9/1/15

Juan Margallo: “El relato de la realidad se convierte fácilmente en algo absurdo”


Fuente: Javier Yuste (elcultural.es)

Los científicos opinan que la edad del universo ronda los 13.000 millones de años. La roca en la que vivimos, nuestro planeta azul, es bastante joven. La Tierra no llega a los 4.600 millones y la vida arranca hace ya unos 3.500 millones de años. Para hablar del primer ser humano hay que remontarse a los 2,5 millones de años. Parece justo decir que, en comparación, el tiempo que cada uno de nosotros pasamos aquí, entre el ruido y la furia, no pasa de ser un ratito (incluso un instante). De ese ratito, de sus casualidades, de sus penas, de sus alegrias, de su horror y de su maravilla nos habla el actor Juan Margallo (Cáceres, 1940) en ¡Chimpón! Panfleto Post Mortem que se estrena este viernes en el Teatro Valle-Inclán. La obra, que ha escrito el actor en compañía de su mujer, Petra Martínez, y que dirige su hija, Olga Margallo; es un gozoso caos que invita al espectador a aprovechar el momento.

¿Qué sensaciones tienen para el estreno de ¡Chimpón! Panfleto Post Mortem?
Las sensación es que no podemos pedir más. Estamos en un momento en el que hacemos exactamente lo que nos da la gana, en el sentido de que hablamos de lo que queremos... Es idílico porque además la obra la hemos escrito y la interpretamos Petra y yo y la dirige nuestra hijo Olga.

¿De que trata la obra?
Nace principalmente del miedo. Yo he tenido siempre una cierta aprehensión a la muerte, me molesta tener que desaparecer. Petra sin embargo no le tiene ningún miedo. Yo sufro por anticipado la perdida, el hecho de saber que no voy a volver a ver a la gente que quiero o las cosas que me gustan... Son como dos opiniones enfrentadas porque ella opina que, como no te darás cuenta, tampoco es para tanto. Pero a mí desde pequeño es un tema que siempre me ha tenido obsesionado. La muerte por tanto es el punto de partida para hablar también de las muchas tonterías que hacemos en la vida sin tener en cuenta que es un rato nada más.

¿Cómo se plasma todo esto en la obra?
Hay de todo, es una obra que no sigue una línea clara, salta de un lado a otro... Habla de política, de la familia, de los amores, de lo que nos gusta y de lo que no nos gusta tanto... Metemos cosas que son directamente absurdas pero hay otras que son reales pero que la gente creerá que pertenecen al teatro del absurdo porque la vida también es un poco así. Por ejemplo, el padre de Petra, que era republicano durante la Guerra Civil, se salvó de la muerte gracias a la mujer de un coronel de Franco que intercedió por él. Mi padre sin embargo era del bando de Franco. Lo iban a fusilar en el Cerro de los Ángeles y un mexicano de las Brigadas Internacionales lo salvó en el último momento. Si no fuera por él yo no habría existido y por eso siempre lo he considerado casi como un padre. Son dos casualidades que marcaron nuestras vidas y hablamos de ello en la obra.

Hay incluso un acercamiento a la Física Cuántica...
Sí. En un momento de la representación nos planteamos que quizás estamos muertos y no somos nosotros los que estamos en el escenario. Como el Centro Dramático había programado ya la obra pues han cogido a otros actores... Quizás todo es mentira.

¿La obra es como un juego que se le plantea al público?
Siempre nos ha gustado hacer teatro dentro del teatro. Es decir, hacer dudar al público de si lo que hacemos es realidad o es mentira, si estamos allí de verdad o son otros los que están haciendo de nosotros...

¿Es el teatro que más le motiva?
Sí, sin duda. Estamos en una edad en la que hay que ir pensando en la retirada y creo que lo que nos quede por hacer van a ser cosas que nos atañan de verdad, que nos interesan de la vida actual. Pero también queríamos que esta obra sirviera a la vida de las personas. Que les ayudara a vivir el momento siendo conscientes de que estamos de paso y esto es un rato.

La obra no escatima en buenas dosis de humor. ¿Cuál es la naturaleza de vuestra comedia?
Te lo explicaría a través de un comentario que hace mi hermana cuando nace un niño. Siempre dice: “Ha nacido un cadáver” [Risas]. Ese es el sentido del humor con el que empezamos y que hemos ido ensanchando. Siempre irónico aunque también está cargado de cosas políticas. El relato de la realidad se convierte fácilmente en un absurdo. Y la obra es un desmadre total.

Hay algunos elementos escenográficos sorprendentes...
Sí, hay un robot que sale y habla con nosotros e interactuamos. Aunque está programado él dice literalmente que hace “lo que le sale de los cojones” [Risas].

En Chimpón todo queda en familia... ¿Cómo es trabajar a las órdenes de su hija y en compañía de su mujer?
Petra y yo llevamos 50 años trabajando juntos. De vez en cuando, o bien porque hay un fallo o porque me me equivoco en una palabra, es capaz de parar la representación y decírmelo aunque el público no se haya dado cuenta. Por su parte, Olga es la persona más sensata del mundo y ha hecho un trabajo fantástico ordenando todo el material. Hemos hecho como 17 versiones del texto porque sus partes son intercambiables. Ella ha sabido darle una unidad a este batiburrillo de cosas.

¿Cómo ve la situación del teatro en la actualidad?
Hace unos 15 años tuvo lugar un enorme desarrollo de grupos de teatro y de salas, que se hicieron hasta en el pueblo más pequeño. Esto supuso un gran avance pero ahora los ayuntamientos se han quedado sin dinero por lo que estos locales, que son estupendos, se han quedado sin programación. Nosotros hemos tenido que dejar una obra de mi hija El otro gran teatro del mundo cuando teníamos como 50 funciones contratadas porque no pagan. Si a todo eso le sumas el 21 % es un momento malo.

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