30/6/15

MATA EL TEU ALUMNE


DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: CARLES MALLOL
INTÉRPRETES: PEPO BLASCO, MARIA PAU PIGEM y QUIM ÀVILA
DURACIÓN: 70min
FOTO: ROSER BLANCH
PRODUCCIÓN: FLYHARD PRODUCCIONS SL
SALA FLYHARD

En los últimos meses la violencia en las aulas ha ocupado las portadas de numerosos medios. Pero siempre desde el punto de vista del alumno que por una situación u otra coge un arma y ataca a un profesor/alumnos. Lo que no es muy común es que sea el profesor quien ataque al alumno. Eso es lo que plantea Mata el teu alumne. Siguiendo las directrices de una novela bestseller de ficción, un profesor de literatura mata a raquetazos a un alumno. Las causas desconocidas, los protagonistas la familia que intenta esclarecer el porqué y el autor del libro que sufre remordimientos por haberlo escrito.

El punto de partida resulta interesante como una vuelta de tuerca de la situación poco común. Como público te vas preguntando, aquello que la familia del atacante también se va cuestionando. Pero la dramaturgia avanza y las preguntas siguen siendo las mismas, y no recibimos contestación. La acción gira entorno a sí misma durante 70 minutos como una pescadilla que se muerde la cola. No hay más que un planteamiento, me falta llegar a algún lado, que algo tenga sentido. Me sobran todas las repeticiones innecesarias. En definitiva, un buena idea que se pierde al intentar desarrollarla.

Los intérpretes imprimen ese punto de thriller a la historia, pero pecan de no haber sido capaces de adaptar la entonación a la pequeña sala de Sants. ¿Hace falta gritar tanto cuando tienes los espectadores a tocar? No estamos sordos, pero a este paso nos quedaremos, Mata el teu alumne, no es el único ejemplo de este gusto por gritar en los espacios pequeños. La mejor de los tres, Maria Pau Pigem, sus gestos y caras para enfrentarse a la situación de terror, desesperación e incredulidad provocan un especie de "miedo" e inquietud, que a pesar de que el texto la va diluyendo, sus ojos te siguen acompañando.

Al abandonar la sala me doy cuenta de que a veces no hay culpables, que el juego iba de otra cosa, y que quizás tanto giro sin meta alguna venía a decir lo vacíos que estamos por dentro que un día al ver una raqueta podamos utilizarla como arma. De todas maneras, las pelotas del partido no me han llegado a tocar. Setenta minutos tendrían que dar para mucho más que una pérdida del match point.