19/7/17

ONES



DRAMATURGIA: CREACIÓN COLECTIVA DE ONA BENEÏT, JOAN TOMÀS MÁRTINEZ y JOAN FULLANA
DIRECCIÓN: JOAN FULLANA
INTERPRETACIÓN: ONA BENEÏT
DURACIÓN: 50min
FOTO: ONES
PRODUCCIÓN: COL·LECTIU ONES con la ayuda de ILLENC
MERCAT DE LES FLORS (PB, GREC 2017)

Nada más entrar en la sala nos encontramos a la protagonista jugando a unos de esos juegos tan adictivos de juntar joyas o alguna cosa similar. Nos pide una partida más, y es que esto va de redes, de aplicaciones, de estar todo el día mirando para una pantalla como si nos tuviera absorbidos el cerebro, bueno quizás ya hace tiempo que nos lo absorbió.

Ones es un espectáculo con un objetivo claro, atraer a ese público joven que pasa sus horas muertas delante de la pantalla, pero intentando hacerle pensar en algo más, que detrás de cada nick de las una y mil aplicaciones que manejamos cada día: Facebook, Whatsapp, Tinder, Instagram… hay una persona, un ser humano que piensa, actúa, que tiene sentimientos y miedos. 

En este monólogo, la propia Ona se va preguntando si la tecnología lo ha invadido todo para siempre, si el ser humano ha dejado de mirarse a la cara, a hablarse, a compartir ratos juntos sin estar conectados mediante una pantalla de móvil. En definitiva si el ser humano está destinado a desaparecer. Al mismo tiempo se nos enseña la impaciencia en la que vivimos y lo que estas aplicaciones han conseguido, no sólo que estemos pendientes constantemente del aparato, sino que sólo nos interesa lo más inmediato y no vamos más allá.

El discurso que se desprende del montaje es de sobras conocido, lo hemos sentido antes. Con todo y eso, Ona intenta rellenarlo con anécdotas propias, su miedo a morir y su deseo de convertirse en ‘amortal’, una persona que sólo pueda morir por accidente y no por enfermedad. Un toque científico fuera de las Ones, o una conexión más profunda de la que una aplicación nos puede ofrecer.

Al hablarnos de un tema tan conocido, a Ones le falta ritmo. A pesar de que su duración es menos de una hora, el montaje cae en la repetición y el ritmo se vuelve lento y no acaba de conectar con un público que ya ha superado la adolescencia. Eso sí, cabe destacar la facilidad expresiva Ona Beneït que le da al monólogo un tono de naturalidad desde el principio. Quizás, simplemente habiendo pulido un poco el ritmo dramatúrgico, el público no caería en un dejà vu, de esto ya me suena.

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