia Marsó-. Porque hablan de los conflictos del ser humano, por eso pasan las décadas y las décadas y siguen ahí».
Reconoce la actriz que el personaje de Amanda no es el más intensoque ha interpretado, pero sí el más complejo. «Nora, de "Casa de muñecas", o "Yerma", de entre las obras que he hecho recientemente, eran más intensas; pero éste es más complejo, porque en un mismo ser humano se dan varios registros, y a veces incluso en la misma frase. Pasa de la crueldad al amor desmesurado en menos de un segundo, y pasando por la ilusión y la desesperación. Si fuera psicóloga, para mí sería un lujo poder tratar a un personaje como Amanda. Es, como dice Paco Vidal, el director, un tanque que sale solo después de un bombardeo».
Ya empieza el personaje de Amanda a dejar huella en la actriz. «Todos lo hacen, porque me ayudan a crecer personalmente. Yo hace tiempo que elegí hacer este tipo de teatro, grandes textos con grandes personajes, y comprometidos con el ser humano; y el poso profundo de los autores me va enseñando sobre el hombre y sobre la vida. Y el espectador también aprende. Asistir a una representación de uno de estos autores es una lección de vida».
Acaba de cumplir Silvia Marsó treinta y cinco años de carrera profesional. «He tenido la suerte de poder enfocar mi carrera hacia este tipo de teatro. He rechazado otros proyectos más de entretenimiento o comercial, que también están muy bien, para centrarme en estos personajes. Porque ellos son la esencia de por qué soy actriz. Algunas series o programas de televisión que he hecho me han servido de trampolín, pero esto es lo que quería hacer».

0 comentarios:

Publica un comentari a l'entrada