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15/10/16

EL CORATGE DE MATAR



TEXTO: LARS NORÉN
TRADUCIÓN: JOAN CASAS y CAROLINA MORENO
DIRECCIÓN: MAGDA PUYO
INTÉRPRETES: NAO ALBET, MANEL BARCELÓ y MARIA RODRÍGUEZ
DURACIÓN: 1h 40min
FOTOGRAFIA: MAY ZIRCUS
PRODUCCIÓN: TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA y VELVET EVENTS
SALA PETITA (TNC)

Hay novelas que dejas a la mitad porque parecen pescadillas que se muerden la cola de la cantidad de veces que repiten la misma historia. Algo parecido le pasa a El coratge de matar, el 80% de la obra es un giro sobre el mismo eje que no nos lleva a ninguna parte, más allá del inicio de un más que notable aburrimiento. Y siento la expresión, no hay nada peor que aburrirse en una platea, al menos para mí. 

Al dramaturgo sueco Lars Norén le descubrí hace unas temporadas en el Versus Teatre, donde una jovencísima compañía representaba Kyla, un texto sobre la immigración, la juventud y la violencia que ponía los pelos de punta. Angustía, sensación de ahogo es lo que buscava en esta nueva obra del autor sueco, pero nada parecido es lo que encontré. 

El coratge de matar habla de las relaciones familiares, más concretamente las de un padre y su hijo. El padre, un sensacional Manel Barceló, que se ha quedado víudo, al que la pensión no le llega para vivir y que se intenta refugiar en un inexistente cariño por su hijo. A medio camino entre el victimismo llevado al extremo y una desesperació real, intenta en vano recuperar la relación con un hijo que no quiere saber nada de él. El hijo, Nao Albet correcto pero que no llega a estar a la altura del más que brillante Barceló, repite hasta la saciedad que los esfuerzos de su padre siempre serán en vano, no tiene ninguna intención ni necesidad de recuperar la unión paternofilial. Y aunque el combate de los dos es uno de los mejores y logrados momentos del montaje, después de más de una hora de repeticiones de los mismos argumentos, necesitamos algo más para no caer en un más que probable sopor.

La aparición de Radka, Maria Rodríguez, la abnegada pareja del hijo parece por unos minutos conseguir un break en la repetición dramatúrgica. Pero Lars Norén ha dibujado un personaje excesivamente plano, al que le falta voluntad para ser algo más que una simple estatua móvil, como las si las que pueblan la escenografía fueran pocas. Ni siquiera las escenas a solas entre el padre y Radka levantan un montaje que ya está herido de muerte.

Lo mejor sin duda, es la escenografía de Pep Duran, un enorme estudio de artista donde vive el hijo, lleno de estatuas, cuadros... Y la iluminación de Maria Domènech (aii) que le hace brillar. Pese a todo, a lo que no me ha acabado de convencer, es de agradecer que en el teatro público por excelencia dé voz y lugar a los nuevos dramaturgos internacionales. Esperemos que Lorén sea la primera piedra que haga perder el miedo a representar obras de la dramaturgia contemporánea norte-europea. Adelante.

LES DONES SÀVIES



UN ESPECTÁCULO DE RICARD FERRÉ y ENRIC CAMBRAY
DRAMATURGIA: LLUÍS HANSEN
ASESORIA ESCÉNICA: CLARA SEGURA/ JÚLIA BARCELÓ
AYUDANTE DE DIRECCIÓN: JÚLIA BONJOCH
DURACIÓN: 70min
FOTOGRAFÍA: MAY ZIRCUS
EL MALDÀ

Se veía venir, estaba cantado que este espectáculo sería un éxito, lo gritaba a los cuatro vientos el cartel promocional y así ha sido. Entradas a punto de agotarse y aplausos y vítores para dar y tomar. Y es que Enric Cambray y Ricard Farré sacan oro líquido de cualquier texto y han construido unas "dones sàvies" a su imagen y semejanza. Personajes que huyen del estereotipo y se nos vuelven cercanos al mismo tiempo que cómicamente tan perversos que es imposible que no salte la risotada a la mínima.

Entretener enseñando, que más allá del clásico, recortado, se puede construir una magnífica versión libre que convence hasta al más rígido purista. No hay versos, thank god!, pero el uso y el juego de un más que correcto catalán suple la falta de coordinación lingüísticamente hablando. Y es el mismo lenguaje es el que nos regala sin duda los mejores momentos del montaje, ese Pompeu i Fabre, esas tertulias comandadas por el tan reconocible señor Cunill, ríete tú del debate de los diacrítics. Nunca la gramática estuvo tan en boca de todos.

Tanto Cambray como Farré dominan a la perfección el arte de hacernos reír sin parar. Una dramaturgia que sumada a un ritmo vertiginoso de cambios impossibles de personajes, provocan que aunque el continúo salto de escena en escena, no te puedes desenganchar de la risa, perenne en las bocas de los espectadores, que vitorean sin parar los excesos que se muestran en el escenario.

Escenografía donde, en un principio, se esconde más de lo que se muestra, pero que una vez que se despliega del todo, la bomba teatral ya ha explotado y el público se aúna con el espectáculo y se producen los momentos más hilarantes de los sesenta minutos de duración, escasos porque nos hubiéramos quedado horas. Tanto el espacio escénico de Enric Romaní, como el vestuario de Marc Udina sirven para "un roto y un descosío".

Si Pompeu levantara la cabeza estaría maravillado y se uniría a la fiesta. Nunca Les dones sàvies enseñaron tanto en tan poco. Sin duda, ya es uno de los espectáculos de temporada. Para quitarse el sombrero. Quina delícia! Bravo. 

KILÒMETRES



IDEA ORIGINAL: MERITXELL YANES y MARILIA SAMPER
DIRECCIÓN y DRAMATURGIA: MARILIA SAMPER
INTÉRPRETES: MERITXELL YANES
DURACIÓN: 70min
FOTOGRAFÍA: MARCEL ASSO y BERNAT CASERO
PRODUCCIÓN: MERIYANES PRODUCCIONS
SALA BECKETT

Con el corazón en un puño y los pelos de punta es el resultado de cuando un espectáculo te toca más allá de la piel, se te mete dentro y ahí sigue porque no, después de una semana, aún no ha salido. Recuerdos de dos familias que seguro que a más de uno le puede traer a la memoria la suya, que con distinto nombre pudo pasar o está pasando por lo mismo. Universalidad compartida en un montaje donde la intimidad se ve, se toca, se siente.

Ficción desde la realidad de la propia familia de Meritxell Yanes, la de nacimiento y la política. Los últimos recuerdos de su abuela han inspirado un montaje precioso. Sí, hay más obras que se inspiran en recuerdos familiares, con la Guerra Civil entremedio, ¿y qué le hace especial? Quizás al ser contada en primera persona, la historia resulta más cercana, la empatía es total, es como si dejaras de estar en una sala de teatro y el espacio-tiempo cambiará por completo, la immersión de la historia es tan enorme que es la Historia lo que importa, esta Historia.

En una historia tan personal resulta difícil valorar la interpretación de Meritxell Yanes, ya que lejos de interpretar un personaje, no hay caretas, sino una "invasión" del espectador en la intimidad de la actriz. Todo el montaje se basa en una potente dramaturgia que reconstruye los recuerdos y los dota de un ritmo y del tempo adecuado para que en la infinidad de personajes no resulte una avalancha para nuestros oídos. 

Reglón aparte necesita la puesta en escena, de Judith Torres, con un espacio escénico que a simple vista puede parecer excesivamente minimalista pero que poco a poco va desplegando una fuerza, que sumado al relato te atrapa, y sin duda le confiere una fuerza y una magia escénica que pone los pelos de punta, incluso al ser humano más insensible. 

Dos últimas funciones este fin de semana en la sala pequeña de la nueva Sala Beckett. Pero el viaje de sentimientos no puede acabar aquí, todavía les quedan muchos Kilòmetres que caminar y vivir. Gràcies.