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29/9/14

Las heridas éticas de Albert Camus siguen sangrando



Fuente: Alberto Ojeda (elcultural.es)

Decía Camus que su verdadera universidad habían sido el teatro y los campos de fútbol. En estos últimos fue todo un porterazo. En las salidas, cara a cara con los delanteros, era casi imbatible. Se lanzaba con fiereza a sus pies para rebañarles con los guantes el balón. Pero la tuberculosis le apartó bruscamente de los terrenos de juego. El teatro fue un sustitutivo consolador. Alrededor de las tablas recuperó el clima de camaradería y de solidaridad que vivió en los vestuarios. Confabulado con un grupo de amigos, creó en unos barracones de Bab-el-Oued (Argel) la compañía el Teatro del Trabajo. 

Es 1935, un tiempo en el que la amenaza de la violencia sobrevuela Europa. La Guerra Civil en España parece inevitable mientras que en Alemania el nazismo escupe ya sin complejos su mensaje de odio. La primera obra que montan es El desprecio, de Malraux, pionero en vislumbrar las negras intenciones de Hitler. Camus sabe que no es un texto brillante pero eso es secundario. Lo que toca es comprometerse contra las tiranías en marcha.

Desde ese momento, Camus y el teatro estarán unidos por un eslabón vitalicio, forjado por la sensibilidad y el compromiso hacia la realidad que le circunda. Un vínculo obvio en sus obras, todas con un sustrato ético aún candente. En las encrucijadas planteadas en sus dramas destellan nuevos brillos a la luz de nuestra época. Brillos que hoy iluminan a autores contemporáneos. Es lo que les sucedió a José A. Pérez y Javier Hernández-Simón, firmantes de la versión de Los justos que veremos en Matadero a partir del miércoles 1 de octubre. Ambos, bilbaínos, llevaban tiempo dándole vueltas a cómo afrontar sobre el escenario el terrorismo etarra, pero no encontraban el enfoque ni el tono.Temían caer en el entretenimiento o en lo panfletario. Les espantaba también dar la impresión de listillos con la convicción de poseer la fórmula para pacificar su tierra. Las dudas se desvanecieron cuando el texto de Camus cayó en sus manos. “Sí, fue una iluminación”, recuerda José A. Pérez. 

El dilema de un grupo de terroristas durante la revolución de 1905 era perfectamente extrapolable al seno de Eta. Camus se inspiró en el asesinato del Gran Duque Sergio Aleksándrovich Románov. En las bambalinas de ese atentado el escritor francés desencadenó la dialéctica: los revolucionarios antizaristas se dividen en dos bloques. Uno inflexible y convencido de que la lucha armada es el camino. Otro en el que el que los muertos empiezan a pesar demasiado en las conciencia. Pérez y Hernández-Simón trasladaron esa ruptura al Madrid de 1979. “En ese tiempo, con la consolidación del proceso democrático, se intensifican las disensiones internas en Eta. Es un momento en que la paradoja ideológica que subyace en el terrorismo se revela ante los mismos que lo ejercen”, explica a El Cultural José A. Pérez.

Uno de los miembros de la célula recula justo en el instante que debe detonar un coche bomba al paso del vehículo de un ministro. Ve a sus hijos pequeños por la ventanilla y la determinación se desvanece. Contraviene así la orden de sus superiores, lo que provoca una tensa discusión en el piso franco en el que se agazapan como alimañas. El cruce de argumentos (y berridos) busca esclarecer una sucesión de preguntas que, como advierte José A. Pérez, se encadenan ad infinitum: “¿Existe justificación para el terrorismo? ¿Es justo matar a un hombre si, con su asesinato, se hace justicia para miles, para decenas de miles, para millones? Si se asume la respuesta afirmativa, ¿dónde está el límite? ¿Es justo matar a una persona? ¿A diez? ¿A mil? ¿Es justo matar a civiles? ¿Es justo matar a niños si con su muerte se hace justicia?”.

La obra ya ha podido verse en varias localidades: Alcira, Valencia, Valladolid, Palencia, Mérida... También en el País Vasco. De momento, en Baracaldo y Durango. Tras el espaldarazo del Matadero esperan, por fin, presentarla en su Bilbao natal y también en San Sebastián. Sus artífices han podido testar de primera mano el impacto que causa: “La cervezas son bien animadas después de las representaciones. Hay personas que en el curso de la conversación hasta modifican su postura...”. Ellos en cambio se han mantenido firmes desde el principio. No hay equidistancias ni equilibrismos. “Los justos [sus justos] es una obra contra Eta”, sentencia José A. Pérez. Contra Eta y contra la violencia amparada en una causa o en una ideología. 

Y ahí, quizá, esta versión entra en colisión con el espíritu camusiano. “Es muy difícil saberlo. Tendría que determinarlo el propio autor. Yo he escuchado todo tipo de interpretaciones de Los justos: desde que defiende la violencia bajo determinadas circunstancias, como por ejemplo si se emplea para derrocar una tiranía, hasta que es un alegato pacifista. Mi opinión es que su posición es ambigua. Nosotros entendemos que queda abierta para que cada cual saque sus conclusiones”. Ellos han extraído las suyas y las muestran sobre el escenario, añadiendo diez segundos al final que apuntalan su planteamiento ético, para borrar cualquier atisbo de indeterminación.

Es una coda de Javier Hernández-Simón, también director de un montaje austero, con Lola Baldrich, Alex Gadea y Ramón Ibarra en el elenco, que huye de la estética realista. La escenografía opta por el simbolismo: los personajes aparecen atados a la tierra por sogas. Metáfora clarividente de los peligros de exacerbar el localismo. La oposición frontal a Eta, eso sí, no está reñida con una humanización de los terroristas. Lloran, ríen, hablan del amor y evocan con nostalgia los parajes de sus pueblos... 

Un calígula sensible y lúcido

Vorazmente humano es también el Calígula perfilado por Camus. No se corresponde con el demente sanguinario de la leyenda, que empezó a prefigurarse en las crónicas de Suetonio (Vida de los Doce Césares). Su crueldad se enciende cuando toma conciencia de una condena inapelable: “Los hombres mueren y no son felices”, lamenta. Esa certeza le alcanza al fallecer Drusilla, su hermana y, al decir de muchos, su amante predilecta. Pero estamos ante un gobernante lúcido, sensible e inteligente, muy consciente de sus decisiones, que reacciona con virulencia cuando la burocracia palatina, en mitad del duelo, empieza a apremiarle con asuntos prácticos. “Cuando ve que los patricios que le rodean no tienen interés alguno en su sufrimiento, se revuelve con ira. Calígula se da cuenta de que a sus asesores sólo les desvela la marcha de las finanzas. La revancha contra ese desprecio a su dolor es aplicarles su lógica economicista hasta el último extremo”, comenta Joaquín Vida, autor y director de la versión que permanecerá en el Fernán Gómez hasta el martes 28 de octubre, con Javier Collado Goyanes encarnando la refinada demencia del emperador romano. 

Vida utiliza también al escritor francés como plataforma para alzar su crítica al mundo contemporáneo, “en el que la economía está muy por encima del bienestar espiritual de los ciudadanos”. “Profundizar en Camus hoy, zarandeados como estamos por una inacabable crisis económica a la que es sacrificado hasta lo más sagrado, es una necesidad para quienes contemplamos con angustia lo que está sucediendo”, añade. 

Vida ha echado mano además de un puñado de actores veteranos, de voz poderosa y mucho empaque, para interpretar a los burócratas palatinos. Ha tenido que poner mucho de su parte para dotarles de encarnadura. El teatro de Camus se resiente a veces de una excesiva abstracción, con personajes trazados como ideas puras. Una rigidez intelectual que disuade a algunos registas mientras que para otros es un acicate. En este último grupo encontramos a Eduardo Vasco, que ha atestado durante dos temporadas el María Guerrero y el Matadero con su versión de El malentendido, una parábola con la que Camus plasmó “la imposibilidad de recuperar el paraíso perdido” (palabra del Nobel francés). La producción fue concebida como un homenaje de Cayetana Guillén Cuervo a su padre, cercado por el cáncer mientras la compañía se apresuraba para subirla a escena. No pudo verla. No llegó a tiempo. Pero el guiño filial a Fernando Guillén, que la representó en el Poliorama de Barcelona bajo dirección de Adolfo Marsillach en 1969, no pudo ser más emotivo. 

La filosofía del absurdo permea en esta pieza rematada por Camus bajo la ocupación nazi de Francia. Al igual que en Calígula, los hombres parecen huérfanos, olvidados en la tierra. Nada queda a lo que aferrarse: ni Dios, ni ideología, ni ciencia, ni moral... Esa sensación de que la humanidad se ha quedado colgada en un limbo emparenta a Camus con los padres del teatro del absurdo: Beckett y Ionesco. En el fondo pero no en la forma de su dramaturgia descoyuntada. Es como lo ve Vasco: “Camus escribe historias que no están tan alejadas de una realidad que no por ser terrible es menos real. En El malentendido parte de una noticia y la dramatiza, no le hace falta recurrir a la ficción; el absurdo es parte del mundo que le rodea. Que nos rodea”. El salto de tiempo es legítimo de nuevo. Para que no chirriase puso todo su empeño: “Una cosa es que la obra maneje temas o ideas vigentes y otra que nos inquieten en el momento que vivimos. Tratar de conectar el mundo del autor con los espectadores de hoy es tarea nuestra. En este caso hay muchos motivos que nos siguen incitando a la reflexión. Cuestiones acerca de justificar los medios para conseguir un fin, acerca de la familia y sus raíces ancestrales, de los lugares en los que uno vive, lo económico como único valor todopoderoso... Camus escribe una tragedia con bases clásicas. No sé si pretende enseñar; más bien activar un estado crítico: inquietar y servir la posibilidad de la reflexión que incite el cambio”. 

Un cambio que según Carles Alfaro sólo puede tener éxito si hace palanca en las conciencias individuales. “No bastan con policías que nos vigilen, ni con fiscales que nos acusen, ni con jueces que nos juzguen. Tiene que partir de nuestro fuero interno. Y ahí la palabra de Camus puede ser muy eficaz”, afirma. Alfaro es un camusiano impenitente. En 2002 montó La caída en el Teatro Nacional de Cataluña y el año pasado exhibió una original propuesta escénica de El extranjero, con el indolente Mersault desdoblado en dos personajes: una especie de juego para adentrase con más hondura en su psique. Asegura que tiene entre ceja y ceja levantar Los justos y Calígula: “Necesito volver cíclicamente a Camus. Siento una identificación enorme con él. Y además creo que su posición frente al pensamiento único y su capacidad para esquivar el cinismo son muy necesarias”. 

Así lo entiende el público francés. Daniel Mesguich, director del Conservatorio Nacional de Teatro de París (también de origen argelino), lo confirma a El Cultural: “No es difícil encontrar sus obras en las carteleras. Pero debería representarse más todavía. Para mí, es el único intelectual que ha mantenido siempre una actitud justa y equilibrada. Unos lo tachan de haber aceptado el imperio colonial. Otros lo ven como demasiado izquierdista. Al contrario que Sartre, que se equivocó siempre, Camus acertó siempre”. 

Pero cuidado con colocarle en un pedestal. Eso le haría removerse en la tumba. Una vez, un periodista le preguntó cuál era el cumplido que más detestaba. La respuesta fue contundente: “La honradez, la conciencia, lo humano, en fin, ya sabe usted, toda esa verborrea moderna”. Camus intentaba ya en su día blindarse contra la beatificación. Su actitud en el mundo y en la literatura tenía más que ver con el verso de su poeta de cabecera, René Char: La lucidez es la herida más cercana al sol. Quizá por eso hoy Camus nos sigue quemando. 


El imaginario cordial del efecto Camus, por José Antonio Marina


Albert Camus fue una pasión de juventud. Como muchos de mi generación, lo conocí a través de la obra de Charles Moeller Literatura del siglo XX y cristianismo. Quiero hablar de su teatro desde ese pasado entusiasmo. La obra de Camus ha vencido al tiempo a rachas. La mayor parte de su teatro y su obra filosófica me resulta muy difícil de leer. Calígula es un caso aparte, por lo menos para mí, porque aún recuerdo la emoción que me produjo leerla por primera vez. Me hubiera gustado vérsela representar a Gerard Philipe, incluso viajé al Festival de Aviñón para conseguirlo, pero ese mismo año el actor murió. En el año sesenta, cuando dirigía el Teatro Español Universitario, intenté representarla en Toledo. En esa ciudad, el censor de teatro era un venerable actor de carácter, aficionado, empleado de Correos, que tardó mucho en darme la autorización. Durante años he guardado el papel oficial que decía textualmente: “Se autoriza a representar la obra Calígula, de Albert Camus, sin exagerar”. Lo que me interesaba de esa obra era una tesis que después resonó en mayo del 68, y que ahora vuelve a resonar. “Si una vez, sólo una vez, sucediera algo imposible, se rompería para siempre la lógica miserable de la realidad”.


No era filosofía del absurdo, sino esperanza contra toda esperanza. La obra es trágica porque, pretendiendo hacer lo imposible, Calígula sólo hace lo improbable y más aún lo monstruoso. Pero el vigor de la consigna despierta el ánimo en los corazones. “En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio” era su lema antisartriano. Esta es la esencia del “efecto Camus”, que es un caso especial en la historia de la literatura. Cuando paseo por París y veo en los tenderetes las fotografías de Camus con su gabardina y su cigarrillo colgando de los labios, y las de Audrey Hepburn con su larga y sofisticada boquilla, las unifico en mi imaginario cordial. Más allá de su respectivo talento han generado un aura mágica, imposible de separar de sus libros o de sus películas.

Una fábrica de arte escénico


Fuente: David Muñoz Sastre (elmundo.es)
Es La Masia de las artes escénicas, un campo de pruebas para jóvenes artistas que salen del nido, un segundo hogar para muchos creadores, un escaparate al que acuden los programadores de teatro y un centro social que vertebra el barrio de La Sagrera. Todo eso y más cabe en los 2.000 metros cuadrados de la Nau Ivanow, ubicada en el número 28 de la calle Hondures. El espacio multiusos que trabaja, desde 1998, con un objetivo claro: apoyar la creación cultural en todas sus fases.
Eso es, desde que nace y se desarrolla una idea en el coworking 'Viver de creadors' o en el 'Espai blau' hasta que se realiza la puesta en escena final en el escenario de la 'Sala Andy Warhol'. Todo ello, tras los ensayos efectuados en la 'Sala Ion' u otra de las zonas habilitadas para ello. Cada espacio, diferente y aislado del resto, permite preparar cualquiera de las etapas de creación de un espectáculo, por eso compañías grandes y pequeñas encuentran allí el lugar perfecto para poner a punto sus obras.
"Intentamos transmitir confianza y hospitalidad a los creadores para que se sientan como en casa", cuenta David Marín, director de la Nau Ivanow. Lo hacen adaptando las condiciones de los alquileres a cada compañía en función de su potencial, su tamaño y su presupuesto, ofreciendo libertad para que ensayen cuando lo necesiten e incluso alojando a artistas en su zona de residencia. Así es como consiguen que en Ivanow convivan, a veces en un mismo día, pequeños grupos de teatro con prestigiosos musicales llegados de Broadway como Sister Act, que estos días prepara en la nave el espectáculo que esta temporada llegará al Tívoli. Todos caben.
El proyecto de la Nau Ivanow empezó a caminar en 1997, cuando el fotógrafo y arquitecto Xavier Basiana compró el edificio y lo convirtió en centro cultural. 30 años antes había sido la fábrica de pinturas del empresario ruso Victor Ivanow Bauer -origen del nombre actual-, más tarde pasó a manos de la multinacional Azko Nobel y varias empresas textiles lo alquilaron después. Hasta que llegó Basiana con su arriesgada apuesta cultural -le costó 30 millones de pesetas y numerosos dolores de cabeza-. En 2010, tras llegar a un acuerdo con el Consistorio, la Nau Ivanow pasó a ser un equipamiento municipal, entró en la red de 'fábricas de creación' delInstituto de Cultura de Barcelona y la Fundació Sagrera es quien comenzó a gestionar el espacio. O, mejor dicho, los espacios, porque en realidad Ivanow son cuatro naves juntas, la principal (propiedad del Ayuntamiento) y tres adyacentes (propiedad del Distrito de Sant Andreu).
Desde hace 15 años habitan en este ecosistema creativo seres vivos mayoritariamente jóvenes, normalmente con una formación orientada a la cultura, ya sea teatral, fotográfica o de otra índole, y que participan en sus primeros proyectos, presentando algunas de sus ideas en la Beca Desperta que organiza cada año el centro. Son a menudo talentos por descubrir que en cuestión de tiempo puede que pisen las salas más importantes. "Lo que ocurre en Ivanow es la antesala de lo que en un futuro se representará en los principales teatros", advierte Marín. Por eso el espacio, además de abrirse al público general cuando se exhiben las obras, se convierte en un escaparate dirigido a los programadores que buscan espectáculos para sus temporadas. El pasado curso, de los 30 espectáculos representados en 112 funciones se exportaron 13 obras a otros teatros.
El principal hándicap de la Nau Ivanow ha sido hasta el momento la percepción que la gente tiene de ella: "Mucha gente del barrio no ha sabido identificar bien qué se hace aquí y lo ha visto como algo disperso, como un gran contenedor de muchas cosas cuyo eje común es la creación". Lo sabe bien David Marín, que entró en Ivanow en 2006, dirige el espacio desde 2010 y lleva más de 20 años en el entorno asociativo de La Sagrera. Con trabajo y constancia intentan poco a poco que la gente perciba la Nau como lo que es: un espacio que impulsa las artes escénicas. Y, sobre todo, perseveran para que cuando los vecinos de La Sagrera y otros puntos de Barcelona piensen en teatro, piensen en el Ivanow.
El 90% de las actividades que se llevan a cabo están relacionadas con el teatro, la danza y otras disciplinas escénicas. Sin embargo, también hay lugar para exposiciones fotográficas o pictóricas, cursos de formación, filmaciones, coworking para emprendedores culturales o conciertos y actos sociales en el nuevo Espai30, ideado para desarrollar en él una cultura de barrio. Ivanow es por encima de todo una fábrica cultural en la que los nuevos talentos producen el arte del mañana. 
Parte del éxito de la Nau Ivanow se debe a que el proyecto nunca se ha separado del origen de todo: la fábrica de pinturas de los años 70 y 80. Ya forma parte de la marca, es lo que les ha dado el nombre y es un potente recurso para enganchar a cualquier persona que descubre el centro por primera vez. David Marín asegura que mantienen una muy bien relación con los hijos del empresario Víctor Ivanow y que éstos, lógicamente, se enorgullecen al ver en lo que se han convertido las Pinturas Ivanow. Una de sus hijas, Bea Ivanow, aprovechó incluso su faceta de artista y pintora para exponer algunas de sus obras en la nave que un día alzó su padre. 
El olor a pintura, esmalte y disolvente ha dado paso al aroma de creatividad y arte que se respira ahora en el edificio gracias al esfuerzo que Xavier Basiana puso en su día y a los que trabajan hoy para que Sister Act se sienta como en casa, para que los jóvenes artistas tengan un lugar donde crecer y para que La Sagrera tenga el centro social y cultural que se merece. En definitiva, para que en la Nau Ivanow nunca dejen de funcionar las máquinas de la creación.

Pau Carrió “Els personatges de Shakespeare són amos del seu destí, i això el fa molt modern”


Font: Belén Ginart (ara.cat)
Per què Shakespeare? Era una fita, com per a tanta gent de teatre?
Suposo que va a gustos. Per a mi sí. Si només pogués triar un llibre, triaria les obres completes de Shakespeare perquè és com una mena de Bíblia. Hi ha totes les històries, tots els problemes psicològics que podem trobar, tots els comportaments humans. Hi podem reconèixer molts dels nostres conflictes, de les nostres preguntes. Els seus personatges són amos del seu destí, i en aquest sentit és terriblement modern.
I per què aquesta obra?
Perquè m’agrada molt i em provoca un debat. Quan escolto algun discurs del rei Enric animant els seus soldats a anar a la batalla i a la guerra inevitablement també desperta en mi aquesta violència i vull guanyar amb ell. Però quan intento ser una mica més racional, quan veig quin és el resultat de la violència, de la victòria, em tira cap enrere. Tinc clar que no hem d’anar a la guerra, però no parem d’anar-hi. Aquest dubte no resolt és el més interessant de la peça.
La victòria d’Enric V contra els francesos val la pena?
Van guanyar la Batalla d’Agincourt i això va oferir al rei la possibilitat que el seu fill fos rei de França i rei d’Anglaterra… exactament durant dos anys. Van morir milers i milers d’homes, els grans senyors de la guerra i l’Església es van enriquir, Enric V va passar a ser considerat un dels herois d’Anglaterra. Però això no es va traduir en un gran progrés en les vides de la gent. 
La teva versió agafa elements de les obres Enric IV i Enric V.
Shakespeare fa una sèrie sobre l’anomenada Guerra de les Roses. Si ens centrem en el fet que és una sèrie, vaig pensar que no podia agafar l’última temporada si abans no havíem explicat una mica el que passa en la temporada anterior.
Has fet un espectacle molt atemporal.
No volia una ubicació temporal concreta, hi ha alguna cosa del passat però també hi ha alguna cosa del futur, no em sembla tan descartable que els anglesos que diuen que se’n volen anar de la UE es tornin a barallar amb els francesos…
I això com es reflecteix en l’estètica de l’espectacle?
Hem intentat que fos molt propera. En algun moment vaig proposar que ens poséssim faldilles, i barrejar-les amb anoracs, amb jupes de cuir…
Shakespeare utilitzava músics en directe, i vosaltres també. 
Sí, hi ha l’Arnau Vallvé [bateria dels Manel] tocant en directe la bateria, el contrabaix, disparant samples … i jo també hi sóc per ajudar-lo. 
Des del principi tenies clar que hi actuaries?
Tenia clar que volia ser-hi com a músic, perquè jo també tinc un camí en el món de la música. A l’obra hi ha un actor que té la funció de situar els espectadors, de dir-los què és el que farem, i què és el que hauran d’imaginar perquè no ho hem posat a l’escenari. Es deia que aquest paper el feia Shakespeare. D’alguna manera jo sóc l’autor d’aquest muntatge, i em semblava honest sortir per assumir la meva responsabilitat. 
Proposeu un joc molt metateatral.
És un joc que proposa el mateix Shakespeare quan diu al públic, a través del cor del principi, que hi haurà de posar molt de la seva part. Ell partia d’un escenari buit, tot i que tenia els recursos sonors. Jo tenia ganes de proposar al públic una recuperació de la forma en què el Globe o el Curtain feien aquest teatre, amb l’espectador molt a prop de l’escena, com en un concert de rock. Des dels anys 60, la lectura anglesa de Shakespeare té molt a veure amb el que ells anomenen studio, un teatre petit, com a molt per a 200 persones, que és el que nosaltres tenim. 
Shakespeare proposa economia de recursos.
En el fons el que crec que proposa és un joc d’intel·ligència: tots som suficientment intel·ligents, llegits, entesos i coneixem tantes històries que som capaços d’imaginar. Proposa un ritme de narració molt contemporani, una narració disruptiva plena de salts d’espai i de situació. En aquest sentit també és terriblement modern. 
Estàs envoltat dels actors de La Kompanyia, que tu vas contribuir a crear com a assistent a la direcció del Lliure. 
Són actors molt versàtils, però el fet de treballar amb gent propera et permet conèixer millor quin material has de distribuir entre cadascú per treure’n el màxim profit. I a més hi ha una dinàmica de grup que per a aquest espectacle ens anava molt bé, perquè és un espectacle molt de companyia. 
‘Victòria d’Enric V’ Versió i direcció: Pau Carrió. Amb Pol López, Pep Ambrós, Laura Aubert, Javier Beltran, Paula Blanco, David Verdaguer Teatre Lliure de Gràcia (Barcelona) De l’1 al 26 /10

27/9/14

M.A.R.I.L.U.L.A.


AUTORA: LENA KITSOPOULOU
TRADUCCIÓN: JOAN SELLENT
ADAPTACIÓN: JOAN SELLENT, JOSEP MARIA MESTRES y MÒNICA GLAENZEL
INTERPRETACIÓN: MÒNICA GLAENZEL
DURACIÓN: 75min
SALA JOAN BROSSA (LA SECA)

No esperar nada, para encontrarlo todo. No mostraré ninguna imagen de la obra encabezando la crítica, porque cuanto menos cosas sepáis antes de verla, mejor. La sorpresa está garantizada y seguro que vendrá acompañada de maravillosas opiniones sobre el desarrollo de la trama. Lejos de ser una trama interactiva, como todo monólogo que se precie, los guiños al público son indispensables. Unos espectadores que son partícipes de todo y que respiran el ritmo que la obra les marca.

Según mi opinión, Mònica Graenzel se quedó en nuestras memorias en personajes cómicos y tópicos, pero M.A.R.I.L.U.L.A. consigue despertar todo su potencial y que dejes de ver sus habituales y cómicas gestualidades para presenciar un monólogo a medio camino entre el drama y la comedia (la de sonrisa, no la de carcajada), un monólogo lleno de vida que invita a vivir disfrutando de los pequeños placeres y momentos de la vida.

Subiendo el volumen, la intensidad, el ritmo y con tan sólo breves momentos para respirar, ordenar ideas y tomar aire, la música hace su presencia y nos lleva a recordar historias con Queen o Nino Bravo para devolvernos lentamente a nuestro viaje por Ítaca y Lluís Llach. La vitalidad está presente durante la hora y poco de montaje, pero es en los momentos musicales donde observamos toda su verdad.

Ya les gustaría a muchos ser tan libre en el escenario y en la vida como lo son Mònica Graenzel y su M.A.R.I.L.U.L.A. en escena. Vivir sin preocuparnos de nada más allá de la vida, intentando disfrutar de las pequeñas bellezas, instantes y momentos como el que nos brinda este pequeño gran montaje.

AL GALOP


AUTORES: MARK HAMPTON y MARY LOUISE WILSON
TRADUCCIÓN: JOAN SELLENT
DIRECCIÓN: GUIDO TORLONIA
INTERPRETACIÓN: CARME ELIAS
DURACIÓN: 1h 30min
PRODUCCIÓ: TEATRE AKADÈMIA
TEATRE AKADÈMIA

Fue visto y no visto. Antes de que se produjera el boca a boca, las entradas se agotaron. Y gracias a la reposición, nada más iniciada la nueva temporada, he podido rescatar esta pequeña joyita. El mundo de la moda me atrapa a la vez que lo siento lejano, pero por un momento, como si estuviera sentada en medio de su suntuoso salón, escucho maravillada las peripecias de Diana Vreeland, que como toda diva venida a menos, no acepta que su tiempo ya ha pasado.

Una escenografía donde el rojo reina, muy parisina nos acompaña en las desventuras de la que fue editora de Vogue hasta 1971. Todo un paseo por la historia de la moda y del mundo, de boca de una de las personas más influyentes de la época. A lo largo de noventa minutos de visitamos Nueva York, Londres, Paris, y por un segundo tenemos a tocar lo que el glamour y el lujo no nos deja ver, nos olvidamos de lo que se muestra de cara a la galería y entramos directamente en los entresijos del poder.

Carme Elias parece que ha nacido para interpretar a Diana Vreeland, derrochando estilo, glamour y saber estar. El traje le sienta de maravilla y después, de los primeros instantes más indecisos, nos olvidamos de la peluca y el naturalismo se apodera de la escena. Sus idas y venidas continuas, sus continuos cambios de opinión, cautivan al espectador de una manera que una vez que el telón cae, y abandonas la sala el personaje sigue dentro de ti. Lo primero que quise hacer es leer más, saber más sobre esta mujer.

Tiranía aparte, Al Galop explica la historia de una mujer que, como otras muchas, tuvo que hacerse valer en este mundo de hombres, y que dejó su nombre escrito en la historia de la moda. Quizás no sea para tanto, pero chapeau para ella, para una brillante Carme Elias y para el Teatre Akadèmia por recuperar su memoria. "Un petit toc de mal gust tothom el necesita. Estic en contra de l'absència de gust". ¡Qué vaya de gusto, señores!

Al Palcino volverá a la escena londinense tras una ausencia de treinta años


Fuente: EFE vía abc.es
Al Pacino volverá a la escena británica después de treinta años. El actor se lo ha revelado al diario «Daily Mail»: será en la primavera de 2016, en una producción de «Salomé», obra que ya ha representado en Nueva York y Los Ángeles. Según Pacino, esta versión será «más decadente, totalmente distinta a la que presentamos en Estados Unidos».
Aunque el año pasado pisó el escenario del London Palladium para un evento titulado «An evening with Al Pacino», el actor no actúa en Londres desde el año 1984, cuando protagonizó «American Buffalo», de David Mamet, en el Duke of York's Theatre
Esta semana, Al Pacino presentó en Londres. junto a Jessica Chastain -que interpretó a la protagonista en el montaje angelino en 2006, cuando era una actriz desconocida-. la película«Salomé», y el documental «Wilde Salomé», sobre la obsesión del actor acerca de la obra de Oscar Wilde y su trabajo durante el montaje teatral y el rodaje de la película.

Marc Rosich: "El mundo de la nana es terrorífico"


Fuente: Albert Lladó (lavanguardia.com)

Marc Rosich (Barcelona, 1973) es un auténtico hombre orquesta del teatro catalán. Autor de obras como La dona vinguda del futur, Car Wash o Party Line, ha adaptado, en colaboración con Calixto Bieito, Leonce und Lena o Camino Real, y ha sido reconocido por la dramaturgia de Tirant lo Blanc. Ahora la Sala Beckett de Barcelona acoge su adaptación de Woyzeck, el clásico de Büchner que lleva a escena la compañía Parking Shakespeare.

El tifus se lleva, en 1837, a Georg Büchner. Tenía 23 años.
Es increíble que alguien con esa edad pudiera escribir una pieza así, tan influyente. Suena a tópico, pero realmente la pregunta es qué habría llegado a escribir si no se hubiese muerto tan joven.

De hecho no le dio tiempo a acabar Woyzeck.
Y eso es también una de las cosas más excitantes para quien la monta. Está abierta para darle forma.

Se dice, por su fragmentación, que es uno de los precursores del expresionismo alemán.
Sí, y yo lo que he intentado es que, pese a la fragmentación del texto, el resultado no fuera fragmentario. El montaje busca el equilibrio, y que las escenas encajen bien entre ellas.

En la adaptación ha utilizado pasajes de otras obras y cartas del autor a su prometida, además de otros documentos.
Encontré una edición inglesa de las obras completas de Büchner donde se incluían escenas sueltas que nunca habían entrado en la versión canónica. E incluimos la historia de una chica que se comió treinta agujas que encontramos en un informe médico de su padre, que también era médico.

Padeció el exilio por sus ideas políticas.
En su escritura vemos cómo sufre el no poder compartir libremente su visión del mundo. Las claves sociales están clarísimas en la obra. Retrata las presiones del entorno que te destruyen como individuo.

La versión se ha hecho a medida para los ocho actores de Parking Shakespeare. Fue estrenada en una fábrica de Palo Alto, en Poblenou.
Hemos mantenido la geometría del montaje. El escenario tiene forma de pasarela. Lo que tal vez se pierde en monumentalidad se gana en poder apreciar el detalle del trabajo.

Woyzeck anticipa la revolución industrial pero en la obra también podemos intuir algunos de los excesos de la contemporánea revolución digital.
Nosotros, ahora, tenemos etiquetas para los males de los que habla Büchner, que era médico como su padre. Reconocemos el insomnio, las enfermedades de la ansiedad y el estrés, las depresiones… Los problemas de la velocidad de un mundo que no podemos digerir. Es un auténtico visionario.

Al protagonista le acusan de pensar demasiado. Se define como un “autómata” al que le han sacado el alma.
Precisamente lo del “autómata” pertenece a una carta que envía a su novia desde el exilio. Quería incluir esta palabra en la dramaturgia porque muchos de sus textos tienen vasos comunicantes con Woyzeck.

El protagonista, un soldado raso, sufre las humillaciones de su capitán y los experimentos de su doctor. Vemos la idea rígida de lo que debe ser un “buen ciudadano”.
Decidimos quitarle toda la pátina militar del original al capitán porque, de este modo, puedes reconocer allí a cualquier político dándote lecciones de moral.

También la música tiene gran importancia, en este sentido.
Hemos convertido todas las canciones de la obra en canciones de cuna. El mundo de la nana es terrorífico. Parecen canciones amables, dulces, pero si te paras a escuchar la letra… Te están diciendo que Dios te vigila, que tu cama está a punto… Son como una tortura, como una gota malaya. Hasta que un día explotas. Y Woyzeck explota.

El TNC desentierra un siglo de "esplendorosa" zarzuela catalana


Fuente: EP vía lavanguardia.com

El Teatre Nacional de Catalunya (TNC) desenterrará un siglo de "esplendorosa" zarzuela catalana para abrir la nueva temporada de la institución a partir del próximo jueves con el fin de restituir este género ignorado y despreciado como ningún otro patrimonio, pese a que era muy popular en los escenarios barceloneses entre 1850 y la Guerra Civil, ha explicado el director del teatro, Xavier Albertí.

La función inaugural 'Per començar, sarsuela!', que se podrá ver hasta el próximo domingo, hace una reconstrucción de 18 fragmentos de piezas de entre 1850 y 1939, teniendo en cuenta que el decaimiento de este género en los escenarios de Madrid -en los años 20- coincide con un auge de éste en el Paral·lel y que la mayoría de obras creadas hasta 1875 se hicieron en Catalunya.

Este patrimonio escénico, considerado uno de los más potentes, nació como consecuencia de la Revolución Industrial de forma simultánea en Berlín, París, Viena y Barcelona bajo distintos nombres, que hablan de un tipo de teatro con partes cantadas y partes habladas que en la península Ibérica se denominará zarzuela.

Albertí ha criticado un "secuestro" de este patrimonio tan vinculado con la cultura popular catalana, y con la conservación del catalán en el territorio, ha abundado el director, que ha se ha disfrazado de directora de orquesta en un aperitivo de la función que se presenta como un menú degustación de piezas destacadas del género con seis operistas y cantantes y el acompañamiento de la joven orquesta Esmuc.

Como el año pasado, todos los fondos del espectáculo inaugural irán destinados al programa 'Apropa Cultura', dedicada a llevar la cultura a personas en riesgo de exclusión social.

La zarzuela confirma que la sátira es intrínseca a los catalanes avezados a sobrellevar travesías políticas difíciles, ha remarcado Albertí, convencido del poder democratizador del género lírico de la zarzuela en un momento en que la ópera reflejaba sobre todo los códigos de representación de unas élites sociales muy determinadas.

23/9/14

Oriol Broggi estrenarà 'Una giornata particolare' d'Ettore Scola, amb Clara Segura i Pablo Derqui


Font: ACN via ara.cat
La Perla 29 i el seu director Oriol Broggi han presentat aquest dilluns la nova temporada teatral de la companyia i les obres que acollirà la Biblioteca de Catalunya. Entre d'altres destaquen 'Timó d'Atenes' de William Shakespeare, que es podrà veure del 4 al 30 de novembre en el marc del Festival Shakespeare i està dirigida per David Selvas, i 'Una giornata particolare' d'Ettore Scola, amb els actors Clara Segura i Pablo Derqui, que dirigirà el mateix Broggi. El director de La Perla 29 ha afirmat que és possible que durant el camí vagin sorgint noves coses, noves produccions o propostes que acullin a la Biblioteca de Catalunya.
'Una giornata particolare', que Scola va dur al teatre adaptant la pel·lícula protagonitzada per Sophia Loren i Marcello Mastroianni que ell mateix havia dirigit, s'estrenarà al març del 2105, encara falta completar-ne el repartiment. L'obra se centra en una conversa entre dues persones. L'Antonella es dirigeix amb la seva família a veure una marxa militar organitzada per Mussolini amb la presència de Hitler. Al pis del costat, descobrirà un home que viu angoixat la resistència al règim. Comencen a parlar i ella descobrirà que la vida pot tenir moltes contradiccions i que pot anar més enllà de la seva petita quotidianitat com a mestressa de casa.
Fins al 19 d'octubre, seguirà a la Biblioteca de Catalunya 'Cels', la producció de La Perla 29, dirigida per Broggi i escrita per Wajdi Mouawad, i que va ser un èxit al final de la temporada anterior. 'Cels' és la darrera obra de la tetralogia 'La sang de les promeses', de la qual formen part 'Litoral', 'Incendis' i 'Boscos'. Eduard Farelo, Xavier Boada, Màrcia Cisteró, Ernest Villegas i Xavier Ricart en són els actors protagonistes.
El Festival Shakespeare se celebrarà del 23 de setembre al 29 d'octubre a la Biblioteca de Catalunya. David Selvas hi dirigirà 'Timó d'Atenes' de Shakespeare del 4 al 30 de novembre. Julio Manrique, Marta Marco, Jordi Rico, Mireia Aixalà, Albert Ribalta, Enric Auquer, Oscar Rabadán i Felix Pons són els actors d'aquesta coproducció de La Bruta i el Festival Shakespeare.
Àngel Llàcer, Manu Guix i La Perla 29 van presentar a mitjans de juliol a Barcelona l'espectacle musical 'El Petit Príncep'. L'obra s'estrenarà el 5 de desembre a la Sala Barts de Barcelona i es podrà veure fins a l'11 de gener de 2015. L'escenografia visual, el so, la música per a tots els públics i l'equip artístic amb intèrprets com Xavi Duch, Elena Gadel, Marc Pociello i el mateix director de l'obra Àngel Llàcer, són algunes de les claus de l'espectacle. El director musical, Manu Guix, va destacar en la roda de premsa de presentació que "aquest és un musical molt fantàstic en el que el Petit Príncep viatja per molts planetes i parla de sentiments molt reials i molt profunds".
Les obres que faran gira són 'TRANSLATIONS / TRADUCCIONS', de Brian Friel i dirigida per Ferran Utzet que girarà fins al novembre; 'Cels', que girarà d'octubre fins a desembre, i 'L'orfe del clan dels Zhao', que ho farà de gener a març de l'any que ve.
Petit marge per augmentar la programació
En el dossier de la temporada, Broggi ha explicat que els agradaria presentar tota la temporada ben grossa, ben tancada i poder-la cridar ben alt, però ha admès que no ho poden fer del tot perquè encara tenen "dubtes i incògnites pressupostàries". Així mateix, s'han reservat "un petit marge per poder anar programant coses o decidint nous projectes a mesura que avancen els mesos". Broggi ha manifestat que és possible que durant el camí vagin sorgint noves propostes, noves produccions o propostes que acullin a la Biblioteca de Catalunya.

José Manuel Mora: "La performance es solo una herramienta teatral más"


Fuente: Javier Yuste (elcultural.es)

El Teatro Español apuesta para la Sala 2 de las Naves de Matadero por una de las obras que mejor acogida tuvo en el pasado Festival Fringe. Los nadadores nocturnos, que estará en el centro cultural madrileño hasta el 28 de septiembre, está firmado por José Manuel Mora (Sevilla, 1978), joven dramaturgo que cuenta ya en su haber con una prolífica carrera y que desde Draftinn, un laboratorio de investigación, experimentación y diálogo de las artes escénicas situado en el barrio de Ventas, ayuda a activar el panorama teatral de la capital. Entre sus múltiples estrenos destacan Mi alma en otra parte (CDN, 2009), La melancolía de King Kong (La Abadía, 2012) y Nada tras la puerta (CDN, 2013). Los nadadores nocturnos, ha sido escrito gracias a una residencia artística en el prestigioso Théâtre de la Ville en París.

¿Quiénes son Los nadadores nocturnos?

Los nadadores nocturnos son un grupo de personas damnificadas por el amor, pero también por lo que esta pasando en este país en este momento, que deciden fundar una orden y vivir cuidándose los unos a los otros.

¿Qué caminos transitó para imaginar esta historia?

Durante un año y medio estuve recopilando muchos fragmentos de historias que leía en la prensa o me contaban algunos amigos o que escuchaba en la calle o en el metro. Historias abortadas, muy simples, como fogonazos. Hechos que han podido tener lugar en estos últimos años, en esta época convulsa de crisis que sufrimos en nuestro país. Con todo ello me propuse escribir una pieza de teatro cuando me invitaron a hacer una residencia en el Theâtrè de la Ville de París.

¿Cómo fue el proceso de escritura?

Quise profundizar en estas historias pero me di cuenta de que tenían que tener poco desarrollo ya que su valor era la inmediatez, ese fogonazo que había en cada una de ellas. Lo importante era el paisaje roto y descompuesto que formaban entre todas y que servía de metáfora de lo que ha sucedido en estos últimos años en nuestro país pero también en Europa y en muchos otros lugares. Ahí surgían varias cuestiones: ¿Cómo una serie de personajes son capaces de vivir en un mundo que ha sido vendido a multinacionales? ¿Cómo es posible vivir historias de amor o vivir con cierta ingenuidad en un mundo en el que todo ha sido devastado? En su momento me impresionó mucho lo de Vodafone-Sol en el metro de Madrid. Lo que vemos en la pieza es un Madrid vendido en el que convergen todas estas historias.

¿A dónde nos lleva todo esto?

A las consecuencias a nivel emocional que tiene en los seres humanos esta hecatombe financiera, esta crisis feroz del capitalismo.

¿La visión que da la obra del mundo es fundamentalmente amarga?

Algo de amargura hay porque es imposible mirar lo que ocurre alrededor sin caer en la desazón. Pero a su vez también hay mucho optimismo en el sentido de resistencia, aunque un optimismo nada ingenuo: pese a todo, seguimos resistiendo. “Es terrible pero me llevas de la mano y viajo contigo”, me decía un espectador. Realmente no es un espectáculo en el que se agreda al público porque, aunque presenta vidas rotas, están tan rotas como las de cualquiera. La diferencia es sutil porque buscamos un sentido a todo esto. Pese a que hay amargura y desconsuelo también hay esperanza. Y me ha sorprendido muchísimo el montaje porque además de constituir todo un paisaje poético de un nivel estético impresionante, funciona con mucho humor.

¿Qué le parece que esta obra lleve la etiqueta de performance?

Carlota Ferrer, la directora, y yo trabajamos juntos muy mano a mano. Aunque ella es la responsable de la puesta en escena, la coreografía y la dirección del espectáculo y yo me ocupo del texto, en realidad hacemos un trabajo muy de pasarnos la pelota el uno al otro. Realmente la performance es una herramienta teatral más. Aquí tiene que ver con que, a medida que la pieza avanza, en realidad no estamos viendo tanto al personaje en un sentido aristotélico en el que tiene un desarrollo y cumple un objetivo dentro de la fuerza del drama. En realidad lo que vemos son actores que comparten con el público su vida, sus dolores, sus alegrías, sus conflictos... Después, a nivel estético, Carlota es una mujer que ha trabajado con muchos directores y que se ha curtido con creadores de vanguardia. Está muy metida en el mundo de las artes plásticas y visuales. Además, hay más elementos con reminiscencias a un teatro performativo como la idea de recoger un texto polimorfo con muchas voces, personajes, situaciones...

La obra vuelve a Matadero tras el Fringe...

Yo estoy muy contento de estar en el Teatro Español y en Matadero. Matadero es uno de los sitios mas interesantes e importantes que he conocido a nivel arquitectónico, técnico... Está a la altura de los mejores lugares teatrales de toda Europa. La Nave 2 de Matadero es una maravilla. Después, la idea de que un espectáculo del Fringe puede transitar hacia la programación regular es absolutamente necesaria y muy interesante, porque ayuda a que haya cierto tejido teatral y a que los festivales no solo sean un lugar de mera exhibición sino que también sean un lugar de encuentro y salgan espectáculos que se incorporen a la cartelera de los teatros. Nuestra presencia en Matadero es un deseo sobre todo del director de producción del Teatro Español, Marc Martí y del nuevo director de la institución, Juan Carlos Pérez de la Fuente, que ha sido generosísimo con la propuesta y muy entusiasta.

¿Ha ganado el montaje con el tiempo?

Tampoco ha tenido tanta vida. La obra tuvo la residencia para en el Theâtre de la Ville pero solo a nivel textual. Después se estrenó en el Fringe, luego ha pasado por la FiraTàrrega un fin de semana y lo han seleccionado también para el Festival Quijote de París pero para el próximo año. Cada día con más poso, con más peso y con más solera pero está realmente recién estrenado. Los actores de todas maneras hacen un trabajo formidable. Merece la pena por el nivel de la puesta en escena y el nivel de implicación, la energía y la entrega de los actores que es algo poco común en la cartelera o, al menos, yo no lo veo con tanta frecuencia.

El emperador que volvió loco al sistema


Fuente: Esther Alvarado | Sergio Enríquez-Nistal (elmundo.es)
Hay algo en Calígula que da más pena que miedo. El emperador más loco de Roma, que nombró cónsul a su propio caballo, era un ser enfermo de la misma angustia vital que padecían los hombres del siglo XX, entre ellos también Albert Camus (Mondovi, Argelia Francesa, 1913-Villeblevin, Francia, 1960).
Fue su primera obra teatral y en ella Camus recogió los miedos que atenazaban a los europeos que habían sobrevivido a las dos guerras. Empezó a escribirla en 1938, pero no fue hasta 1944 cuando se publicó, y más tarde la sometió a varias revisiones. La última de ellas, íntegra, es la que sirvió al director Joaquín Vida para su adaptación de 'Calígula', que se representa en el escenario del Teatro Fernán Gómez de Madrid hasta el 28 de septiembre.
"Cuando escribe esta obra, Albert Camus está afectado por la angustia vital; por la conciencia de la finitud de uno mismo, de la muerte, en un contexto histórico en el que los paradigmas se han hundido. El paradigma del siglo XVIII fue la Razón en sustitución de Dios que antes lo explicaba todo; un ser inmanente todopoderoso. En el siglo XIX la ciencia le demuestra al hombre que lo puede casi todo y es cuando se dice aquello de 'Dios ha muerto'", añade el director granadino. "La explicación del ser que lo maneja todo ya no le vale al hombre, que lo sustituye por la ciencia, pero entonces vienen las guerras mundiales con las catástrofes de Hiroshima y Nagasaki demostrando que, como decía Goya, 'el sueño de la razón produce monstruos'; que el hombre, a través de la ciencia, es peor que lo anterior. En ese momento se crea un vacío impresionante que sufrió el hombre del siglo XX. Camus estaba angustiado, como mucha gente. Para ellos la existencia humana era una cosa absurda y, para ese absurdo, Camus receta rebelarse". Y la mayor rebelión que podía cometer Calígula era pedir la luna, como hace en la obra del dramaturgo argelino.
Lo del caballo es una verdad histórica, pero para Vida tiene un significado distinto al de la locura: "¿No puede ser una manera de decirle al patriciado, que tenía reservada la capacidad de ser elegido cónsul, 'lo que podéis hacer vosotros lo puede hacer también este el jumento'?", inquiere.
Dirigir 'Calígula' era tan importante para Joaquín Vida como para hacerle volver a los escenarios cinco años después de jubilarse. "Me ofrecieron esta obra los propios actores. Yo ya estaba retirado pero, ante la tentación hice lo que Oscar Wilde decía que había que hacer ante las tentaciones: caer en ellas", bromea. El auténtico motivo por el que se dejó tentar es porque 'Calígula' dice cosas que "me apetecía que se dijesen hoy sobre un escenario". "Es una obra con un contenido filosófico y político muy actual y muy de acuerdo con como yo veo la vida".
Y es que, la función «viene a decirnos que Calígula no estaba loco; lo que estaba loco era el sistema», añade Vida, que ve reflejada, como en un espejo, la situación de hoy. "En plena crisis, la agresión del capitalismo se está quedando con todo y estamos volviendo al siglo XIX. Un espectador me abordó a la salida tras la función y me dijo que, durante los primeros 40 minutos, pensó que estaba ante lo que nos cuentan los periódicos todos los días". Eso era lo que pretendía Camus y lo que ha conseguido Joaquín Vida en su faceta de adaptador del texto: que el espectador "tenga la certeza de que no hablamos de Roma, sino de aquí y de hoy".
"Cuando esta obra se estrenó en España (1963) no se pudo hacer entera. En aquella época se quitó la parte de la lucha de clases. Así que lo que me planteé era la fidelidad a lo que quería decir Albert Camus", asegura el director. En aquella primera versión que lanzó a la fama a José María Rodero, "el texto se decía de una manera abstracta, muy poética y hasta sublime, pero todo sin que se viera exactamente lo que estaba pasando según el autor. Yo, lo que me planteaba es que saliera a la luz lo que estaba diciendo el autor de lo que pasa hoy, no de Roma".
Sigue habiendo Calígulas en nuestros días. "Aunque están mejor educados y hacen las cosas más finamente, el objetivo es el mismo que el del Calígula histórico: quedarse con todo". Camus, sin embargo, cambia el arquetipo: "Para él, el emperador no es un loco, sino una persona muy inteligente que se da cuenta de lo absurdo del sistema y decide aplicarlo con toda lógica a los representantes del mismo".
Calígula había sido un emperador estupendo -asegura Joaquín Vida- que, ante la muerte de su hermana y amante, queda sumido en la angustia del hombre del siglo XX. "En medio de esa angustia viene el 'staff' palatino a decirle que se deje de llantos, que lo que tiene que hacer es ocuparse de las finanzas. Entonces él decide que eso va a ser lo importante y que las mujeres de los senadores irán a trabajar al prostíbulo y lo que recauden irá a parar a las arcas del erario público. Que hay que estafar y defraudar; pues yo voy a robar descaradamente". Más o menos como sucede hoy, pero sin lección moralizante. Hoy, de hecho, los Calígulas no son necesarios, comenta Joaquín Vida. Incluso el propio Calígula de Camus se da cuenta de que así no se debe. Por eso grita: "¡Mi libertad no es la buena!".

'Lliga de teatre', l'apli que farà competir els espectadors per equips

Font: ara.cat
La productora teatral Sixto Paz Produccions, artífex espectacles com 'Pulmons' (actualment en gira), ha creat una aplicació per a mòbils per motivar el públic i fomentar el debat post-funció de les obres teatrals de Barcelona de la nova temporada.
'Lliga de Teatre', que ja es pot descarregar a App Store, Google Play i Amazon, proposa que es vagi al teatre en grups i que es descarregui l'aplicació per competir entre equips. En aquesta competició, amb preguntes en forma de Trivial, guanyarà l'equip que més detalls conegui de les quatre obres que haurà de veure a Barcelona entre els mesos d'octubre i desembre. 
Sixto Paz, del qual és cara visible l'actor Pau Roca, és una companyia jove que treballa per capgirar l''status quo' teatral i les formes de gestió. Un dels seus 'invents' va ser la taquilla inversa. Un dels seus projectes teatrals és 'Club de pessimistes actius', al Círcol Maldà.

22/9/14

Concha Velasco: "Estoy viva y me siento querida: tengo que ser ejemplo de alegría"


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
Al cruzar el portal de su casa, Concha Velasco se encuentra con un vecino. «¿Qué tal estamos?», le pregunta él. «Muy bien, estupendamente», contesta la actriz. «¡Así me gusta! ¡Siempre adelante! ¡Tú eres una mujer muy vitalista!» Y es que, aunque no pueda ocultar una inevitable sombra de cansancio en el rostro y en el gesto, Concha Velasco tiene la mirada luminosamente positiva y la voz optimista. «Tengo que ser ejemplo de alegría», se apresura a decir después de confirmar que se encuentra bien de salud. «Estoy muy bien, muy bien. Tengo que hacerme revisiones y analíticas mensuales hasta enero, pero estoy muy bien». Son las huellas de la enfermedad que la obligó a pasar cuatro veces por el quirófano -«la operación más grave fue la peritonitis, estuve a punto de morirme»-.
Lo ha pasado mal, confiesa, pero asegura que lo que le dolió, sobre todo, fue tener que dejar de trabajar: «tuvimos que parar la gira de Hécuba y se interrumpió una serie que iba a grabar». Pero ella prefiere fijarse en lo positivo, que es mucho: «He estado muy bien cuidada y he recibido mucho cariño; no solo por parte de mi familia y mis compañeros de profesión, sino por todo el mundo. No puedo estar triste de ninguna de las maneras, aunque es verdad que la enfermedad, y su tratamiento, dejan su huella anímica. Pero es natural, todo lo que me pasa es natural».

La vuelta al escenario

«Estoy viva, me siento muy querida, tengo trabajo», repite Concha como un estribillo, antes de hablar de Olivia y Eugenio, la obra con la que el viernes 26, la próxima semana, volverá a los escenarios en elteatro Principal de Zaragoza. Escrita por el autor peruano Herbert Morote, es la confesión de una mujer a la que se le ha diagnosticado un cáncer terminal y la relación con su hijo, que tiene síndrome de down. «Yo había pensado en esta obra antes de la enfermedad; después, en los ensayos, fui encontrando paralelismos que me hacían muy difícil interpretar el papel. Gracias a José Carlos Plaza, el director, que me conoce tan bien, he podido ir superando las dificultades. Mi situación es diferente de la de Olivia, pero el texto me removía. Hay frases que no puedo decir todavía sin echarme a llorar. Todos los seres humanos, con enfermedad o sin ella, echamos la vista atrás cuando llegamos a una edad como la mía -voy a cumplir 75 años-, y culpamos a los demás de nuestros propios errores. Eso es lo que hace Olivia, mi personaje, y yo no quiero hacerlo». La obra, añade, «es una historia de amor entrañable y muy esperanzada, en la que Eugenio consigue transformar a su madre».
Ya tenía previsto estrenar esta obra antes de caer enferma, ¿pero no pensó en dejarla para más adelante, en que no era la obra que más le convenía en este momento?
Sí, claro. Cuando empecé a estudiar el texto con José Carlos en casa. Le dije a él y a Jesús Cimarro, el productor, que no podía, que no me sentía capaz. Y pensé en una comedia. Pero eso fue hace tres meses, después de la última operación; me encontraba mal. Ellos me dijeron que esperara, que me tomara mi tiempo. Y la verdad es que me he ido enamorando del personaje, de los dos chicos que se alternan en el papel de Eugenio -Rodrigo Raimondi y Hugo Aritmendiz-; son totalmente diferentes, pero igual de adorables y cariñosos. ¡Y les quiero tanto...! ¡Son tan inteligentes y están tan preparados! Al principio fue complicado, porque Olivia entra en escena amargada y lo paga con Eugenio. La reacción de los chicos era de rechazo hacia mí, y había que explicarles que en ese momento no era Concha, sino el personaje. Pero el trabajo con ellos es maravilloso. Podía haber hecho el papel un actor, pero no sería igual. Hay un momento en que Olivia le dice a Eugenio: “Ya no puedo más. No tengo otra salida”. Y él responde: “Haz un esfuerzo”. Lloro al acordarme. Nadie podría decir esa frase como ellos la dicen.
Y usted lo está haciendo.
Todos lo hacemos. El martes fue el primer día que llegué contenta a casa y dormí bien. He pasado noches muy difíciles, porque yo sé que no puedo fallar. Todos los días me levanto muy temprano a estudiar, porque esta obra es prácticamente un monólogo.
¿Cómo se sintió la primera vez que volvió a entrar en un teatro, aunque fuera como espectadora?
Fui a ver En el estanque dorado, con Lola Herrera y Héctor Alterio, que me encantó. Y sentí varias cosas. Me dio la sensación, en primer lugar, de que había elegido muy bien; a mí se me había pasado la cabeza dejarlo, no volver a actuar, pero salí de ese espectáculo reconfortada. «Yo quiero ser como ellos dos», me dije. Fui después a ver El nombre, con Amparito Larrañaga, y hace poco vi True west, de Sam Sheppard...¡ Se está haciendo muy buen teatro en España! Y creo que estamos incurriendo en un error, porque una cosa es protestar por la subida del IVA, que es muy injusta, pero no tenemos que dar la sensación de que eso nos lleva a hacer mal las cosas; no es así, y eso hay que resaltarlo. Yo voy al teatro y veo que se están haciendo cosas muy buenas.

El teatro

La conversación deriva hacia la cartelera teatral. Pregunta Concha por El loco de los balcones, de Vargas Llosa, que ha estrenado su amigo José Sacristán en el Teatro Español. «¡Qué historia más bonita!», exclama al conocer la aventura de un profesor italiano que, como un Quijote moderno, se empeñó en salvar de la piqueta todos los balcones coloniales de Lima. «¡Me encanta Vargas Llosa! ¡Escribe tan bien, igual que García Márquez! Tienen un lenguaje tan poderoso, que nuestra imaginación se vuelve también poderosa, gracias a ellos!» Se le abren los ojos al mencionarle La señorita de Tacná, otra obra de Vargas Llosa que, tal vez, podría protagonizar un día. «Ahora -asienta los pies en el suelo- me centro en Olivia. Yo no creo que pueda hacer otra cosa... Ya me gustaría... Siempre me hubiera gustado tener una compañía de repertorio, como tuvieron muchas grandes actrices. Pero ahora soy consciente... Ahora no puedo hacer más que una función diaria. Mis hijos me recuerdan que debo ir poco a poco. Sé que hay gente que comenta que por qué no lo dejo, con lo mayor que soy y lo que he debido ganar en la vida. ¡Ésta es mi pasión! No solo es mi medio de vida, que también lo es. Yo en este momento renunciaría a todo, salvo a mi familia, para hacer bien Olivia y EugenioHacerlo bien significa vivirlo, sentirlo, emocionarme... Es mi pasión.
¿En qué le ha cambiado la enfermedad?
Me ha cambiado las prioridades. Yo soy más cigarra que hormiga, soy de las de «carpe diem»... Y me he dado cuenta de que eso es muy bonito para decirlo como frase, pero que hay que cuidar no solamente los bienes materiales para no terminar en la calle, sino que hay que cuidar la salud. No quiero más «carpe diem», quiero cuidarme un poco más. He renunciado a tantas cosas por ir deprisa y querer hacer tanto a la vez... No he descuidado, creo, a mi familia, pero sí he depositado mis prioridades en otros. Y ahora no... Tengo ganas de estrenar, de estar más tranquila, para disfrutar de esas pequeñas cosas de las que no he podido disfrutar. Hay una frase en la obra que todavía no puedo decir sin ponerme a llorar: «Nunca he tenido tiempo de hacer lo que me hubiera gustado hacer». Se para y continúa. «¿Y qué es lo que me hubiera gustado hacer?» Y yo me pregunto lo mismo. He hecho lo que quería: trabajo en la profesión que me gusta, siempre he tenido éxito, estoy muy considerada por el público y por mis compañeros de profesión... ¿Pero realmente era eso lo que quería hacer? No lo sé...
Con los ojos humedecidos, Concha aprieta la mano de su entrevistador. Suspira antes de seguir. «Cuando estrene la función y salga bien, porque el que hayan vuelto a confiar en mí después de todo lo que ha pasado me tiene un poco... tensa. Tengo un gran sentido de la responsabilidad; como estrictamente lo que me dicen, no tomo nada que me pueda perjudicar, y no me puedo permitir ponerme mala, acatarrarme, toser. Me han prohibido tomar ningún medicamento. Se me están rompiendo las uñas, y ahora sí que se me está cayendo el pelo, porque no puedo tomar ninguna pastilla hasta el día 29. Ni aspirinas. Creo que la preocupación la estoy llevando a un límite excesivo. Pero yo me automedicaba mucho, y eso se acabó.
La vida es un aprendizaje contínuo.
¿No cree que ya es un poquito tarde para aprender?
¿Y usted? ¿De verdad lo cree?
No. Nunca es tarde, esa es la verdad... Yo soy muy protagonista de la vida. Me encanta que me traten como una estrella, claro, pero quiero ser un poco menos protagonista para ayudarme a mí.
Siempre se ha confesado religiosa. ¿Ha sido la fe un refugio para usted?
Siempre ayuda, y con esto no quiero molestar a nadie... Para mí ha sido una ayuda fundamental. Pero no solo ahora; siempre. Yo tuve una educación estupenda por parte de mi madre: ella me inculcó la idea de Dios como consuelo. Yo entro en mi casa todos los días y me santiguo dando gracias a Dios por todo lo que tengo: mi casa, que no la he perdido; mis hijos, que me quieren; tengo trabajo. Doy gracias por eso. Habrá gente que piense que soy tonta; pues no lo soy. No lo soy. Me han educado en el respeto y yo respeto a todo el mundo, pero a mí me ha ayudado muchísimo; entraba en el quirófano rezando, y lo primero que hacía al despertarme era rezar. A mí me ayuda, y se lo recomiendo a los demás como consuelo. Hay gente que me reprocha que, con mis ideas socialistas, crea en Dios. Pero pido respeto. Cada uno es como es.
Y usted es optimista.
A veces. No tanto como a mí me gustaría. Lo que pasa es que mis vecinos, mis amigos, mis compañeros... Me ven como «la optimista por naturaleza». Es la imagen que yo doy. Pero me ha costado, creí que iba a reaccionar mejor, y me da rabia. Yo me he roto en el escenario un pie, un dedo, una mano. Aguanto el dolor... Pero cuando te dicen que tienes que vas a pasar por el quirófano y vamos a ver qué encontramos. Reaccioné muy mal... Pero estoy contagiándome del espíritu de la obra, que, insisto, es un canto de amor, de alegría y esperanza. Lo repito: tengo que ser ejemplo de alegría.