19/6/17

MAFIA




IDEA ORIGINAL: BÀRBARA MESTANZA
DRAMATURGIA: PAULA MALIA, BÀRBARA MESTANZA y PAULA RIBÓ
DIRECCIÓ: BÀRBARA MESTANZA y PAULA RIBÓ
INTÉRPRETES: PAULA MALIA, BÀRBARA MESTANZA, JÚLIA MOLINS y PAULA RIBÓ
DURACIÓN: 80min
FOTO: LLUÍS TUDELA
PRODUCCIÓN: NAU IVANOW, SALA ATRIUM y THE MAMZELLES TEATRE
SALA ATRIUM

Si la temporada pasada ya cautivaron al público con la tranmutación de roles en F.A.M.Y.L.I.A, este año han ganado la Beca Desperta con Mafia. Aquí la familia es el tema principal del argumento. Nos encontramos en algún lugar de la Calabria de los años 80, el día anterior a la boda de la hija pequeña de Salvatore Maritzzo, uno de los hombres más poderosos de la ciudad. Una cocina, tres de las cuatro hermanas preparan el ápat del convite. De repente, la notícia el padre ha muerto. Y a partir de ahí a un ritmo vertiginoso se desarrolla toda la trama.

Una dramaturgia que gira entorno a la figura de la muerte del padre y de lo que éste ha representado en las vidas de las cuatro protagonistas. Toda una revolución y rebelión de los modelos establecidos en el sistema patriarcal. Deliciosos los quince primeros minutos en los que el público, sobre todo los que no entiendan italiano se vuelve loco entre leer subtítulos y no perderse nada de lo que sucede en escena. A pesar de ese despite inicial, realmente es una delicatessen, entiendas algo o nada, un ejercicio de como llevar a escena una acción lejana, en un idioma diferente al propio, con un ritmo frenético y lo más importante parece que no hay actuación, sublime el haber conseguido que parezca todo tan natural, sin artificio. 

Una vez producido el cambio de idioma, al catalán, al artificio se le ven las costuras, y hay un claro intento de sobreactuación, llevado hasta un límite peligroso en el que a veces te gustaría recuperar los primeros instantes. Mafia es una comedia negra, negrísima, gore, muy gore. De aquellas que te dejan el estómago hecho trizas, y en la que en algún momento maldeciste la decisión de haberte sentado en aquella sala. Además, las dimensiones de la Sala Atrium acentúan la sensación de tenebrismo de la pieza.

La cocina, el italiano, los gestos, los movimientos de sus protagonistas y un ambiente lumínico y sonoro, de Ruben Homar, consiguen que olvides estar en una sala de teatro, te trasladas a esa cocina, a la mismísima Italia y te dejas llevar, por muy negra que se vuelva la tarde siempre habrá una salida que te devuelva a la cruda realidad, que a veces no es más idílica de la que acaba de pasar por tus ojos.

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