29/1/15

Nuria Gallardo: "Si el espectador sale del teatro igual que ha entrado, eso es un fracaso"


Fuente: Julio Bravo (abc.es)
Nuria Gallardo no se planteó ser otra cosa que actriz. Hija de los actores Manuel Gallardo María Jesús Lara, debutó siendo una niña al lado de su madre en la serie de televisión «Cañas y barro»; en 1981 pisó por primera vez las tablas en la versión de «El pato salvaje», de Ibsen, al lado de José Bódalo, y dirigida por José Luis Alonso, y allí, en el teatro, se quedó. Estos días, va de un escenario a otro: en el Lara representa, los miércoles, la obra «Recortes», junto a Daniel Guzmán y bajo la dirección de Mariano Barroso, que alterna con la gira de «Donde hay agravios no hay celos», el montaje de la Compañía Nacional de Teatro Clásico de la obra de Rojas Zorrilla.
«Desde muy pequeña he vivido para trabajar y he trabajado para vivir -dice la actriz-. No hay cosa que más me guste que subirme a un escenario y hacer bien mi trabajo; lo que ocurre es que antes era más inconsciente a la hora de valorar un resultado, era como un niño cuando juega, y con los años te va creciendo la responsabilidad. Sigo disfrutando mucho, pero cada día me pongo más cardíaca al comenzar la función; y siempre pienso en qué cosas puedo mejorar al día siguiente... Son los años».
No se ha arrepentido en ningún momento de haber escogido ese camino. «Sí me he preguntado más de una vez qué sería de mi vida si no me llamaran más para trabajar, y me ha dado un miedo muy grande. Puedo hacer de secretaria, pero no lo soy; puedo hacer de médico, pero no tengo ni idea de medicina. Hace aproximadamente unos diez años, me planteé qué me hubiera gustado hacer si no hubiera sido actriz, y me puse a estudiar. Hice el acceso a la Universidad para mayores de 25 años, me puse a estudiar una carrera y ahora soy maestra en educación infantil. No puedo ejercer, porque no se puede compatibilizar, por falta de tiempo, con el teatro; pero soy voluntaria de Cruz Roja y trabajo con niños. Durante un par de años estuve dando clases y fui muy feliz; pero cuando volvió a sonar el teléfono para ofrecerme trabajo de nuevo en el teatro, no tuve ninguna duda».
«He aprendido -añade- que todo lo que te alimenta, lo hace para toda la vida. A la hora de preparar un papel, tengo ahora muchas cosas en cuenta que antes no conocía; por ejemplo, la psicología evolutiva me sirve para analizar las obras y los personajes». El trabajo previo de preparación de un montaje, todo ese proceso interno, es para la actriz «como un iceberg; el resutado final es únicamente la punta. Cuando más veamos, más grande es lo que lo sustenta».
Se confiesa impulsiva. «Me gusta aprovechar al máximo cada momento, que es irrepetible, y disfrutar de todo; soy muy infantil en ese sentido, no he aprendido a relativizar». Vivir el momento, dice Nuria, «tiene que ver con el teatro, donde no hay dos funciones iguales, la de un día es totalmente distinta a la del día siguiente». Más si, como es el caso, se alternan espectáculos tan diferentes como los que ella está representando». 
Uno de ellos es «Recortes», un espectáculo que incluye dos piezas: «Frágil», de David Creig, y «Reflectante», de Clara Brennan, adaptadas por Juan Cavestany, y dirigidas por Mariano BarrosoNuria Gallardo, que comparte cartel con Daniel Guzmán, encarna a Rosario, la madre de una joven discapacitada con necesidades especiales. «Cuando preparaba el personaje -cuenta-, vi en la televisión a Bertín Osborne hablando de su hijo con parálisis cerebral. Yo me quedé mirando esas imágenes, me acerqué mucho a la tele y me fijé en sus ojos; su cara era sonriente, pero en su mirada había tristeza, rabia, impotencia... Todo eso me empezó a alimentar para Rosario».
Nuria Gallardo ya estrenó el pasado año este papel, que considera «un regalo». «Quiero muchísimo a este personaje. Creo que es necesario vivirlo, tener esperanza y ser positivo en los momentos que estamos viviendo ahora, seguir luchando, es algo que tenemos que seguir oyendo. Hay que saber, estar despierto, opinar y estar activos como ciudadanos. Se nos tiene que oír». 

«Donde hay agravios no hay celos»

El otro montaje es «Donde hay agravios no hay celos», donde interpreta a la criada Beatriz: «Es una mujer sin ningún problema, que vive estupendamente, que se ríe de todo y disfruta de la vida, de su cuerpo y de todo lo que se le ponga por delante; nunca había hecho un personaje que no tuviera más conflicto que la vida. Es fantasiosa y alocada, muy positiva».
Compartir ambos personajes es algo que la hace muy feliz, porque son muy distintos entre sí y porque, sobre todo el segundo, es muy diferente a los otros personajes que le ha tocado interpretar hasta ahora. «Nunca habría pensado que iba a hacer un papel tan de comediacomo Beatriz. Cuando vi el estreno de esta función, en el que lo interpretaba Marta Poveda, pensé: "¡Qué valiente, cómo me gustaría hacer ese papel! Pero no creí que me llamaran, no es mi línea... A veces hay que tener cuidado con lo que se desea, porque se cumple».
Una de las virtudes del teatro es poder transmitir sentimientos y sensaciones muy diferentes. «El espectador, cuando entra en una sala de teatro, tiene salir modificado en algo: en su estado de ánimo, en su manera de pensar... Si sales de una película o una función igual que has entrado es un fracaso. Una de las cosas más bonitas que nos dicen después de "Agravios" es que nunca habían pensado en que los clásicos pudieran tan divertidos. Pues en la siguiente ocasión en que se anuncie un clásico, esas personas sentirán, al menos, curiosidad y no rechazo».

«Recortes»

En cuanto a «Recortes», «la gente va cada vez más a ver este tipo de funciones, un teatro que habla del ahora, de una realidad social que estamos viviendo ahora, y que no se quiere dejar traslucir. Y hay que tomar conciencia de las cosas. No es cuestión de política; el teatro no debe tener un partido político, debe ser universal. Pero hay cosas que se tienen que oír, como la cuestión de la ley de dependencia. Son cosas que a mí me afectan como persona, y que no se hable de ellas me da mucha rabia».