16/2/15

LIMBO




IDEA ORIGINAL: CLARA PEYA, ARIADNA PEYA y MÍRIAM ESCURRIOLA (L'ERA DE LES IMPUXIBLES)
TEXTO y CANCIONES: MARC ROSICH
A partir de escritos de MIGUEL MISSÉ y POL GALOFRÉ
DIRECCIÓN ESCÉNICA: MÍRIAM ESCURRIOLA
DIRECCIÓN MUSICAL: CLARA PEYA
INTÉRPRETES: MARIONA CASTILLO, TATIANA MONELLS, ARIADNA PEYA, CLARA PEYA
DURACIÓN: 1h 05min
PRODUCCIÓN: TEATRE GAUDI
TEATRE GAUDI

Me da igual que Berta se haya convertido en Albert, me importa la persona. Este es un discurso tan manido como cualquier otro, porque en el fondo siempre vemos antes que nada la forma. Y quizás, quien vea Limbo se dé cuenta lo poco que cuenta la nada para el todo.

Un aeropuerto, un pasaporte equivocado, un ser en tránsito. Inicio de porqués sin responder, inicio y final de no hace falta ser respondidos. Y quiero ser, y soy y cómo me ven los que me rodean, como soy o como quiero ser, y cómo quieren ellos que sea, y yo quiero ser como quiero o me dejaré influir por lo que ellos quieran. Soy más importante por lo que soy o por lo que otros quieran que sea. Porque ya se quien soy, ¿no?

Limbo es el tránsito hacia ese YO, una amalgama de pensamientos, de voces, en medio de un espectáculo multidisciplinar: dramaturgia, canciones, música de piano, audiovisual, danza. Y si esto fuera un crítica al uso diría que todo fluye, que todo tiene un porqué, que me he dejado llevar por un torrente emocional de canciones, que se me ha puesto la piel de gallina al escuchar el piano en directo tocado por Clara Peya, que los momentos de danza ayudan a potenciar lo que no se dice. Pero lejos de esto o aquello no ves partes, ahora toca cantar ahora toca bailar, ves un sólo grito de un ser que busca desligar cadenas y SER.

Un espectáculo íntimo a tres bandas, donde el público es un elemento importante. Un público diverso que no es activo ya que directamente no se le pide nada, pero tiene que respirar el espectáculo en directo y en mi sesión se consiguió, esa comunión bestial en la que por un momento todos somos Albert.

A veces nos perdemos para encontrarnos y Albert se encuentra pero se vuelve a perder y entra en una espiral de esas en las que uno tiene que salir solo. Pero no es solo Albert el que se pierde, si al salir de la sala no te has perdido un poquito, quizás debas volver a entrar para aprender a perderte. Encontrémonos, pues en el Teatre Gaudí antes del 1 de marzo, tengo ganas de volver a transitar mi reencuentro.