5/3/15

Los jóvenes seducidos por el radicalismo yihadista


Fuente: Patricia Tubella (elpais.com) | Foto: Mark Douet
“¿Cuándo has escuchado por última vez la palabra ´musulmán´ sin que estuviera asociada con la idea de fanático, extremista o radical?”, se lamenta uno de los protagonistas de Multitudes, obra recién estrenada en Londres que confronta la creciente percepción de la comunidad islámica del Reino Unido como un bloque homogéneo, amenazador y ajeno a cualquier matiz. Los conflictos internos de una familia de musulmanes británicos en torno a la religión y la cultura de origen, el sentido de pertenencia a la patria de adopción o los problemas de identidad entre los más jóvenes protagonizan el cartel del teatro Tricycle con el objetivo de indagar en los retos de una sociedad multicultural cada día más cuestionada.
El debut como dramaturgo del actor inglés John Hollingworth centra la historia en un concejal musulmán de Bradford que es invitado a pronunciar un discurso durante el congreso del Partido Conservador en esta ciudad del norte de Inglaterra, con fuerte presencia de inmigrantes de origen paquistaní. Kash es un liberal sin filiación partidista, cuya firme adhesión a la bandera de la Unión Jack se ve retada por la radicalización de su propia hija adolescente, nacida del rechazo a las intervenciones militares occidentales en Oriente Medio y la influencia de oscuros personajes que intentan reclutar a jóvenes musulmanes desorientados. Viudo desde hace años, tampoco acaba de comprender –aunque respeta- la decisión de su actual pareja, una inglesa cristiana, de convertirse al Islam. Él no se lo ha pedido, pero la sociedad que contempla ese gesto con abierto rechazo así lo cree.
Las funciones de Multitudes (hasta el 21 de marzo) coinciden en el tiempo con los titulares que nos hablan de musulmanes británicos enrolados en las filas de un islamismo enajenado y violento, como el “yihadista John”, un joven informático londinense transmutado en el papel de verdugo de los periodistas y cooperantes occidentales decapitados en Siria bajo los designios del Estado Islámico. Y de la islamofobia especialmente apuntalada a raíz del atentado en la sede de Charlie Hebdo en París y contra un centro cultural de Copenhague que albergaba el inapelable derecho a la libertad de expresión, incluso cuando se trata de caricaturizar a Mahoma.
La obra, sin embargo, empezó a gestarse hace ya cuatro años como fruto de la experiencia de Hollingworth en esa localidad de Bradford en la que se crió y que encarna un encuentro o una colisión, según las diferentes percepciones, entre tradiciones culturales y religiosas diversas. En el transcurso de sus entrevistas con miembros de la comunidad musulmana de esta y otras ciudades inglesas, el autor encontró especiales reservas a la hora de contactar con mujeres británicas que habían decidido convertirse al Islam y que, en su grueso, se sienten estigmatizadas. Quizá por eso, el personaje de Natalie en Multitudes, una educadora social apartada de su trabajo cuando decide abrazar el Islam, aparece desdibujado en cuanto a los motivos que le conducen a dar ese paso. Pero la obra deja claro que quienes toman ese camino serán automáticamente objeto de la sospecha y de la incomprensión social.
Más perfilada aparece la figura de su madre, Lyn, una mujer cuyo concepto de lo que significa “ser británico” aniquila cualquier idea de la diversidad. Miembro del ala de los tories cuyos postulados hermanan con los del emergente Ukip, un partido antiinmigración rayano en lo racista, deniega a Kash el derecho a vindicarse como un ciudadano más del Reino Unido, sólo por el hecho de ser musulmán y a pesar de su perfecta integración en un país en el que arribó desde Pakistán cuando sólo contaba un año. “Tú no puedes ser un británico”, le espeta en paradójica coincidencia con la hija de Kash, una chica que siempre se sintió una apátrida hasta acabar seducida por los postulados del califato de Siria.
De cómo una adolescente de medio acomodado y con un futuro por delante, pero descolocada al vivir a caballo entre dos culturas, acaba comprometida con el radicalismo extremo forma parte del desenlace de la obra. Un epílogo que tiene su parangón en el reciente episodio de la vida real de tres adolescentes musulmanas huidas de sus hogares de Londres para engrosar las filas del EI en Siria, ante la incomprensión de sus familias. La misma que siente Kash en la obra, involuntariamente forzado por primera vez a elegir entre la adhesión a sus orígenes o a la sociedad en las que sus padres eligieron vivir y donde él creía haber encontrado su lugar. La suya es una de las múltiples voces que, especialmente ahora, claman sobre las tablas de un teatro contra un único estereotipo de la comunidad musulmana.

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