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18/12/16

NEW YORK CITY. PART TWO

Hay experiencias que merecen un reglón a parte y la que os intentaré narrar es una de ellas. No he visto nada similar en mi vida. Nunca. 

SLEEP NO MORE. Site Specific. http://sleepnomorenyc.com Viernes 9 de diciembre de 2016

A pesar de mis recelos al ver el trailer no me podía ni imaginar lo que me esperaba. Si tenéis pensado visitar Nueva York es un imprescindible y dejar de leer, es mucho mejor ir a tientas.

He sido público de algunos Site Specific en mi vida, pero nada comparable a esto. Lo que ellos llaman hotel, que es más bien una discoteca en un edificio de cuatro plantas, al menos las que te dejan recorrer. Sin abrigo y sin bolso, y con el móvil apagado te dan una máscara, requisito llevarla puesta durante las tres horas que dura la experiencia. Las 500-1000 personas que calculo que entran por función se convierten en seres anónimos e iguales. 

A partir de ahí eres libre de moverte, subir bajar, seguir a un personaje. Tú decides cómo quieres vivir la experiencia. Escasa iluminación en un ambiente lúgubre, una música repetitiva y penetrante te va acompañando en cada habitación. Según la sinopsis una mezcla entre Macbeth de Shakespeare y Rebecca de Hitchock, pero que poco importa si conoces de qué puede ir la historia porque al vivirla tan fragmentada y desordenada puede ser eso o algo completamente diferente. 

No hay diálogo, prohibido hablar entre el público y los personajes sólo hacen uso del movimiento, a veces con acciones repetitivas, otras es la danza la protagonista de su escena. La puesta en escena es impresionante, sólo de pensarlo aún hoy se me pone la piel de gallina, de lo que presenciaron mis ojos, cada una de las habitaciones estaba decorada hasta el más mínimo detalle, tuviera o no tuviera personaje. Al contar con una iluminación "pitch dark" cada vez que entras en una habitación, a veces lo de menos es lo que tus ojos puedan ver, sino lo que sientes, tus pies tocan el suelo, pero ha dejado de ser cemento, para ser tierra, para ser ramas, para ser...

No soy capaz, ni aún hoy, de describir el cúmulo de sensaciones que tuve en las tres horas, en las que literalmente no paré de recorrer las estancias. No sé si el secreto es ir siguiendo personajes para servir de nexo entre las diferentes y desordenadas escenas, quizás si en vez de campar a mis anchas durante algún tiempo lo hubiera hecho así, no me hubiera perdido la escena más gore de la trama. Sí que reconozco que el calor, el cansancio se apoderaron de mi (también es cierto que llevaba todo el día pateando Nueva York) y ví alguna escena por partida doble, al final pierdes la conciencia si has visto y entrado en todas las habitaciones posibles de las cuatro plantas. Simplemente deambulas buscando un nuevo personaje a quién seguir (y a ser posible que venga con sofá incorporado, a última hora de la noche, el espectáculo comienza a las 23h y termina a la 1h).

La última escena es conjunta, todo el público se "vuelve a ver las caras". A la salida, previo trago necesario de tap water, resulta de lo más interesante intercambiar opiniones. Y aunque el título advierta de que quizás esa noche no consigas dormir, yo cerré los ojos, de vuelta en Brooklyn, con una sonrisa de oreja a oreja. No tengo palabras. Increíblemente impresionante. OMG!

NEW YORK CITY. PART ONE.


Tranquilos que no lo voy a escribir en inglés, confieso que no sé si sería capaz.

THE LION KING. Domingo 4 de diciembre de 2016.

La primera vez que vi un musical en Londres, hace 4 años, yo que no soy demasiado dada a los musicales, dije que me costaría ver un musical patrio. Después de ver El Rey León en Broadway lo confirmo. Es imposible ver algo así ni en Madrid ni en Barcelona, primero porque no tenemos teatros habilitados para tal ingeniería y segundo no podemos pagar 150€ por una entrada y abarrotar el teatro función detrás de función. Los actores quizás sea la parte más fácil de copiar. 

Musical familiar con una puesta en escena apabullante en todos los sentidos, desde la escenografía, que sale, entra, se esconde, hasta un vestuario que te deja boquiabierto. Pero quizás lo que más me llamó la atención es el uso, en el fondo y en la forma de los títeres. Cómo desde el minuto uno dejas de ver al humano que los mueve y empiezas a ver el animal. Impresionante.

Ni que decir tiene que la música, las canciones que ya conocemos firmadas por Elton John y unas voces espectaculares te dejan sin aliento. Ya sea el mítico Hakuna Matata, que obviamente te sabes en castellano, por la malección establecida en España de traducirlo todo, pero que en inglés combina mejor.

Sin entender nada de inglés, como le pasó algún miembro de mi família, sólo por ver lo que se llega a desplegar en el escenario, es dinero bien invertido. Tendrá que pasar mucho tiempo hasta que vea algo similar. 

THE WOLVES. Texto: Sarah Delappe's. Dirección: Lila Neugebauer. Intérpretes: Kate Arrington, Brenda Coates, Jenna Dioguardi, Samia Finnerty, Midori Francis, Lizzy Jutila, Sarah Mezzanotte, Tedra Millan, Lauren Patten y Susannah Perkins. Duración: 90min. Foto: The New York Times. The Duke on 42nd Street. (Lunes 5 de diciembre de 2016)

Hecho inaudito, obra escrita por una mujer, dirigida por una mujer, protagonizada por mujeres y que habla de lo que le pasa al género femenino. Y sí, había hombres en el público. No era una secta. Juventud, una obra de juventud, con caras muy jóvenes, actrices que en algunos casos no parecen haber llegado ni a la mayoría de edad. 

Un equipo de fútbol europeo, el soccer allá es muy de chicas, se reúne para entrenar y durante los entrenamientos vamos conociendo las personalidades de sus protagonistas, sus miedos, sus anhelos, sus deseos, lo que en algunos casos simplemente parece un cúmulo de hormonas y otras un desarrollo de pequeñas historias con una intensidad sin límites. 

The Wolves más que tener un argumento de presentación, desarrollo y desenlace es un ejercicio de estilo que desarrolla el lenguaje, una verborrea que no cesa, a veces varias conversaciones a la vez, en una sala de pequeñas dimensiones, poco más de cien espectadores por función, un Off Broadway, que ha convencido al público y a la crítica. 

The Wolves es una bomba preparada para estallar, un buen ejercicio, lleno de ritmo que mantiene al espectador expectante y que guarda una sorpresa final. La manera como la dramaturgia te va llevando a su terreno, poco a poco sin revelarte casi nada es excepcional. He visto pocas obras que sin explicarte casi nada te mantengan en vilo de esta manera. Eso sí, si no dominas el inglés, te perderás buena parte del hilo. La atención a la acción es casi tan importante que te olvidas que estás en una sala. Eres tu, ellas y el impulso natural de querer saber de qué están hablando. 


THE NUTCRACKER. 2017 Winter Season New York City Ballet. Lincoln Center. Martes, 6 de diciembre de 2016

Actividad familiar que se salta mi poca disposición a las puntas. Me gusta la danza contemporánea pero no el ballet, y aunque la experiencia fue más que satisfactoria, la danza clásica me sigue sin gustar. Sólo recuerdo haber visto El Cascanueces una vez, y he de decir que no recordaba toda la parte teatral, gracias a esta gran carga interpretativa, superé con éxito no quedarme dormida (dicho sea de paso los días como turista en Nueva York son agotadores).

Pero aunque no me hubiera gustado la representación, el mero hecho de entrar en uno de los teatros del Lincoln Center, David H. Koch (la profesión tira) ya valió la pena la experiencia. Impresionante auditorio, donde la tecnología moderna se atisba a primera vista, pero que en esta ocasión lo moderno no está reñido con la belleza. 

Impresionante también el conjunto de la New York City Ballet Orchestra acompañada del New York Ballet. El despliegue de medios a nivel de escenografía, vestuario, iluminación es absolutamente majestuoso, incomparable con nada que hayan visto mis ojos hasta el momento, y dudo mucho que vuelvan a ver algo similar. Quizás no sea mucho de puntas, pero hay experiencias que vale más vivirlas.

LA FORTUNA DE SÍLVIA



TEXTO: JOSEP MARIA DE SAGARRA
DRAMATURGIA y DIRECCIÓN: JORDI PRAT i COLL
INTÉRPRETES: LAURA CONEJERO, ANNA ALARCÓN, MUNTSA ALCAÑIZ, ALBERT BARÓ, BERTA GIRAUT y PEP MUNNÉ
DURACIÓN: 1h 35min
FOTO: DAVID RUANO
PRODUCCIÓN: TEATRE NACIONAL DE CATALUNYA y TEATRES EN XARXA
SALA PETITA (TNC)

No puedo negar que era el montaje que más ganas tenía que se estrenase antes de marchar a Nueva York, pero los malos augurios se cumplieron, y aunque no quise oírlos, una vez sentada en la butaca del TNC vinieron a buscarme en masa. Durante el verano leí un par de veces la obra original, que por una vez dista bastante de la representada. El menos Sagarra de sus Sagarra, según dicen, un gusto de lectura.

La ansiada vuelta de la Laura Conejero al TNC, cabeza de cartel, un personaje que parece hecho a su medida, pero que la dirección entorpece que salga de la sala queriendo volver a entrar. Jordi Prat i Coll ha decidido eliminar toda la carga cómica del personaje de Emilia (Muntsa Alcañiz), su magnífica intervención en el primer acto, donde la socarronería se alterna con las formas y el saber estar ha desaparecido, sólo se atisba en la intervención final. Las buenas maneras y la pulcritud ha ganado peso y lo que hubiera sido una conversación natural se convierte en una impostura difícil de sostener.

Precisamente es la falta de naturalidad la que mejor describe todo el montaje, desde la primera interpretación del jovencísimo Albert Baró que parece salido de la escuela madrileña de finales de los sesenta, un excesivo Pep Munné, que el montaje ha recuperado para el teatro catalán y que no baja del histrionismo en ningún momento. Quizás rescatar la escena entre madre e hija, Sílvia i Diana, Laura Conejero y Anna Alarcón, que ocupa buena parte del segundo acto, pero incluso allá, se echa de menos la media sonrisa con la que leía las réplicas este verano. 

La limpieza ha hecho demasiado daño y el ritmo se resiente. Ni las proyecciones de Alfonso Ferro que sirven para contextualizar la obra, ni el homenaje a Mondrain donde se representan consiguen remontar la obra. Brillante, magnífico y mucho me temo que La Fortuna de Sílvia será recordada por su vestuario, Míriam Compte, ha hecho que esperemos con deleite cada cambio de vestuario de las actrices. Bibiana Puigdefàbregas firma una escenografía que deja ciego al público, dependiendo de donde hayas escogido sentarte podrás ver más o menos la función, yo estuve más de media hora observando la espalda de sus protagonistas. Por desgracia la pasarela central no es nada afortunada.

El público ha ido de cara a buscar fortuna y el resultado es que tenga todas las entradas agotadas casi antes de estrenarse, yo prefiero seguir leyendo. A ver qué pasa.

UN OBÚS AL COR



TEXTO: WAJDI MOUAWAD
TRADUCCIÓN: RAMON VILA
DIRECCIÓN: ORIOL BROGGI y FERRAN UTZET
INTÉRPRETE: ERNEST VILLEGAS
DURACIÓN: 80min
FOTO: DAVID RUANO / LARA ALONSO
PRODUCCIÓN: LA PERLA 29
BIBLIOTECA DE CATALUNYA

Volvemos a buscar la gallina de los huevos de oro, Wajdi Mouawad, autor de Incendis, que nos da tanto como nos quita. Hace un tiempo que me repito, al salir de ver sus obras, que no volveré a entrar en una función que lleve su nombre, pero sigo incumpliendo la promesa. Atraída por no sé bien qué, vuelvo a sumergirme en su poesía, esta vez poco condensada. Y no sé si la atmósfera cálida de la Biblioteca o que el discurso ya me suena que no consigo empatizar con lo que se me cuenta.

Volvemos a los temas recurrentes del autor: la muerte, su madre, el dolor, la guerra, una extremada misoginia contra las muejeres... esta vez en formato monólogo, un género extremadamente complicado de dirigir y de interpretar. A Ernest Villegas le falta intensidad, garra, no sé si es culpa de la interpretación o de la dirección pero echo a faltar una serie de recursos que me permitan ver el recorrido del personaje, que por el texto me lo puedo imaginar, pero que hubiese sido conveniente mostrar en escena.

Como ya he afirmado en varias ocasiones, la Biblioteca de Catalunya es un lugar mágico, que no necesita más que de ciertos toques en la iluminación de sus espectáculos para hacerlos espectaculares. En este caso la iluminación firmada por Quim Blancafort, salvo en algun caso, no consigue aproximar la magia, y a veces las sombras entorpecen más que ayudan. 

Un obús al cor no ha conseguido que me remueva en la butaca, más allá de la incomodidad habitual de las sillas de la Biblioteca. Pero, he visto nevar y quizás por ese simple hecho recuerde el montaje. ¿Seré capaz de cumplir la promesa con el próximo Mouawad?